
Ángel Cristóbal / Fotos: Lenín Castillo /Prensa AN
Soto Rojas calificó de muy agradable e importante para el proceso de intercambios entre ambos países, sociedades y revoluciones esta reunión; en la cual hubo un intercambio de opiniones, de experiencias, y de propuestas a futuro.
En sus declaraciones conclusivas del encuentro, Remigio Ferro apreció en primer lugar la presencia de los medios para poder manifestar públicamente su satisfacción y la gratitud de los miembros de su delegación, por la invitación del Tribunal Supremo de Justicia de la República Bolivariana de Venezuela; gesto que les permitió sostener este segundo encuentro de intercambio, de experiencias y de trabajo entre la institución venezolana y el Consejo de Gobierno cubano, como se denomina también el sistema judicial de la República de Cuba.
“Este intercambio fortalece nuestros arsenales de ideas, de prácticas y objetivos de nuestra misión, en el marco del servicio a la sociedad. Son tareas de trascendencia en cuanto a los deberes judiciales que nos corresponden, y en donde coincidimos ambos países para lograr una justicia y una tutela jurídica más efectiva”, dijo Ferro, quien tuvo también palabras de agradecimiento por la acogida calurosa del presidente Fernando Soto Rojas y otros miembros de su directiva: “Es realmente un honor visitar este bello histórico palacio”, afirmó.
Con relación a la reunión, el presidente del Tribunal Supremo Popular sostuvo que en la misma se ha puso de manifiesto la comunidad, en cuanto a los propósitos estratégicos de lo que constituye el cumplimiento de esas misiones, y cómo se evidenciaron también algunas dificultades por lo diferentes contextos de ambos países, y los empeños para hacer un cumplimiento efectivo de esa labor. “Hemos venido a aprender, y lo estamos haciendo, de nuestros hermanos venezolanos, así como presentamos algunos avances que hemos tenido en la aplicación de justicia en nuestro país”, aseguró.
Según palabras del alto funcionario, los cubanos y cubanas, como ocurre a todo latinoamericano, cuando visitan Venezuela y llegan a Caracas, lo hacen con ese sentimiento inefable de quien está acudiendo a sus raíces, habida cuenta de que el más encumbrado de los venezolanos, Simón Bolívar, fue padre nutricio del más universal de los cubanos, José Martí.
Y culminó su intervención refiriéndose a la génesis de las cartas magnas de Cuba y Venezuela: “La Constitución cubana de 1976 fue aprobada en referendo popular, por 96,7% de los electores cubanos. Un proceso similar que ha tenido desde su gesta, desde su concepción la Constitución venezolana. Ambas constituciones coinciden en ser producto de la voluntad mayoritaria determinante de la población; coinciden en su origen, en la manera cómo se concibieron sus principios, los enunciados y los postulados que contienen”.
“En el caso de la Constitución bolivariana –dijo-, la consideramos de vanguardia, con enunciados muy bien estructurados en su objetivo de construir una sociedad que conviva con mayor armonía, que tenga en su centro al ser humano y la felicidad plena del hombre y la mujer, como lo decía también nuestro José Martí. Creo que de eso se trata: lograr que la letra se vuelva carne y sangre de la cotidianidad de nuestras sociedades, de sus instituciones y del país en su conjunto. Por eso se habla de un nuevo constitucionalismo que se inaugura con la nueva Constitución nacional de Venezuela”, sentenció.