Asesinato del líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Guillermo León Sáenz «Alfonso Cano», en un falso enfrentamiento con el Ejército colombiano en el departamento del Cauca (suroccidente) en el que también resultaron abatidos otros rebeldes, es un claro ejemplo del accionar genocida del gobierno de los Estados Unidos en los pueblos de la América Latina. Los medios oligarcas de Colombia dan cuenta de un enfrentamiento con el ejército cuando la realidad contada por indígenas y campesinos del Cauca ha sido la de un intenso e indiscriminado bombardeo por parte de unidades militares colombianas a cargo de militares norteaméricanos.
La Corresponsal de TeleSUR en Colombia publicó que «fuentes militares detallaron que Alfonso Cano era seguido por un avión de plataforma desde el departamento de Tolima (centro-occidente), movilizándose hacia el Cauca desde hace 60 días atrás». Es decir que ante la impotencia de acabar con Cano de manera frontal procedieron a un bombardeo en la zona rural con la consecuente baja no solo de guerrilleros sino también de población civil (indígenas y campesinos) que viven en el lugar, mientras otro tanto ha pasado a engrosar las filas de los colombianos desplazados no por la guerrilla sino por los ataques de las fuerzas del Gobierno Colombiano y los contratistas norteaméricanos (7 bases 7mil muertos al año?).
Se conocen declaraciones de campesinos e indígenas que daban cuenta de una mejor vida en las zonas dominadas por la guerrilla de las FARC, informaban que eran áreas con seguridad y casi inexistentes niveles de delincuencia, ésto a diferencia de otras zonas de Colombia bajo el control de las fuerzas militares regulares y la Policía Nacional; la manera en la que fue asesinado Alfonso Cano mostró que las comunidades indígenas del Cauca importan poco o nada a las fuerzas militares, los cuales infringieron un enorme riesgo a la población.
El líder de las FARC siempre reiteró la disposición de la organización rebelde a encontrar una solución política al conflicto armado que vive Colombia desde hace más de cinco décadas. Cano expresaba recientemente: «Creemos en el diálogo que creemos viable la consigna central de este evento, la consideramos justa, ‘el diálogo es la ruta».
Un artículo de TeleSUR en torno a la muerte de Cano nos recordaba:
«En agosto pasado, Cano indicó que al presidente Juan Manuel Santos se le debe recordar que «hace un año, en su discurso de posesión, prometió dejar atrás los odios que habían caracterizado los ocho años del anterior Gobierno (2002-2010). Esa promesa la olvidó»
Como prueba de su disposición al diálogo, el movimiento insurgente liberó el pasado febrero de manera unilateral y voluntaria a seis de sus retenidos. El acto también fue realizado en desagravio de la destitución de la senadora colombiana Piedad Córdoba, quien ha expresado en varias ocasiones que la voluntad de los insurgentes era seguir promoviendo la paz en el país por medio de solicitudes de negociación que no han sido respondidas».
El procedimiento es de indudable fabricación norteaméricana mediante la CIA y Contratistas, orden de asesinar y no de capturar. El procedimiento es una flagrante violación del derecho internacional humanitario, plenamente identificado con la guerra sucia que conforma el llamado «Plan Burbuja» que indica las acciones a realizar para anular los mandos guerrilleros y permitir a la oligarquía colombiana mantener el poder a toda costa.
Cano muere como un guerrillero mas, con sus botas puestas, en el monte junto a todos sus compañeros, mientras los «Comandantes» que ordenaron su muerte permanecían muy acicalados, perfumados y asegurados en sus cómodas oficinas y mansiones de Bogotá, alejados del «riesgo» del combate. Será que ellos han subido al monte?, será que han prestado a sus hijos para el combate?, la respuesta es obvia para nuestro colectivo.
Mientras la impunidad, el tráfico de drogas, tráfico de influencias, acoso, etc., campea en los pasillos de instituciones del Estado Colombiano, la muerte de Cano resulta irrebatiblemente dolorosa para los pueblos de Colombia y el resto de nuestra Latinoamérica; a Cano lo lloran en masa trabajadores, campesinos, estudiantes, luchadores por la paz y militantes de toda Colombia y Latinoamérica. La muerte de Cano permite descubrir la falsedad de las aseveraciones prosaicas de supuestas ventajas, privilegios y lujos de los lideres por sobre el resto de sus compañeros.
