Que coincidente suele ser el destino. El pasado viernes 4 de noviembre moría en combate el Comandante en Jefe de las FARC-EP, Alfonso Cano. Las estigmatizaciones acompañadas de absurdas pronosticaciones de derrota, debilitamiento, erosión, anacronismo, acorralamiento, no se hicieron esperar. Pero quienes pronostican, los mismos sensacionalistas y especuladores de siempre, olvidaron un factor histórico de prominente relevancia: tres días después de la muerte del compañero Cano, el Lunes 7 de Noviembre, se cumplía el aniversario, el numero 35 ya, de la caída en combate del también del máximo líder y Comandante en Jefe del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), el Profesor Carlos Fonseca.
Tan solo tengo 19 años y no estuve en espacio-tiempo para verlo, pero logro proyectar en mi cabeza los titulares triunfalistas de las agencias mediáticas pro imperiales y del dictador de Nicaragua, Anastasio Somoza (el Juan Manuel Santos nicaraguense). Lastimosamente para estas, tres años después, la ofensiva final de la guerrillereada insurreccional sandinista, llegaba a las calles de Managua para tomar el control político de Nicaragua. Que bellas y contundentes son las verdades del pasado para vislumbrar las insoslayables verdades del hoy.
Al igual que el Mono Jojoy, Ivan Rios y Raul Reyes del Secretariado de las FARC-EP, Germán Pomares Ordóñez, Silvio Mayorga Delgado, Silvio Mayorga Delgado, lideres y miembros de la dirección guerrillera del FSLN, cayeron también heroicamente en combate. Nada de esto agregado a la muerte del Comandante Carlos Fonceca el 7 de Noviembre 1976, evito la imposición de lo que fue posterior triunfo de la revolución popular sandinista el 19 de Julio de 1979.
Fueron en Nicaragua y son en Colombia rotundamente falaces los intentos hegemónicos de las corporaciones mediático-comunicacionales de presentar con aspecto generalizado hechos militares que son selectivos; los asesinatos de los compañeros Reyes, Rios, Jojoy y Cano devienen de operaciones militares quirúrgicas en donde se concentra una cuantiosa e ilimitada presencia humana, armamentística, logística, de inteligencia y tecnológica, a lo que se agregado el respaldo militar intervencionista de los EE.UU, contra un individuo determinado, cuya función estratégica es, complementarse con los aparatos comunicaciones, afectar la moral anímica tanto de la tropa como de los sectores populares, dando una sensación (porque no es más que eso) de derrota y fracaso generalizado. Véase, guerra psicológica.
Pero lo que resulta falaz también se desgasta, se corroe y evoluciona a infructuoso e ineficaz como lo fue en Nicaragua. No es factible mostrar una realidad repleta de sensaciones, distorsiones y tergiversaciones de los hechos, ya que la realidad es objetiva y está compuesta por hechos que son objetivos; tanto los medios y agencias pro uribistas e imperiales (Ej. El tiempo), como aquellas moderadas (Corp. Arco Iris), como aquellas alternativas (ANNCOL), coinciden, en distintos grados y formas, en un aumento en cantidad y calidad (efectividad) de las acciones militares de las FARC-EP contra el ejercito opresor y una irrebatible consolidación en el terreno político, a pesar, de la muerte de sus lideres. Que las FARC-EP redoblaron esfuerzos y multiplicaron acciones este año son aseveraciones que forman parte de una realidad violenta que la clase trabajadora colombiana y sus capas viven y sufren en forma constante y no es algo que pueda silenciarse, soslayarse u ocultar del todo.
Por ultimo, a quienes hablan dhéroese «el fin del fin de las FARC», agregando catálogos de anacronismo, debilitamiento, en fin, a quienes se jactan con haber golpeado con dureza a las FARC-EP estos últimos años, les refutamos con contundencia junto al Comandante Alfonso Cano: «Para ser sinceros el golpe más serio y de mayor calado lo recibimos luego de la segunda conferencia guerrillera realizada en 1966, en el departamento de Quindio, donde perdimos gran cantidad de combatientes y el 70% de las armas. Solo hasta la quinta conferencia, después de muchos años, pudo decir el comandante Marulanda: «Por fin nos hemos repuesto del mal que casi nos liquida(…)En los últimos 9 años, y como consecuencia de la mayor injerencia militar de Washington en los asuntos internos de Colombia, la guerra se ha intensificado. Hemos sufrido golpes. Las muertes de Raúl, de Jorge, de Iván Ríos y de muchos camaradas, nos duelen y nos generan ese dolor revolucionario que desata, incontenible, mayor compromiso con nuestros ideales de socialismo. Ya las hemos asimilado. Con el legado y ejemplo de nuestros y mártires, las nuevas promociones toman su lugar y trinchera, nuevas promociones de revolucionarios dispuestos, como los más antiguos, a darlo todo, hasta la vida, por los objetivos de la Nueva Colombia. (…) Como es evidente en los partes militares también hemos golpeado a las fuerzas militares y paramilitares del estado, a las institucionales y a las para institucionales, a todas, incluyendo aquellas que tiran la piedra y esconden la mano, que cínicamente dicen desconocer la estrategia de los «falsos positivos», que niegan ante los medios su contubernio con el narcoparamiliarismo, pero le abren en la oscuridad de la noche las puertas secretas de sus palacios, mansiones y haciendas para conspirar contra la convivencia, la democracia y contra el pueblo. Las FARC mantenemos nuestra influencia, sólida influencia, en las áreas donde existimos, por todos los rincones de la geografía nacional, nacida y cimentada en la justeza de nuestros planteamientos políticos, en nuestro trabajo y ayuda permanente a las comunidades, respeto hacia todas ellas y por nuestra autoridad surgida del compromiso sincero del que no pretende nada a cambio de su esfuerzo».
Como afirmé en mi nota anterior «Podrán cortar todas las flores pero no lograran detener la primavera». Como Fonceca, el Comandante Cano queda plasmado en la historia y revivirá en cada triunfo y avanzada popular, en la irreversible dirección del proceso revolucionario que hoy atraviesa a Colombia; rumbo hacia la Nueva Colombia, La Patria Grande y el Socialismo.
Manuel Koba, Argentina, centro del país