Libia y el Panafricanismo

Por. Zenobia M. Marcano Córdova

Estudiante del Diplomado de Saberes Africanos

zenobiamarcano@gmail.com

En 1999 los países miembros de la Organización para la Unidad Africana (OUA) firman en Syrte, Libia, un acuerdo que crea la Unión Africana (UA), organización que aspira concretar instituciones comunes como un Banco Central Africano, un Parlamento Africano, una Corte Africana de Justicia, un Ejército Africano y un Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana, entre otras.

Es en la naturaleza de esta última entidad donde podrían encontrarse algunas claves del reciente asesinado (magnicidio) del líder de la Revolución Libia, Muammar Al Gadafi. La UA establece en 2003 las condiciones para la defensa militar conjunta en caso de un ataque a alguno de sus países miembros, a través de un Sistema Continental de Alerta Temprana, a través del cual, gracias a un monitoreo permanente, pueden anticiparse y prevenirse el surgimiento y propagación de conflictos. Este sistema va acompañado con la creación de una Fuerza Africana de Despliegue Rápido, herramienta estratégica para garantizar  la defensa conjunta ante cualquier agresión. Entre las funciones del Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana, se encuentran la obligación de resolver conflictos cuando éstos ocurran, enviar misiones de paz, recomendar la intervención  en nombre de la Unión en cualquier país miembro, imponer sanciones cuando se presenten cambios inconstitucionales de gobierno e implementar una política de defensa común de la Unión. [1]

Estos instrumentos de la Unión, que podría ser usada para la protección de la soberanía de los gobiernos africanos sobre la mayor reserva de recursos energéticos estratégicos del mundo, incluyendo el petróleo, afecta los intereses de quienes necesitan un “Nuevo Orden” en Medio Oriente y Norte de África que les garantice seguir teniendo acceso y control sobre tales recursos, y, sobre todo, perpetuar en los países de África las políticas coloniales que los restringe a ser Estados mono-productores exportadores sólo de materias primas. Un líder con claridad ideológica  Panafricanista como Gadafi, no conviene al “Nuevo Orden” hecho a la medida de las grandes petroleras y de sus gobiernos.

La muerte de Gadafi se inscribe en un contexto de crisis en la cual los gobiernos de Estados Unidos y Europa necesitan urgentemente recursos económicos-financieros. El reparto petrolero de Libia es una de las formas de salir de ese atolladero.

La cadena de revueltas impulsadas en el norte de África que empezó en diciembre de 2010, una tras otra, afectando a por lo menos 18 países, – culminando hasta ahora con el asesinato de Gadafi-, pareciera ser un ensayo sobre la estrategia para enfrentar los avances de unión continentales como la Unión Africana o Unasur: ¿Cómo podrían activarse mecanismos de defensa conjunta si cada uno de los gobiernos  está afectado por un conflicto interno,  al mismo tiempo?