Que bello ombliguito que tengo yo

Carlos Lucero-

A pesar de la alta calidad de muchos especialistas en el campo de las telecomunicaciones, creo no que no se ha investigado suficientemente el extraño fenómeno de la redistribución de la información. Al parecer aunque una noticia se genere en un punto, y se prevea su destino, sucede que suele tomar caminos diversos, y a veces extraños, inesperados. Como ocurre con el agua, la noticia suele ser represada, reconducida, desviada, y hasta perdida Es difícil establecer un paradigma del comportamiento de los datos cuando nadie sabe adónde van a parar. Aunque hay que reconocer que eso pasa con casi todo en realidad, dada la complejidad de nuestro universo habitable.

Nos interesa señalar que el noticiero del amigo Walter Martínez obtiene alcances insospechados, debido a la variación de contenidos que lo alimentan. De ahí la tremenda responsabilidad de noticieros como Telesur y otros que verdaderamente defienden la verdad informativa, frente a la desinformación malintencionada, que cuenta con la actitudes cómplices. Porque no otra cosa significa permanecer en la observación del propio ombligo mientras el mundo se convulsa por todos sus extremos. Cada día compruebo con mayor asombro la vigencia de una actitud centrípeta reiterada. Lo que lo que sucede allá afuera, no nos afecta, no nos interesa. Condición que siempre ha reinado por estas latitudes.

Anoche, no sin sorpresa, alcancé a enterarme del verdadero alcance de las denuncias que el canciller argentino Héctor Timerman, había realizado ante las ONU el día anterior. No he visto, salvo en fragmentos cortos, confusamente reducidos, un análisis que demuestre la dimensión y la gravedad de la maniobra imperialista del Reino Unido en el Atlántico sur y su relación con el próximo escenario mundial. Por medio de proyecciones y descripciones precisas, Timerman alcanzo a demostrar la escala de su denuncia y la preocupación que esas artimañas imperiales merecen de parte de todo el mundo. La intención que incuba la mega-alianza inglesa-norteamericana, había quedado revelada en su toda su bélica dimensión y sin ambages ante el mundo, gracias a Dossier. Porque, repito aunque no se me crea, en la Argentina no existe mayor interés en el asunto, o al menos no lo demuestran sus medios. Lo máximo que he percibido, es un comentario acerca del supuesto valor del petróleo que teóricamente existe en el subsuelo del archipiélago malvinense. Nada más.

Aunque sea difícil de entender para cualquier ciudadano normalmente informado, hay que manifestar que ese discurso denuncia que el Canciller presentó ante la ONU, nunca fue retransmitido donde más se lo necesita, es decir en el territorio de este país. A ver si me explico, en el país de marras, no se le da difusión a episodios tan importantes como estos y se prefiere colocar frente a las cámaras, a habladores exégetas de las jugadas futboleras, para que expliquen, incluso con fundamento filosófico, los resultados últimos de los juegos de esta industria, y que deportiva. Y como ya dimos a conocer, el festival farandulezco continúa brillando con vitalidad en todas las pantallas de los hogares argentinos. Y no estoy acusando a las autoridades responsables de la prensa oficial. Desconocer lo que pasa en el resto del mundo, ha sido una forma de autocomplacencia tradicional, quizá como forma de cerrazón ante el peligro. ¿Será un condicionamiento cultural, o se culpará a la fatalidad de la lejanía geográfica?

Argentina, febrero 2012

RM