Los intereses de los expresidentes

JUAN CARLOS MONEDERO

La reciente visita a Venezuela de tres expresidentes vinculados a la Internacional Socialista, invitados por un gran banco privado –en mitad de la crisis más fuerte que ha sufrido el capitalismo desde el crash de 1929–, o bien es un sarcasmo –cosa difícil de creer, sabiendo el caché de los invitados– o tiene detrás intereses menos confesables. En tiempos de desmantelamiento social, la ingenuidad es casi un pecado.En verdad, lo relevante de la reunión no es ni mucho menos lo que han dicho en la misma los expresidentes ¿Qué podía decir en Caracas Fernando Henrique Cardoso?, ¿que dejó unas cifras de pobreza en Brasil que causaron sonrojo a la derecha?, ¿qué podía contar Ricardo Lagos?, responsable de haber hecho de Chile uno de los países más desiguales del mundo, ¿qué puede recomendar Felipe González?, inspirador de la tesis de la Tercera Vía –privatizaciones, liberalización, desregulación laboral– que dejó a la socialdemocracia sin herramientas políticas diferentes a las usadas por los partidos liberales ¿Iban acaso a señalar a la banca privada como responsable de la peor crisis que vive el capitalismo en las últimas décadas? ¿iban a reclamar controles, regulaciones, el fin de los paraísos fiscales o el encarcelamiento de los banqueros corruptos? No era muy creíble.

Poco podían decir y poco dijeron. Pero recordaron a los votantes de las próximas elecciones que ellos, varones blancos viejos y ricos, están atentos a lo que ocurra en el país anfitrión. En una representación en dos o tres actos, éste era el primero. Ya regresarán para decir a quién votar.

Las variables macroeconómicas en Venezuela –con la salvedad de la inflación, muy vinculada al compromiso del gobierno con el pago de la deuda social y las dificultades de impulsar un mercado interno– son envidiables para el resto de los países en el actual contexto de crisis mundial. De manera que, lo razonable, sería que los expresidentes se hubieran interesado por los éxitos del gobierno bolivariano, por si podían llevar de regreso a sus países alguna alternativa en vivienda, empleo, sanidad o alimentación. Pues, ¿qué recetas pueden recomendar al Gobierno Bolivariano? La verdad es que ninguna. Pero la visita, como no se le escapa a casi nadie, tiene otras intenciones. Al igual que el PSOE invitó recientemente a Madrid a Pablo Pérez, la presencia de los mandatarios tiene como objetivo último prestar credibilidad, tarde o temprano, al candidato de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Felipe González trabaja para Carlos Slim, la persona más rica del mundo según el informe de la revista Forbes aparecido la semana pasada. E, igualmente, también hace trabajos de intermediación para Gustavo Cisneros. En virtud de las exigencias económicas de sus jefes, así será su posición sobre cada país. En este viaje a Venezuela, la tarea ha sido de mantenimiento. Sus jefes no tienen ningún gran contencioso abierto con el gobierno del presidente Chávez, de manera que el González que ha visitado Venezuela viene con el sombrero de “veterano líder de la socialdemocracia mundial”. En tanto en cuanto no le manden otra cosa, la prudencia será su horizonte. Sin embargo, si llegara el momento, su “prestigio” (mantenido con estos encuentros de mayor relevancia mediática que de contenido intelectual), será puesto al servicio de la oposición al presidente Chávez.

Esto es más evidente en el caso de Lagos y de Cardoso, quienes representan beligerantemente propuestas radicalmente diferentes a lo que busca la Revolución Bolivariana, y para quienes el éxito de la Venezuela actual es la señal más evidente de su fracaso como gobernantes. Siempre han combatido lo que significa el socialismo venezolano. No es sensato esperar de ellos nada nuevo.

En definitiva, Venezuela va a volver a ser epicentro de las reuniones de las diferentes alternativas reaccionarias al socialismo del siglo XXI. Como Venezuela ha sido el país de donde ha emanado la alternativa, Venezuela es el país a derrotar. Otra vez será la patria de Bolívar sede de las diferentes derechas verdaderas, así como de las falsas izquierdas. Igual que volverán a desfilar los Vargas Llosa, los Krauze, los Aznar, los Uribe y los Quiroga, la Internacional Socialista se encargará de hacer su parte.

Conviene, en cualquier caso, prestar atención a las intenciones. El empeño que tiene en marcha Venezuela la obliga a ser cuidadosa, del mismo modo que exige a la ciudadanía mucho tino. ¿Quién ha visitado realmente Venezuela, invitados por la derecha verdadera? Si el anfitrión es la banca privada, responsable principal de la crisis del Estado social en el mundo, ¿cabe en verdad pensar que los invitados representan a la izquierda verdadera? Mira por donde que, en ocasiones, el hábito sí hace al monje.


PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE
DE MADRID /CiudadCCs

RM