LETRA TERCA/La internacionalización de la campaña

ERNESTO VILLEGAS POLJAK

Archivo.

Cuando los venezolanos acudamos a las mesas de votación el próximo 7 de octubre no sólo estaremos eligiendo al hombre que regirá los destinos de Venezuela entre 2013 y 2019. Con nuestro voto decidiremos, además, el curso de acontecimientos políticos, económicos y sociales en América Latina y más allá.

En medio de una crisis cada vez más evidente del sistema capitalista global, que causa estragos entre los trabajadores y clases medias del mundo entero, incluyendo lugares tan emblemáticos como Grecia e Italia, cunas de la llamada civilización occidental, y los propios EEUU, almohada del sueño americano, la Venezuela liderada por Chávez ha pasado a ser más que el epicentro de una ola de cambios políticos en el patio trasero de Washington.

Ahora, con la aprobación de la nueva Ley Orgánica del Trabajo, el ensayo venezolano terminó de adquirir carácter subversivo global al erigirse como una nítida referencia de lucha para las masas trabajadoras del mundo entero, avasalladas por la dictadura de los mercados, es decir, de la especulación financiera, que toma por asalto el poder político allí donde se lo permiten e impone programas de austeridad que sólo sirven para colocar en hombros de los trabajadores y clases medias los costos de la crisis que esos mismos mercados y sus gobiernos títeres han acentuado en su fiebre neoliberal.

Los críticos de la nueva ley sostienen que su articulado no es “moderno”. Y tienen razón. Lo que está de moda en el mundo es la máxima explotación de los trabajadores mediante la flexibilización de los derechos laborales, el abaratamiento de los despidos, el retardo en el acceso a las jubilaciones y la seguridad social, la privatización y encarecimiento de los costos de la educación y la salud, entre otras linduras. Una ley que, a contracorriente, restituye la retroactividad en el cálculo de las prestaciones sociales, blinda la estabilidad en el empleo, reduce la jornada laboral y expande el carácter universal de la seguridad social, al incluir a los trabajadores por cuenta propia, no solamente está fuera de moda, sino que amenaza con contagiar de su espíritu reivindicativo a las masas trabajadoras golpeadas por la “moda” del neoliberalismo.

Traducido al inglés, francés, italiano y griego, por sólo mencionar algunos idiomas, el texto de la LOTTT venezolana puede servir de manifiesto para esas masas que hasta ahora han salido a la calle a defenderse, pero sin un programa político consolidado.

SUCEDIÓ EN MONTREAL

Por estos días, invitado por nuestra representación diplomática para presentar mi libro Abril, golpe adentro en Canadá, me tropecé con una manifestación estudiantil en la habitualmente apacible ciudad de Montreal. Se trata de un país muy ordenado, en cuyas calles reina la limpieza, sin la agitación y violencia propios de su vecino estadounidense, con un sistema público de salud gratuito (aunque no exento de problemas) y donde atracos y asaltos se ven sólo en las películas de Hollywood. Allí se ha instalado una comunidad venezolana más o menos numerosa, especialmente después del paro sabotaje petrolero, cuando ex empleados de Pdvsa encontraron trabajo en compañías petroleras canadienses. Antes, a mediados de los noventa, los precedió una oleada de venezolanos expulsados del país por la crisis económica del gobierno de Caldera II, agravada por la llamada Agenda Venezuela.

En aquella fría Montreal los estudiantes universitarios sumaban ya varias jornadas de protesta callejera contra una decisión gubernamental que encarece paulatina, pero radicalmente, los costos de la matrícula universitaria. Al cabo de cinco años esta se duplicará, imposibilitando a los hermanos menores de los actuales estudiantes acceder a las mismas universidades donde ellos hasta ahora han podido estudiar y elevando el tamaño de la deuda con la cual los graduados salen de las universidades. Sobra explicar que allí la educación es paga, financiada por los bancos, que les cobran a los egresados la plata que les prestaron para sufragar el costo de la universidad.

Allí, en medio de aquella manifestación estudiantil, realizada una fría noche y reprimida por policías a caballo, le pregunté a una estudiante sobre el motivo de su protesta. La joven me contó lo de las matrículas y añadió que están luchando por la gratuidad de la educación. “En Venezuela es gratis”, le comenté. Ella asintió con la cabeza y, luego de regalarme una pícara sonrisa, soltó: “Sí, Chavés”. Así, en buen francés, con acento en la letra e.

REACCIÓN INTERNACIONAL

Si la repercusión del ejemplo de Chávez es de tal magnitud internacional, ¿debe extrañarnos que esta anticipada campaña electoral venezolana sea cada vez menos venezolana e interferida en forma profunda y frecuente por la actuación de factores igualmente internacionales? Es claro que no es Capriles a quien Chávez se enfrenta. A medida que avance la campaña esto será cada vez más evidente. Ya verán.