SOLICITAN AL GOBIERNO Y A LAS FARC QUE TENGAN EN CUENTA LA DIASPORA COLOMBIANA
Señor Presidente: Juan Manuel Santos
Señoras y Señores de Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC-EP
Somos colombianos en el mundo, hacemos parte de los 7 millones y medio de colombianos emigrantes. Espontáneamente y sin depender de ningún partido, movimiento o asociación, nos dirigimos a Ud. señor presidente y también a la dirigencia de las FARC, en este momento histórico para nuestro país de la apertura de las negociaciones de paz entre su Gobierno y las FARC, con el fin de pedirles que escuchen con atención e interés nuestro clamor de anhelos por la Paz y que se termine la guerra con todas sus aterradoras secuelas de muertes, desapariciones, violencia, destrucciones, miseria, separaciones y emigración, que están causando un inmenso dolor en la gran mayoría de nosotros los colombianos. Por eso no queremos que se pierda, como en el pasado, esta ocasión de llegar a la paz, y que termine en una burbuja de jabón que se revienta en el primer obstáculo, dejándonos en una inmensa desilusión. Es la ocasión de repensar y construir un país donde podamos vivir todos porque se respetan verdaderamente los derechos fundamentales y se responde a las necesidades esenciales de todos sus ciudadanos; un país donde reine la justicia y la libertad, para que suprimiendo las causas de los conflictos se consolide la paz, base de bienestar, desarrollo y felicidad.
Nosotros los emigrantes somos unas de las tantas víctimas del conflicto social y armado. Víctimas de esa violencia no son solo nuestros compatriotas refugiados políticos, que son tantos, que tuvieron que huir del país para salvar sus vidas y las de sus familias, sino también los despectivamente llamados “emigrantes económicos”. Porque si bien las balas, las torturas, los vejámenes de todo tipo, matan directamente, no son menos eficaces en sus efectos mortíferos, el hambre, la falta de salud y de vivienda decente, la inseguridad… es decir, la miseria en que ha vivido y vive actualmente el 63 % de los colombianos, según las Naciones Unidas.
Los emigrantes colombianos estamos enviando a nuestras familias cinco mil millones de dólares al año. Nuestras remesas sirven en su mayoría para suplir las carencias del Estado colombiano que no brinda al ciudadano ni la ayuda ni crea las condiciones necesarias para responder a sus necesidades básicas. El dinero que enviamos llega directamente a las familias para remediar sus problemas básicos de subsistencia, como son la comida, la vivienda, la salud, la educación y el bienestar al que todos tenemos derecho.Es casi lo contrario de lo que sucede con los ingresos de las exportaciones, principalmente de banano, café, flores y petróleo, y de lo que aporta la explotación minera, porque según serios estudios económicos, solo benefician a un 12/15 % de la población colombiana. El 85 % restante va a llenar los bolsillos de las multinacionales y de los colombianos accionistas de esas corporaciones. Incluso, Señor Presidente, nuestras remesas con el famoso 4 por mil que nos hace pagar de impuesto directo su Gobierno, está sirviendo hasta para financiar la guerra.
La emigración es una herida que desangra al país, porque la mayoría de los emigrantes son jóvenes adultos en plena fuerza mental y física, y muchas veces con grandes conocimientos técnicos y científicos que ponen al servicio de los países de acogida. Esto lógicamente empobrece al país y compromete su desarrollo cara al futuro por falta de mano de obra y de cerebros calificados.
Pero la emigración tiene también unos efectos desastrosos en la vida afectiva y emocional de los emigrantes y de sus familias que se quedan en Colombia. El dolor de la separación, que es compartido por las dos partes, nos desgarrada y mortifica permanentemente. Un ejemplo triste y comprometedor del futuro de nuestro país lo revelan los últimos estudios sobre el aumento de la delincuencia juvenil que azota Colombia, al demostrar que una de las causas mayores de esa lacra es debida a que los niños y jóvenes dejados por sus padres emigrantes pierden sus puntos de referencia, el control, la estructura, los valores de respeto de sí mismos y de la sociedad. Se sienten abandonados, perdidos y desamparados cayendo fácilmente en la droga, la violencia y la prostitución…
Por otra parte, emigrar no es salir de vacaciones a disfrutar de la buena vida en los ricos países de acogida, porque además del dolor de la separación de la familia, de los amigos, de la tierra, de las costumbres…. gran parte de los emigrantes para sobrevivir en condiciones de miseria, tienen que aceptar trabajos peligrosos, humillantes o degradantes. Muchas veces tienen que soportar con gran sufrimiento, la marginalización e incluso la xenofobia y la discriminación que cada día toma más fuerza en estos países, seguramente como consecuencia de la crisis.
Concretamente, le pedimos Señor Presidente, señores y señoras de las FARC que pongan en estas negociaciones toda su buena voluntad y esfuerzos para se llegue a un acuerdo de verdadera paz, pensando en el bien de la gran mayoría de nosotros los colombianos que anhelamos esa paz, que incluya en la temática de las negociaciones la problemática de la emigración y que al menos para este tema podamos tener nosotros los emigrantes una representación.
¡¡¡QUEREMOS LA PAZ!!! ¡¡¡ NUNCA MÁS LA GUERRA!!!
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