Nicaragua finalizará 2012 con crecimiento del cinco por ciento en su Producto Interno Bruto (PIB), estima la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), pero están a la vista rezagos estructurales por vencer. A juicio de Cepal, institución del sistema de Naciones Unidas, el pronóstico para este año tiene como principal sustento el alza de las exportaciones e inversiones y muestra entre sus saldos directos un mayor dinamismo en la generación de empleos.
De enero a septiembre de 2012, el valor FOB (del inglés free on board, puesto a bordo) de las exportaciones aumentó 16,3 puntos porcentuales frente a igual período del año precedente, al totalizar ingresos por dos mil 74,1 millones de dólares, indican datos oficiales.
Compiladas por el Centro de Trámites para las Exportaciones, las estadísticas anteriores no incluyen las crecientes ventas por las zonas francas, pero permiten caracterizar la tendencia favorable.
En opinión del secretario privado para Políticas Nacionales del gobierno del presidente Daniel Ortega, Paul Oquist, Nicaragua transita por un proceso de desarrollo marcado por la generación de empleos, la reducción de la pobreza y la desigualdad.
De 2007 a 2011 el país duplicó exportaciones y triplicó inversiones, mientras el número de personas ocupadas pasó de dos millones 89 mil en 2006 a dos millones 934 mil en 2011, detalló.
Ese crecimiento del empleo en 39 puntos porcentuales, significó que durante el período en análisis unos 600 mil habitantes accedieron al trabajo formal, con protección en el sistema de seguridad social, significó.
Cepal avala que la pobreza extrema, medida por la cantidad de personas con ingresos inferiores a 1,25 dólares al día bajó a la mitad, al pasar de 11,2 a 5,5 por ciento.
Sin embargo, para dejar atrás el atraso acumulado, la economía nicaragüense necesita crecer por encima del ocho por ciento anual, consideró Paul Oquist.
Entre los principales aciertos de la administración del presidente Ortega, empresarios y organizaciones sindicales ubican la creación por primera vez en la historia nacional de bases para el desarrollo económico sostenido a mediano y largo plazos.
En manos de la Asamblea Nacional está el proyecto de Presupuesto para 2013, en que el Ejecutivo reitera la voluntad de traducir el mejor desempeño macroecómico en la ampliación de programas sociales y productivos para contrarrestar la pobreza y restituir derechos ciudadanos.
El ministro de Hacienda y Crédito Público, Iván Acosta, el presentar la propuesta ante el Parlamento, señaló como prioridades de la inversión pública la educación, salud, vivienda, infraestructura vial, fomento de la actividad agropecuaria y forestal, entre otros sectores.
Comparada con otros países de Centroamérica, Nicaragua presenta el mayor rezago estructural en su economía, particularmente en la rama agropecuaria, la cual asegura los principales ingresos por exportaciones.
Un estudioso de la materia, Orlando Núñez Soto, alerta que mejorar los rendimientos con criterios agro-ecológicos deviene principal batalla para enfrentar esta situación.
Sobre todo, insistió en reciente artículo, porque el país está a punto de agotar su frontera agrícola y se halla sometido al vendaval del cambio climático, la crisis económica internacional y el empobrecimiento que generan los bajos rendimientos para la mayoría del campesinado.
La batalla por los rendimientos agropecuarios es la batalla por la soberanía alimentaria, la agro-industrialización, el desarrollo económico nacional, la defensa del medio ambiente y el escudo frente a los estragos agro-ecológicos, sociales y económicos del cambio climático, estimó.
Frente a las referidas debilidades estructurales y los vaivenes de la economía mundial, los programas socio-productivos del gobierno de Ortega constituyeron el principal instrumento para reducir la pobreza y asegurar a numerosas familias fuentes estables de ingresos y subsidios desde 2007 la fecha.
En términos generales, moros y cristianos, consideran que el desempeño de nuestra economía en el último quinquenio ha sido muy bueno, incluso mejor que el de otros países centroamericanos, con la notable excepción de Panamá, apreció Núñez Soto.