
Los católicos holandeses se han distinguido en varias ocasiones por su defensa de los derechos LGTB. Cabe recordar la historia del párroco de la pequeña localidad de Reusel, que, tras negar la comunión a un joven gay, vio como su iglesia se llenaba de cientos de personas protestando por su decisión. También perdura en la memoria el estupor con que se acogió, este mismo año, el descubrimiento de que en centros regentados por la iglesia católica se había castrado a niños durante los años cincuenta “para reprimir sus impulsos homosexuales”.Según datos de hace ya algunos años, los holandeses se declaran católicos en un 26,6%, un 18,3% dice pertenecer a una de las iglesias protestantes y un 42,7% afirma no tener ninguna filiación religiosa./InSURgente.org