¡Cuán posible es tener un hermano que nuestra madre no engendrara! Y cuán posible es tener a un hermano nasserista que no es hijo del arabismo, descendiente de Adnan o de Qahtan, pero sí es hijo de Venezuela y de la estirpe de Simón Bolívar, y sació su sed de las pulpas de las ananás de América Latina y no de los pozos de petróleo de la Península Arábiga.¡Cuán posible es tener un águila venezolana, llamada Hugo Chávez más leal al arabismo que sus propios hijos, a Palestina que sus hermanas, más celoso por Siria que sus “amigos”, y más cerca del nasserismo que sus presuntos discípulos, más valeroso en su lucha contra el imperialismo, el sionismo y la reacción que todos sus enemigos!
Dolorosa la ausencia de ese noble caballero, tan noble en esta difícil época, y estar en esta triste ocasión en postura de reverente, vertiendo lágrimas sinceras y expresiones elegíacas y fúnebres, recordando otra tragedia nasserista, que nos había tomado por sorpresa: el día de la muerte de “Abu Khaled”, Gamal Abdel Nasser, hace ya más de cuarenta años.
Doloroso para todos es perder a Chávez, el segundo líder nasserista en la historia, después de Nasser, dueño de la mayor experiencia en la adopción del nasserismo, que plantó sus principios y sus ideas en el suelo de la América Latina, traduciendo sus significados, sus literaturas, y sus adaptaciones del mundo árabe al venezolano, enriqueciéndolos con lo nuevo y útil en teoría y la práctica, alaboradas según las necesidades de la naturaleza y los requerimientos de nuestra época.
Cuán temprano se fue Chávez, igual que el pionero y maestro Abdel Nasser. Ambos se fueron en la flor de la madurez, en sus años cincuenta. Ambos produjeron tristeza en los sencillos, pobres y revolucionarios honorables, dejando a los traidores, mercenarios, arrogantes y reaccionarios la oportunidad de suspirar de alivio. El regocijo de Estados Unidos, Europa e Israel por la muerte de Chávez, es una copia de su antiguo regocijo por la muerte de Nasser. La alegría de los agentes de Washington en Colombia y otros países de América Latina por la desaparición de la “pesadilla” de Chávez, no es más que la repetición de la alegría de los títeres de Washington en Arabia Saudita y el resto de los estados petroleros con la muerte de la “pesadilla” de Nasser.
Pero se les escapó a esos ignorantes agentes que los grandes hombres puede que mueran y se ausenten, pero jamás desaparecen de la memoria de la historia, ni su legado se entierra con ellos, ya que siguen presentes y vivos pasando de generación a generación, de país a país, y de un líder a otro. La transmisión del nasserismo del mundo árabe al continente americano, y su adopción por Chávez después de décadas de la muerte de su fundador, no es sino una demostración de que los principios, las creencias, las ideas y proyectos de lucha y liberación no mueren con sus mentores ni se arrinconan en el archivo del pasado.
Dice Abdel Nasser en el Pacto Nacional que publicó en la década de los años 60 para formar una teoría guiadora para la acción patriótica y nacional: “las experiencias sociales no viven aisladas unas de otras, sino que viven como parte de la civilización humana, a través de su transmisión y interacción fértil y creativa; pasando su antorcha de país a país, pero en cada país consigue nuevo aceite que refuerza su luz con el tiempo”.
Por lo tanto que contengan los maliciosos sus alegrías malignas, y recojan, los que se alegraron, sus sonrisas. Y que los equivocados dejen de tomar ilusiones. Sí, el cuerpo de Chávez verdaderamente murió, pero no el Chávez inspirante, el maestro y el símbolo revolucionario, que se quedará presente e inmortal en los anhelos del futuro, y en el conjunto de América Latina, en el corazón de los progresistas, como de todos los grandes revolucionarios que tomaron partido por la gente trabajadora, que desafiaron a los tiranos y cambiaron el curso de la historia.
Este bolivariano nasserista se ha atrevido contra el espantajo rugiente en Washington, desafiándolo a lo largo de más de 14 años en todo el continente latinoamericano, izando luego la bandera del antisionismo en su distintas variedades judía, cristiana y musulmana, y entrando en un “pacto invulnerable” con Castro de Cuba, Saddam de Irak, Bashar de Siria, Ben Bella de Argelia, Putin de Rusia, Ahmadinejad de Irán, Lula de Brasil, y Morales de Bolivia, y otros hombres libres del mundo, odiados por EEUU y el sionismo.
Tal vez la política petrolera de este revolucionario internacionalista, puede ser una lección elocuente para los árabes de la arena y petróleo, porque no dejó que los pozos de este oro negro fuesen botín de EEUU y sus empresas shylockianas, y presa de la clase capitalista venezolana, sino que se apresuró a nacionalizar el petróleo de su país desde las fuentes hasta los terminales, y empezó a poner sus ingresos al servicio de las clases oprimidas, al servicio del desarrollo, la modernización y la promoción del avance general de la nación; y no al servicio de la perpetuación del atraso, la compra de plumas, el establecimiento de canales de televisión vía satélite para propagar las discordias y alquilar bandas terroristas y nefastas venidas de los sótanos y cuevas de la Edad Media.
EL SOCIALISMO VIVE
Pero lo más grande y magnífico que creó Chávez fue devolver la consideración al socialismo abandonado por sus impostores después de la caída de la Unión Soviética, llevarlo a la práctica a lo largo y ancho de Venezuela, animar a la gente de la izquierda derrotada para revisarse a sí misma y restaurar su izquierdismo, y desmentir las alegaciones del falsificador y no pensador norteamericano Francis Fukuyama, quien inventó la mentira del “fin de la historia”, y afirmó que la historia ha descartado el pensamiento socialista, eligiendo este encontrar su fin en manos de la doctrina del capitalismo y de la democracia occidental.
Chávez demostró en la práctica que la teoría del socialismo sigue viva y necesaria, a pesar de la caída de sus aplicaciones soviéticas: demostró que el capitalismo está en una situación crítica, y sus fuerzas minadas, a pesar del glamour de su superficie. Mientras este diestro navegador obtenía éxito en el establecimiento de las bases de su proyecto socialista se derrumbó la fortaleza del capitalismo mundial en Wall Street, y Estados Unidos en 2008 casi caían en el abismo de la bancarrota, seguidos sucesivamente por sus hermanos europeos, empezando por Grecia, pasando por Italia, y terminando por España.
Le basta a Chávez, orgullo, gloria y eternidad, haber devuelto el equilibrio al pensamiento mundial, y no haberlo dejado expuesto a las pretensiones de los capitalistas. Chávez rectificó el rumbo de la brújula de la historia de la humanidad y no la dejó presa de las alucinaciones de Fukuyama, y puso a Venezuela en el mapa de la atención y respeto de todo el mundo, después de haber sido un país olvidado y lejano. Y no decimos nada de su rechazo a recibir tratamiento avanzado en los hospitales de Estados Unidos y Europa, sabiendo que el punzón del cáncer estaba devastando su cuerpo, y que el ángel de la muerte le aguardaba.
¡Qué tristeza más amarga es la nuestra por la ausencia de este hermano, que nuestras madres no dieron a luz, por este polo nasserista y bolivariana que reivindicó el arabismo después de haber sido olvidado por sus gentes, que luchó seria y fuertemente para revivificar el concepto internacionalista progresista de la lucha contra los lobos de la globalización imperialista y poner al descubierto la verdad de la falsa democracia de los estadounidenses, que repetidamente intentaron asesinarlo y derrocar a su gobierno, a pesar de que llegó al poder a través de elecciones populares y libres!
EL DESTINO DE LOS LÍDERES
Qué vergüenza tenemos ante el deshonor de los cobardes gobernantes de nuestra nación, cuya vileza, malignidad, postración y servilismo a Washington les impidió participar en el funeral de este valiente líder y ofrecer algo de lealtad, respeto y condolencias al pueblo venezolano por las grandes actitudes, servicios y ayudas que había hecho Chávez por Palestina y el arabismo, que solo los bastardos, alcahuetes y herejes pueden negar!
¡Qué mala suerte es la nuestra con la muerte temprana de los líderes de la liberación nacional, que pasan, como los nobles, fugazmente por las estaciones de la vida. Tal vez porque se abniegan y prefieren servir a sus pueblos que cuidar su salud y comodidad, porque se entregan y afanan en hacer trabajos duros, gastando sobrehumanamente la savia de sus mentes y vitalidad de sus vidas. Ya había iluminado Abdel Nasser este sentido cuando dijo: Me siento como una vela encendida por sus dos extremos, y no unilateralmente.
PERIODISTA ÁRABE-JORDANO