Javier Rodríguez *
Asunción (PL) Esperanza Martínez, médica de profesión, ministra de Salud Pública en el gobierno del presidente Fernando Lugo, senadora electa en los comicios del 21 de abril, habla con Prensa Latina en un momento importante y tal vez decisivo que vive Paraguay, y el movimiento popular en la nación guaraní.
Dirigente del Frente Guasú, una coalición de partidos y organizaciones sociales de izquierda, Martínez será uno de los cinco integrantes de la bancada senatorial de esa organización a partir del primero de julio próximo. Reconoció con satisfacción que, por primera vez, la izquierda paraguaya ingresará con una fuerza propia en el Parlamento, identificada con sectores progresistas, populares, algo inédito en la conservadora sociedad del Estado mediterráneo.
Hoy agrupamos a siete partidos políticos y cuatro movimientos, un avance en la construcción de unidad en la lucha y en la organización, así como en la articulación con sectores sociales, porque sabemos que el próximo gobierno de Horacio Cartes va a endurecer más las políticas neoliberales con medidas apenas paliativas para tratar de controlar el peligroso aumento de la desigualdad, subrayó.
Ese criterio la lleva a asegurar que, ante la fábrica de pobreza instaurada en el país por el actual modelo económico, será más necesaria que nunca la batalla en las calles, en las plazas y comunidades, con movilizaciones organizadas para enfrentar el neoliberalismo.
El análisis sobre el gobierno que termina surgido del golpe parlamentario que destituyó al presidente constitucional, Fernando Lugo, la lleva a puntualizar se caracteriza por fuerte corrupción, desvalijamiento de las arcas del Estado, la práctica de un modelo clientelar y prebendario.
Hemos visto como esa práctica, normal en los gobiernos del Partido Colorado, fue superada en más de un 100 por ciento por los liberales y crecieron, además, los llamados negocios basura como los realizados con las transnacionales, agregó.
La senadora Martínez se refiere a casos como el de la multinacional Río Tinto Alcán, cuestionada con sanciones en otros países por su política de contaminación del medio ambiente y la cual viene a apropiarse de la abundante energía paraguaya.
No dejó de mencionar, igualmente, el ingreso generalizado de las semillas transgénicas, llegado de la mano de la también multinacional Monsanto y la utilización de los millonarios fondos de la binacional hidroeléctrica Itaipu para campañas políticas sin rendir cuentas.
Este gobierno golpista se ha caracterizado por la gran corrupción, la consolidación de la concentración de la riqueza y bienes en el grupo oligárquico de familias que controlan el país hace más de 100 años, manifestó.
Culpó a Franco de ser funcional a los poderes reales existentes en Paraguay y de su ligazón con los poderes económicos nacionales, causa y razón de la desigualdad y la pobreza tan grandes en todo el territorio.
En ese pensamiento neoliberal de los partidos tradicionales y del Ejecutivo encabezado por Franco encuentra Martínez la mejor explicación de las razones que llevaron al golpe de junio del 2012 con la consiguiente ruptura del hilo constitucional, el desconocimiento de la voluntad popular y la salida de Lugo del poder.
Para ella, la destitución de Lugo fue preventiva, menos de un año antes de terminar su mandato, a fin de evitar una consolidación del campo social y popular, además de detener el avance de las políticas sociales iniciadas, todavía muy precarias, pero las cuales ya mostraban un antes y un después para la ciudadanía.
Por lo tanto, había que romper con el mal ejemplo y evitar, una vez más, la articulación de los sectores progresistas contra el Partido Colorado aspirante a volver al poder, recordó.
Más allá de la irrupción del presidente electo en sus filas, para Martínez el Partido Colorado sigue siendo una fachada política de los sectores de verdadero poder en Paraguay, o sea, de los dueños de los grandes latifundios, de la agroexportación y la ganadería.
No desestima en la lista a todo lo que hace el esquema financiero, del cual prácticamente desapareció la banca pública, con la vía libre al ingreso de las multinacionales, la explotación por ellas del suelo paraguayo, de su madera y minerales, el agua, el posible petróleo y toda la riqueza productiva.
Todo eso está en manos de 350 familias que concentran su explotación y resultados, a las cuales no les interesan transformaciones de carácter estructural, ni siquiera socialistas, sino sólo las necesarias para una República moderna, con una política fiscal redistributiva y garantías de empleo pleno, expresó.
Al referirse al aspecto internacional, consideró que el próximo gobierno, tras tomar posesión el venidero 15 de agosto, intentará que Paraguay recupere un lugar en la comunidad internacional para terminar con el aislamiento al cual la llevó la destitución injusta del presidente Lugo.
*Corresponsal de Prensa Latina en Paraguay.