Tata Mandela

Hace mucho tiempo atrás demostró estar dispuesto a morir.

mandelaBeatriz Aiffil

Nongaphi, la mujer que lo trajo al mundo, y otras tres madres acompañaron su infancia. Después de ellas, mínimo otras tres mujeres le han hecho compañía en esta travesía. Su primera esposa, Evelin, trajo dos hijos al mundo. Después vino Winnie, guerrera. Por último, Graciña Machel. Sus hijas ahora. Madres de sus hijos, de los de otras. Madres de sus padres y de sus abuelos. Madres.

Ahora ya se sabe ancestro. Ancestro en vida. Duele cuando algún joven se va. Pero cuando de un anciano se trata, aunque exista la tristeza por no poder tocar sus manos nunca más, contar sus arrugas y disfrutar de sus memorias, está la certeza de que pasará a habitar el mundo que está bajo nuestros pies, el mundo de las ánimas.

Alguna de esas madres antiguas, de esas que ya no están aquí, debe haberse presentado en sus sueños para darle la bienvenida o a contarle de algún ritual. Tal vez uno de sus abuelos, uno de esos guerreros xhosa que hubo en su ascendencia, vino a mostrarle como ha de ser el camino. Madiba ya lo sabe y está listo para el viaje hasta la vuelta en otro heredero.

La contaminación occidental, que no es accidental, lo hace ver de otra forma, una forma desgarradoramente dolorosa. Y se monta nauseabundamente sobre la agonía de muerte para vender información, reportes, para mercadear groseramente con efigies, fotos, protectores de pantalla, revistas instantáneas, llaveros, monedas y billetes coleccionables, barajitas, accesorios de moda, souvenirs… La contaminación occidental explota el dolor que se supone debe sentir todo el universo. Fetichiza, mitifica, descontextualiza, falsea…

Lo bueno de esto es que se internacionaliza. No hay ser sobre el planeta que no sepa de Mandela. Pero sí muchos seres que no saben de otras luchas, de otras heroínas y otros héroes arrollados por el mito. La esencia, se sumerge en un mar de artificios por no ser comercializable.

Mandela, el Tata Mandela, ya sabe su camino. Hace rato estaba dispuesto a morir por una causa:

He acariciado el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Se trata de un ideal que espero vivir y lograr. Pero si tuviera que ser de otra forma, es un ideal por el cual estoy preparado para morir.

Ahora está dispuesto a morir por mandato ancestral. Es ley de vida.

Publicado en Correo del Orinoco, Caracas, 30 de junio de 2013