PRIMER ECONOMISTA NEOGRANADINO Y PAPEL DE LOS INTELECTUALES

PEDRO FERMÍN DE VARGAS

 Raúl Alameda Ospina
Raúl Alameda Ospina

Es sin duda un honor exponer en esta importante conmemoración del bicentenario de nuestra independencia en la Academia Colombiana de Ciencias, Exactas, Físicas y Naturales, honor que agradezco pero que temo no está suficientemente compensado con lo que he de decir.

Son varios los analistas que, como Roberto María Tisnés, Luis Eduardo Nieto Artera, Luis Ospina Vásquez, Alberto Miramón, Alfredo García Cadena, Manuel José Forero, Javier Ocampo López y yo hace 20 años, hemos escrito sobre Pedro Fermín de Vargas. Muy poco hay que añadir, pero aún así asumo el compromiso de intentar algo conceptual e interpretativo. No todos los presentes y los que puedan leer estas páginas estarán enterados de la trayectoria vital, de los pensamientos singulares y las obras acometidas por don Pedro Fermín. Por eso vale la pena, aunque sea repetición, volver sobre ellos.

Al observar el periplo del señor de Vargas, creo pertinente hacer algunas consideraciones sobre el papel jugado por los intelectuales de todos los tiempos en el quehacer y desarrollo de los acontecimientos cumbres de la historia. Son ellos, los dotados de vocación, conocimiento y carácter, los que terminan oponiéndose a las potestades vigentes. Por diferencia con el resto de sus congéneres, los intelectuales no se limitan a las funciones simplemente biológicas, vegetativas. Meditan, reflexionan, indagan, buscan las causas, escudriñan el acontecer, valoran las consecuencias, proyectan el porvenir, se alejan del manejo de los asuntos corrientes, por lo que, generalmente, terminan enfrentados a quienes sólo actúan en función de los intereses creados.

Desde el aparecimiento de la ciencia, su papel ha sido el de desmontar cosmovisiones formadas por irracionalidades, prejuicios y dogmas. Pero no sólo es esto. De alguna manera el conocimiento pasa de la metafísica, de la especulación pura a la praxis, se vincula a la expansión de la oferta, afecta a quienes hasta ese momento surten los mercados. Es entonces, cuando las castas u organizaciones tradicionales salen a la palestra, señalan como peligrosos a quienes se atreven a cuestionarlos. Por eso en los períodos de mutación trascendental, en los momentos estelares, los intelectuales, los innovadores, son contestarios, rebeldes, revolucionarios, precursores, mártires, héroes, factores de transformación.

Fue precisamente éste el desempeño de la generación vinculada a la Expedición Botánica. El metódico inventario que realizó sobre nuestras potencialidades en contraste con su escasa o ninguna utilización, la llevó a un profundo cambio de actitud, al abandono de los complejos de satelización, a la conquista de la propia valoración, a la autoestima, a la exaltación del ser criollo, mestizo, mulato, tropical, americano, y a la conclusión definitiva de la necesidad de romper el círculo de hierro de la subordinación colonial. Es ella, no exclusiva pero si principalmente, la que conforma el núcleo inicial de irradiación de las ideas que plantearon como incompatible con el desarrollo, el orden existente. Si no hubiera sido cruelmente sacrificada por Morillo, habría participado protagónicamente en la guerra de independencia y en la construcción de la república.

Reseña biográfica.

Para no correr el riesgo de copiar a otros o de plagiarme, transcribo la parte pertinente del ensayo elaborado por mí y publicado en la revista de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas No. 18 del 3 de julio de 1994.

“Don Pedro Fermín de Vargas y Sarmiento vió la luz el 3 de julio en 1762 en la provincia donde se gestó la Insurrección Comunera y nacen muchas de las rutilantes personalidades que a principios del siglo XIX provocaron la ruptura del orden imperial y monárquico en estas tierras. Es precisamente en el nororiente del país en el que se forma un tipo de sociedad fundamentado en la pequeña propiedad rústica y en el trabajo libre de labriegos. Por oposición al latifundio, a la esclavitud de africanos y al trabajo servil de los aborígenes que campeaba en el resto del virreinato, en las breñas santanderianas floreció una economía de producción agrícola y artesanal de francos perfiles mercantiles, en la que el repudio a la alcabala y demás exacciones tributarias condujo a una singular afirmación libertaria. Es este el ámbito sociopolítico dentro del cual transcurre la inquieta infancia de nuestro homenajeado. En plena adolescencia cumple lo que era un ritual para los jóvenes más distinguidos de la época. Luego de llenar los exigentes y discriminatorios requisitos encaminados a demostrar la “pureza de sangre” y la altura de linaje, es decir que ninguno de sus ancestros tenía mezcla africana o indígena y que ninguno de ellos había “manchado” sus manos con el trabajo material, ingresó al Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario donde se graduó, al término de cuatro años de estudios superiores en filosofía y jurisprudencia, dos de las tres carreras que a la sazón se cursaban en el ilustre claustro. El recién doctorado señor Vargas es nombrado en la Expedición Botánica que Carlos III ordena y en la que tiene la oportunidad excepcional de conocer los más variados medios geográficos, las más disímiles formaciones antropológicas, los más complejos problemas del país. Entra así a formar parte de la preclara nómina de neogranadinos que bajo la tutela magistral de José Celestino Mutis, acomete en las postrimerías del dominio español, la ingente tarea de hacer el inventario riguroso de nuestras potencialidades, señalar las fallas de la Corona y esbozar unas alternativas que sólo pueden tomar camino en el posterior proceso emancipador. Gracias al conocimiento científico, de suyo crítico y transformador y de la experiencia vivida sobre la propia superficie del virreinato, en compañía de Francisco Antonio Zea, Francisco José de Caldas, Eloy Valenzuela, entre otros, descubre y exalta lo que podríamos llamar los valores de nuestra personalidad nacional, que reivindica como dignos de manejo autónomo y soberano.

Terminada su participación en la Expedición Botánica entró como oficial en la secretaría general del virreinato, entonces bajo el mando del arzobispo Antonio Caballero y Góngora. Allí vuelve a tener la oportunidad excepcional de observar desde otro ángulo de enfoque la crítica situación que caracterizaba el ocaso de la dominación peninsular. Más tarde fue nombrado corregidor de Zipaquirá, cargo que desempeñó por varios años y a la sombra del cual y gracias a muchas y clandestinas lecturas, adquirió una sólida ideología liberal, vale decir enciclopédica, que complementó su formación universitaria basada en el humanismo de Santo Tomás y Suárez, ideología que por más que disimuló, despertó las sospechas de los cancerberos del orden hispánico. Para eludir la acción de guardias y de oidores huyó con señora ajena, escándalo que llevó al fiscal del juicio a solicitar para don Pedro Fermín de Vargas la pena capital.

Amigo de Antonio Nariño le deja sus libros y como ha de ocurrirle al santafereño años después, sufre el implacable y prolongado asedio, incluso internacional, de las autoridades españolas. Con la huida de Zipaquirá, inicia su difícil peregrinar como activista trotamundos de la independencia y de la libertad, atravesó montañas, selvas, llanuras, vadeó los grandes ríos de la Orinoquia, pasó por Venezuela, Trinidad y Cuba hasta llegar a Francia e Inglaterra y posteriormente a los Estados Unidos. Recorre, pues, el arduo y a veces tenebroso itinerario de la conspiración, el mismo que poco antes hiciera Miranda y más tarde Bolívar y Zea, tratando de sacar provecho en favor de la emancipación americana a las agudas contradicciones que por el dominio del mundo enfrentaban a Inglaterra y a España.

Sus últimos años se pierden en la oscuridad de lo incógnito. No se sabe el lugar, ni la fecha de su muerte e infructuosas fueron las pesquisas adelantadas por quienes ejerciendo ya el poder republicano, buscaron afanosos utilizar su sabiduría y experiencia.”

Vale la pena agregar que en 1806 y estando en Londres escribió Relación sucinta del Estado actual de las colonias españolas en la América meridional en el que le pedía al rey de Inglaterra Jorge III apoyo al movimiento revolucionario.

Los aportes hechos por Pedro Fermín de Vargas

Mientras la Expedición Botánica se concentra en el inventario de nuestros recursos naturales, Pedro Fermín, que también lo hace, enfatiza en las ciencias sociales: economía, geografía, demografía, urbanismo, sociología y política, lo que constituye el primer intento criollo de formular un diagnóstico conjunto del país y una programación aproximada de sus soluciones.

Veamos dentro de un orden temático diferenciado, las contribuciones que le han valido a don Pedro Fermín de Vargas el merecido título de primer economista del país anotando que, como siempre ocurre, hay conceptos que por tener varias connotaciones, resultan difíciles de clasificar. En todo caso y en escala ascendente, comenzamos con lo concreto, con los hechos, los caminos, la minería, los cultivos, etc., para llegar, finalmente, a lo conceptual político.

Las siguientes son las materias tratadas por el ilustre neogranadino, advirtiendo que están presentadas como resúmenes, con muy pocas transcripciones de los planteamientos contenidos en sus dos más importantes obras Pensamientos políticos sobre la agricultura, comercio y minas de este reino y Memoria sobre la población del Nuevo Reino de Granada, publicadas por primera vez en 1944 en la Colección Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, 152 años después de haber sido escritas.

1. Infraestructura vial y hospitalaria.

a) Considera “los caminos de tierra y agua” importantes para el poblamiento y la circulación de los productos. Lamenta su mal estado, la carencia de puentes, la escasez de fondas camineras, el pago de peajes.

b) Recomienda que se construyan o mejoren los siguientes caminos: el del Carare para comunicar el altiplano cundiboyacence con el río Magdalena, vía a Cartagena, menos inseguro que el de Honda y provechoso porque incorpora tierras al poblamiento; el de Ita por Ibarra y Quito, menos dispendioso que la circunnavegación por el estrecho de Magallanes; el de San Faustino entre Cúcuta, Pamplona y el lago de Maracaibo; el de Sogamoso que llegue a Mompox. Deben reconstruirse los importantes caminos de Honda y el de Quindío.

c) Construir el canal interoceánico por el Atrato, lo que es una novedad.

d) Propone dar en concesión la construcción de los caminos, que no deben estar a cargo de los pueblos porque distrae a los labriegos de su trabajo, pero sí emplear en este oficio a los soldados de la guarnición de Santafé, con lo que además se evitaría el ocio y las malas costumbres.

e) Sorprende por técnico y detallado el proyecto de construcción del hospital de Zipaquirá que incluye ubicación urbana, diseño arquitectónico con secciones de cirugía, camas, enfermería, recuperación, esparcimiento, comedores, cocina, así como una adecuada dotación clínica y quirúrgica.

2. Minería.

a) Asume una posición muy crítica frente a la explotación aurífera que califica de negativa por carecer de técnica, dar pocos rendimientos y porque donde se explota como en el Chocó, Barbacoas y Popayán, el trabajo es esclavo, la productividad es baja y crea falsas expectativas de riqueza.

b) En cambio cree muy conveniente la explotación del hierro, para la que pide se rebaje el impuesto del quinto al décimo. Igualmente, se interesa por la extracción del cobre que considera mejor que el de Chile, así como del azoque, el petróleo y la brea. Las esmeraldas, que están bajo control directo del rey, deben privatizarse.

Pide se forme un “cuerpo de minería” compuesto por un director, un fiscal, un contador y un tesorero nombrado por los mineros, encargado de administrar el quinto real para modernizar la producción con máquinas y molinos.

3. Plantas medicinales.

Se queja de la inexistencia de políticas encaminadas a aprovechar los recursos de la flora, especialmente de la relacionada con la medicina. Cree necesario convertir en cultivo las plantas silvestres útiles, como son los casos de la quina para atacar las fiebres palúdicas, el palo santo contra las venéreas, el palo María, cuyo aceite es astringente y sirve para curar llagas, la calaguala para tumores y vómitos, la zarzaparrilla para cólicos, el sasafrás para la hidropesía, la coca como tónico para enfermedades del estómago y el guago contra el veneno de las serpientes.

4. Artesanía.

Cree provechoso el mantenimiento y mejoría de los lienzos y mantas del Socorro y San Gil y los bocadillos de Vélez.

5. Industria.

Se declara partidario de la instalación de industrias de papel, vidrio, loza y sarga.

6. Comercio

Critica con dureza el sistema de flotas, la absurda prohibición de comerciar entre sí las colonias, todo lo cual limita la producción, encarece los productos, auspicia el contrabando. Se declara partidario de que los nacionales puedan exportar directamente los frutos y productos del país en barcos propios; que los extranjeros traigan sus manufacturas sin tener que ser compradas por los comerciantes de Cádiz y Sevilla y luego transportadas a América, tales como herramientas y géneros finos, ojalá por trueque con el té de Bogotá.

7. Población.

Enjuicia con severidad que después de tres siglos de presencia española, el virreinato de la Nuevo Granada sólo tenga dos millones de habitantes, escasos si se compara con la enorme extensión del territorio, debido, entre otras cosas, a que muchas poblaciones se fundaron en sitios malsanos por simples razones estratégicas, militares, sin tener en cuenta la salud y el trabajo de los pobladores, y a que los indios siendo pocos, fueron diezmados por la conquista, la esclavitud y la viruela, a lo que hay que agregar la castidad que muchos adoptaron para evitar tener hijos esclavos.

Cree conveniente la inmigración de extranjeros para mejorar la raza y enemigo como es de la discriminación étnica y social, plantea el mestizaje como la manera de eliminar la inferioridad de los aborígenes y de igualarlos con el resto de la población, no cobrándoles tributo y repartiéndoles tierras.

8. Agricultura.

Es ésta posiblemente la médula de las preocupaciones de Pedro Fermín de Vargas. Parte de la excepcional condición favorable de poseer en un mismo territorio todos los climas de la tierra, lo que sí es bien utilizado, permite el cultivo de todas las especies agrícolas, contrariando así a quienes sólo ven en el trópico andino insectos y maleza.

Para él la agricultura es la actividad base de la organización económica y social, la proveedora de alimentos y de materias primas, la fuente del comercio y la tributación. Con sus palabras “el cuerpo político puede compararse a un árbol, cuyas raíces son la agricultura, el tronco la población y las ramas, hojas y frutos, la industria y el comercio”, formulación de indudable contenido fisiocrático.

Analiza en concreto y hace algunas recomendaciones sobre los siguientes cultivos: del maíz, comida de los de abajo, debe ser mejorado; del trigo, comida de los de arriba, ampliar su siembra a Tunja y a Villa de Leyva para evitar la importación y el contrabando de las harinas; fomentar con miras a la exportación la siembra de lino, cáñamo, cacao, clavo, canela, añil, quina, té de Bogotá y especias como la nuez moscada. En relación con el tabaco, ve necesaria la ampliación de su cultivo y el mejoramiento de la calidad para estar en capacidad de abastecer el mercado de España, surtido por el de Portugal. En general, se muestra partidario de la investigación de nuevos productos y técnicas de cultivo, de la utilización de abonos naturales, del envío para estos fines de observadores a las colonias inglesas y francesas, y sobre todo, de la organización de Sociedades de Amigos del País o patrióticas, encargadas de realizar estos propósitos.

9. Planteamientos políticos.

Si bien es cierto que en todos los puntos vistos hay una indudable intención política, los que a continuación se registran tienen un contenido tal, que resultan contrarios a la organización económica y sociopolítica del orden colonial, son incompatibles con él.

a) Para Pedro Fermín de Vargas la gran propiedad territorial, el latifundio formado desde la conquista, tiene una connotación muy negativa: limita el uso de la tierra, crea vacíos en el poblamiento, conduce a la miseria de los labriegos con ninguna o poca propiedad. “Estas grandes heredades, convirtiendo en pasto las tierras de pan, privan al reino de gran número de gentes que podrían hallar su suerte en donde ahora se alimentan los animales”, todo lo contrario de lo ocurrido en San Gil, Socorro, Girón, Vélez, donde la ausencia de tribus pacíficas, servilizables, llevó a la proliferación de pequeños y medianos fundos, basados en el trabajo familiar, de donde resulta una economía mercantil y una sociedad democrática.

b) Declara, sin ambages, la necesidad del comercio libre, reivindicación que marca un ataque a fondo contra una de las más importantes instituciones coloniales, el monopolio, tan unilateralmente favorable para la metrópoli y tan manifiestamente perjudicial para sus “provincias de ultramar”.

c) Otro tanto ocurre con el oro, elemento neurálgico de la estructura económica peninsular, cuando opina que su explotación debe desaparecer por estar asociada a la esclavitud que condena, al desestímulo de la agricultura y la ganadería, a la generación de pobreza en las regiones donde predomina, y a que prácticamente todo él se exporta, dejando al país sin numerario, por lo que se muestra inclinado a la puesta en circulación del papel moneda.

d) Y qué decir de la supresión del estanco del tabaco, una de las piezas maestras del orden tributario que, en conjunto, califica como antieconómico, productor de miseria y ante todo nocivo para la agricultura y el comercio.

e) Crítico acerbo de la orientación general que ha utilizado la metrópoli para gobernar sus vastos dominios, sentencia que la Corona no envía como gobernantes a sus mejores hombres, a los que se distinguen en los negocios y la diplomacia, si no a ignorantes de la ciencia y la política, a militares en vez de estadistas.

f) Y como culmen, como remate de todo el enjuiciamiento, don Pedro Fermín de Vargas declara “la solución debe ser radical; no se debe tratar de reparar sino de construir de nuevo. Jamás se puede edificar sólidamente sobre cimientos falsos, esto será quedarse enterrado el mejor día entre las raíces de su misma obra. De qué sirve trabajar en una reforma pero no hacerla perfecta? En contenido esta falta se hace el mal cien veces funesto, pues se perpetúa por las leyes que debería extinguirlo”. De esta manera se proyecta como un auténtico revolucionario: llega a la profunda convicción de sustituir, no de reparar, el orden existente. Para él, España no debía gobernar en América. Lo dijo tres lustros antes que lo declarara solemnemente Cartagena de Indias, con lo que actúa como un precursor, el profeta de nuestra independencia.

* Conferencia dictada para el Bicentenario de la Independencia en la Academia Colombiana de Ciencias Exacta, Físicas y Naturales. Bogotá, D.C., 20 de mayo de 2010 /Enviado por Rafael Eduardo Enciso