j. j. Rendón o el final de un canalla

 
Afirma el viejo refrán que “Quien mal anda, mal acaba” y eso está por ocurrirle a J. J. Rendón, discípulo de Goebbels, en camino a la cárcel tras el escándalo desatado en Colombia al conocerse sus vínculos con los barones de la droga, uno de los cuales reveló que se le entregaron 12 millones de dólares para que negociara su rendición con el gobierno de Santos a cambio de que no se les extraditara a EEUU.

Los narcotráfico lo escogieron para el trabajo, sabedores de su desmedida ambición por el dinero, lo cual le ha permitido amasar la inmensa fortuna que posee gracias al uso del rumor y la mentira en su estrategia obscena como asesor de campañas electorales de políticos de ultraderecha, inoculando el veneno de la satanización y desprestigio contra los rivales izquierdistas de su vasta clientela.

Ese engendro diabólico al servicio del fascismo, enemigo jurado de todos los gobiernos y líderes progresistas y revolucionarios de América Latina, el Caribe y el resto del planeta, promueve a través de las campañas que organiza, la estrategia de la guerra sucia aprendida de su maestro nazi, llevada a extremos alejados de las más elementales normas y principios etico-morales de la política.

Y es esa demoníaca práctica, la que hizo que en las campañas que ha organizado en contra de candidatos progresistas y revolucionarios aspirantes a presidentes, alcaldes, gobernadores y otros cargos, haya triunfado su clientela ultraderechista conformada en su mayoría por reconocidos lacayos de EEUU, éxitos que contribuyeron a aumentar su mal habido prestigio y su riqueza.

Pero, “la codicia rompe el saco”, y este ambicioso aventurero asesor de muchos dirigentes fascistas, que entendió e hizo uso de la política como un negocio lucrativo, y no en su exacta y real dimensión como ciencia social que estudia la teoría y práctica de la política, decidió también hacerse asesor de narcotraficantes.

Fue el mayor error de su vida, ya que el desprestigio, que fue una de las armas que siempre utilizó contra sus víctimas, se volvió contra él como bumerang para poner fin a la carrera que le hizo cosechar tantos triunfos mal habidos, y hoy enfrenta a un doloroso e incierto futuro, como la posibilidad de ir a la cárcel, donde debiera estar desde hace tiempo, pues es un prófugo de la justicia.

Y es que este apátrida que una vez fue venezolano, y que desde hace varios años reside en Miami, donde funciona la poderosa organización de asesoría política que dirige, tiene “Código Rojo” impuesto por Interpol, es una orden de captura, acusado por el gobierno venezolano de haber abusado sexualmente de una joven compatriota suya en la habitación de un lujoso hotel bogotano.

J. J. Rendón, agrega ahora a su amplio prontuario delictivo penal, moral y ético, el de asociación con los barones de la droga, pues apenas hace un par de días estalló el escándalo que lo relaciona con los miembros de una de las más siniestras y poderosas bandas del narcotráfico del mundo, que le habrían entregado 12 millones de dólares para que evitara su extradición a EEUU.

Correspondió a la revista Semana y al diario El Espectador, dos de los principales medios de comunicación social colombianos, dar “el tubazo”, justo en el momento en que J. J. Rondón recién llegaba al país para tomar personalmente las riendas de la campaña electoral que desde Miami venía dirigiendo a favor de la candidatura del presidente Juan Manuel Santos.

La denuncia hecha desde una cárcel estadounidense por uno de los miembros de un grupo de organizaciones de narcotraficantes, acompañada de documentos probatorios de la participación de J. J. Rendón en la negociación que contemplaba la entrega de todos los cabecillas, sus armas, mapas de rutas del tráfico de drogas y otras revelaciones, cayó como una bomba en el Palacio de Nariño.

A pesar de que la oferta de rendición que Rendón presentó a consideración de Santos tuvo lugar entre 2010 y 201, no prescribe como delito, que suma su ilegalidad por haber sido expuesta en secreta, oculta al conocimiento de otras instancias oficiales, y con el agravante de que los 12 millones de dólares que se le habrían entregado nunca fueron anunciados y jamás aparecieron.

Ha sido tal la magnitud del escándalo provocado por la revelación de la actividad de J. J. Rendón como asesor de narcotraficantes, que Santos, en vista del riesgo que significa continuar empleándolo como asesor ante la inminencia del proceso comicial en el que aspira a la reelección, decidió deslindarse de él, por lo comprometedora que resulta su indeseable presencia en el debate

Santos, según algunos analistas, habría tenido la consideración y el caballeroso gesto de hacer aparecer lo que fue un despido, como una renuncia, ya que Rendón, a pocas horas de estallar esa bomba política presentó a través de un comunicado, que no sorprendió a nadie, su dimisión al cargo de asesor del presidente y candidato.

Pero las cosas no se presentan tan fáciles como esperaba el delincuente de cuello blanco que es J. J. Rendón, quien pensó que con su renuncia, la que consideró como un “borrón y cuenta nueva”, todo estaba arreglado, pero se equivocó, pues su delito ha abierto las puertas a una investigación penal, no solo en Colombia, sino también en Venezuela, donde tiene viejas cuentas con la justicia.

En Colombia, por su participación en una negociación que además de ilegal tiene el agravante de desconocerse el destino final de 12 millones de dólares que, de acuerdo con el denunciante le fueron entregados y que habrian ido a parar a alguna de sus numerosas cuentas bancarias que posee no solo en EEUU sino en otros países

Y en Venezuela, donde la Asamblea Nacional abrió un debate para investigar su participación, no solo como asesor político de los cabecillas del golpe de Estado continuado que en los últimos 12 años pretende destruir la Revolución Bolivariana, pacífico e inédito proceso político creado por Chávez y derrocar al presidente Maduro, sino también por sus vínculos con el narcotráfico.

De allí la vigencia que ha pesar del tiempo tienen esos sabios refranes, como el que dice que “Quien mal anda, mal acaba”, y el que afirma que “La codicia rompe el saco”, por lo que J. J: Rendón, apátrida al servicio del fascismo que usó el descrédito y la calumnia contra dirigentes progresistas y revolucionarios en sus campañas, se encuentra hoy en camino de la cárcel y del basurero de la historia./AVN