La realidad de una celebración que sólo incita al consumismo desconsiderado

 Renata Cabrales

renata 2¿Cuál es la verdadera realidad de esta celebración para las madres en el mes de mayo? Una realidad que nos vende la idea de que la maternidad es sinónimo de amor puro y verdadero, de entrega total y desinteresada, sumisión y abnegación. Se puede decir que es natural que las madres sean amorosas y protectoras, pero lo que está prohibido decir y hay que esconder, además, es que también es natural que no lo sean.

 Una madre también es sinónimo de falta de amor y de abnegación total. Pero esto hay que callarlo pues a las mujeres nos vendieron la idea de que somos malas y brujas si no deseamos ser madres y decidimos no serlo, o en el caso más extremo, tomamos la decisión de abortar. Es normal que un padre abandone a sus hijos, pues un padre “se consigue en cualquier esquina y madre no hay si no una”. Con esa idea nos condenaron, la sociedad patriarcal y la religión católica,  al encierro, a la sumisión y a la esclavitud del hogar.

Socialmente se nos hace creer a las mujeres, que el hecho de ser madres constituye la esencia femenina; si no se es madre no se llega a ser una verdadera mujer. Así mismo, se nos obliga a creer que somos  las únicas capaces de realizar el ejercicio del cuidado y la protección a personas más indefensas, esa es la verdadera labor de las mujeres, lo cual es cierto que sabemos hacer muy bien, pero que no es nuestra única labor en la sociedad y no es una labor de exclusividad femenina. Pero esa labor, además ha de ser voluntaria, y por eso no se reconoce ningún tipo de  remuneración económica por ésta.

Pero más allá de ese estereotipo de santa que se nos ha impuesto desde los inicios de la humanidad, se esconde una mujer de carne y hueso, una mujer cuyas fuerzas se agotan cada día en su labor de madre abnegada, una mujer con deseos de tener sus propios proyectos, una mujer con deseos de salir a disfrutar con las amigas y, si el bolsillo lo permite, tomar un par de copas, una mujer, por qué no, con ganas de sentirse deseada y hacer el amor hasta el cansancio, una mujer con deseos de estar sola de vez en cuando  y enfrentarse con su más obscuros pensamientos; al fin de cuentas un ser humano con todas su imperfecciones: una mujer. Una mujer cansada de las injusticias, una mujer que grita ante la desesperación, una mujer maltratadora, que siente culpa y a veces no, una mujer deprimida, una mujer con sueños. Una mujer que quiere gritarle al mundo que no es un ser perfecto por el simple hecho de ser madre.

Algunas se conforman con recibir rosas y chocolates un día de consumismo desconsiderado, pero otras luchamos cada día, para que nuestros derechos como mujeres dedicadas al cuidado del hogar y de las personas más vulnerables, sean tenidos en cuenta. Trabajamos a diario para conseguir que esta labor sea debidamente remunerada por el solo hecho de contribuir con el desarrollo económico del país en el cual nos encontremos; de ese país que no tiene en cuenta los derechos de nosotras las mujeres, madres o no, pero mujeres.