MABE CHACÍN
LO QUE EMPEZÓ SIENDO UN “INGENUO” MICROBLOG, SE HA CONVERTIDO EN UNA PODEROSA RED SOCIAL, EN DONDE LA INMEDIATEZ CON QUE VIAJA LA INFORMACIÓN VA EN PROPORCIÓN DIRECTA DE SU CAPACIDAD DE DAR POR SENTADA LA REALIDAD DE UNA MINORÍA, COMO SI DE UN ABSOLUTO SE TRATASE
Ejemplo de una mutación de las formas de consumo de información en 12 años: En algún hogar clase media en el año 2002:
—¡Hija, pon Globovisión para ver las noticias!
En algún hogar clase media en el año 2014:
—¡Hijo, métete en Twitter para saber qué está pasando!
El apelativo “globodoña” se quedó pendejo y entró en desuso desde que apareció Twitter, en 2006. Ahora las doñas usan las redes sociales para esparcir —con mucha más eficacia— las argucias que allí mismo —en el espacio cibernético e intangible— se crean. No solo las globodoñas mutaron sus formas de consumo nocivo; ahora, las nuevas generaciones, hijas de la tecnología, son las principales usuarias de las “redes sociales”: empresas con fines de lucro que se disfrazan de “herramientas necesarias” para el nuevo individuo globalizado.
La diferencia abismal entre la información que se distribuye a través de los medios de comunicación tradicionales (radio, televisión, impresos) y las nuevas formas de comunicación a través de las “redes sociales”, es que ahora el usuario o usuaria está en la capacidad de replicar la información. No solo eso, el individuo en sí es un medio de comunicación: basta con transcribir un pensamiento, copiar, pegar, hacer unos cuantos clics y una información se hace “viral”.
Internet tiene dos caras. Así como facilita muchos procesos comunicativos necesarios y sin ningún trasfondo perverso, también puede ser el arma de destrucción más poderosa que existe: las clases medias, proclives a usar las redes por su acceso a internet. Ejemplo claro: las tragedias suscitadas por los llamados a protestas masivas a través de las redes sociales en los países árabes (Libia, Siria, Egipto). Ejemplo clarísimo: la estrategia que se generó a partir del 12 de febrero del presente año a través de las redes digitales para hacer creer que el país completo estaba en llamas, cuando solo en 18 municipios, de los 335 que existen en el país, y en unas pocas de sus calles, estaban ocurriendo los actos violentos. Esta estrategia dejó 42 fallecidos.
Existe un término —un poco trillado ya, pero sirve para contextualizar— llamado guerra de Cuarta Generación. En este tipo de guerras no hay enfrentamiento entre ejércitos convencionales o entre países, sino que se ramifica en estrategias peores: guerra de guerrillas, guerra sucia, terrorismo o guerras asimétricas, cuyas estrategias de combate se combinan entre el manejo de la información, la propaganda, la población civil y… adivinaron: la cibernética. Los escépticos, que busquen esto en Wikipedia, que todo lo sabe.
Ese concepto de guerra fue invento de los gringos, los mismos que la suscitan. Venezuela no escapa de ella. Un arma que ha sido clave en este combate, un arma que solo la tienen los que cuentan con los recursos para usarla (una computadora), un arma que pudiera causar destrucciones masivas a través de la manipulación de la información, un arma que tienen millones de venezolanos en sus casas es… adivinaron otra vez: Twitter.
Existen cuentas de Twitter anónimas y otras claramente identificadas que operan conscientemente (y algunas de manera inconsciente) bajo los conceptos de terrorismo cibernético, con constantes ataques al Gobierno venezolano y a sus partidarios: amenazas de muerte, montajes fotográficos, manipulación de hechos, insultos, hostigamiento y… La lista es larga. El Estado venezolano, en su derecho, a pesar de tener conocimiento de los personajes ocultos tras las máscaras de pajaritos, se ve atado de manos a la hora de defenderse de esos ataques. Veamos por qué.
LAS LETRAS PEQUEÑITAS DEL CONTRATO
“Nosotros tenemos leyes y regulaciones que deberían cumplirse sin importar el medio que se utilice. Por ejemplo: si yo uso una emisora de radio, un programa de televisión o una columna en un periódico para llamar a asesinar a una persona, estoy cometiendo un delito grave y puedo ser detenido y procesado por hacerlo. Si hago esa amenaza desde una cuenta de Twitter, claramente identificada como mía, también estoy expuesto al mismo tratamiento judicial. Pero, ¿qué pasa cuando se usa una cuenta anónima en Twitter para hacer amenazas graves contra una persona? Por ejemplo: hay una cuenta llamada @pk2noticiosos, con 150 mil seguidores, que frecuentemente realiza amenazas contra partidarios del proceso bolivariano y comunicadores sociales reconocidos, revelando, además, sus datos personales (fotos, direcciones, etc.) para facilitar las agresiones.
O, en otros casos, ¿qué pasa cuando son personas muy bien identificadas pero que están fuera del país?”, se pregunta el comunicador experto en redes sociales Luigino Bracci.
La respuesta a esa pregunta está en las letras pequeñas del contrato de adhesión: las condiciones de uso y la política de privacidad. “Twitter no certifica identidad, cuando mucho, autentica a través a de una dirección de e-mail o de un número móvil, con lo cual no se puede evitar el anonimato o la suplantación de identidad. Su alcance es mundial, es lo que podríamos decir una red privada virtual plana, que no está regionalizada como, por ejemplo, una red de telefonía cualquiera. Tiene conexión en el país o en el extranjero; es, lo que se dice, una identificación portable y esto dificulta el seguimiento. Se puede dar el caso de un usuario con cuenta compartida que se conecta en San Antonio de los Altos, dentro de diez minutos en Miami, dentro de cinco minutos en Bogotá. No hay restricción”, afirma el profesor Alvin Lezama, ingeniero electrónico y expresidente de Conatel.
Dentro de las condiciones generales de Twitter existe una sección llamada “Ley aplicable y foro” que dicta: “Estas condiciones y cualquier acción relacionada con las mismas se regirán de conformidad con lo dispuesto por la ley del estado de California, sin que resulte de aplicación los principios de conflicto de leyes de su estado o país de residencia. Por la presente, usted acepta que toda reclamación, procedimiento o litigio que surja en relación con los servicios se someterá de manera irrevocable a los tribunales federales o estatales situados en el condado de San Francisco, California, Estados Unidos y, asimismo, por la presente se somete a la jurisdicción y sede de distintos tribunales y renuncia también a plantear cualquier excepción de forum non conveniens (foro de no estar de acuerdo)”.
Es un caso de extraterritorialidad: legalmente, desde Venezuela no existe ninguna posibilidad de defenderse. Lo máximo que se puede hacer es denunciar como simple usuario, de acuerdo a las mismas reglas de Twitter. Tampoco se puede controlar el contenido; ni siquiera el pajarito se hace responsable, según lo establecido en las condiciones de servicio, cláusula 4. La empresa se salva de no estar radicada en el país para no responder ante las autoridades de esta jurisdicción. Si las autoridades estadounidenses le hicieran reclamos y exigencias, la historia sería otra.
Según una investigación hecha por Luigino Bracci, publicada en su blog, cuando este tipo de llamados violentos y a concentraciones masivas se hace por ciudadanos en Estado Unidos, las consecuencias legales son inmediatas: prisión, allanamientos o multas. “Llamar al magnicidio en Twitter depende de si eres Obama o Maduro. Estados Unidos se toma muy en serio las amenazas de muerte a su primer mandatario, así sea por redes sociales. En 2013, Jarvis Britton, de 26 años, fue condenado a un año de prisión y tres años adicionales bajo vigilancia policial, por haber dicho en Twitter que quería matar a Barack Obama. Meses antes, otro joven, Donte Jamar Sims, de 22 años, fue sentenciado a seis meses de prisión por actos similares. En 2012, Joaquin Serrapio, de 21 años, fue sentenciado a tres años de libertad condicional tras haber amenazado a Obama en Facebook durante una visita a Miami. En 2010, Brian Dean Miller fue sentenciado a 27 meses de cárcel tras amenazar a Obama de muerte en el sitio web Craiglist”, dice Bracci de su investigación. También fue penalizado el inglés Jordan Blackshaw, de 20 años, por crear un evento en Facebook titulado “Destruir la ciudad de Northwich” (noroeste de Inglaterra).
Aquí en Venezuela, el país de las represiones, donde no hay libertad de expresión, ocurren, todos los días, a través de cuentas anónimas (entre las más conocidas:@dolartoday, @rebelioncivil, @opereracionlibertad, las infinidades de @anonymous y un montón de cuentas más, personales y colectivas, sin mencionar las cuentas de personalidades que hacen comentarios explícitos en contra del Gobierno, como el salsero Willie Colón o la actriz María Conchita Alonso), llamados al magnicidio, a atacar a seguidores del Gobierno y divulgar sus datos personales, así como a organizar guarimbas y actos desestabilizadores: claras violaciones a las leyes. Y no pasa nada.
VENDER CUESTE LO QUE CUESTE
“Las grandes corporaciones como Facebook, Google, Microsoft, Twitter, están destinando muchos recursos a la investigación de las estructuras sociales, a través de la data bruta recopilada por estos servicios de redes sociales”, explica Lezama, quien está segurísimo de que ese es el gran negocio de estas corporaciones. “Twitter no es otra cosa que una empresa con fines de lucro que se rige por las leyes de un país, que además está muy interesado en un cambio de ‘régimen’ en Venezuela”, explica Bracci. Tomando en cuenta estas dos vertientes, a Twitter le interesa vender y a su país la desestabilización de otros países. Así que hacer dinero a cuestas de la tragedia no será una tarea difícil: el pajarito feliz mientras sus redes se mantengan activas, así sea para ruines fines.
“En el principio Twitter no era lo que hoy conocemos como una red social (estilo Facebook), sino lo que se conoce como ‘microblog’ (una red de información donde colocar pequeños comentarios y enlaces hacia webs con el fin de obtener información inmediata sobre algo que pasa en el mundo y confirmación desde los seguidores), pero con el auge de la socialización digital, al estilo Facebook, tuvo que migrar a red social donde no solo se maneja el tráfico de información ‘veraz, objetiva y oportuna’, sino lo que le ocurre a la persona: sus sentimientos, emociones y fotos”, explica Alfredo Caamaño, analista de redes sociales, coaching en seguridad informática y comunity manager.
Caamaño explica que los Trending Topics (TT o tendencias) son los temas o palabras más difundidas de un evento a escala local, regional o mundial por los usuarios de Twitter, ente que analiza millones de tuits por minuto para colocar en los TT aquellas palabras o etiquetas que más se repiten y llevar una estadística de la frecuencia de un evento que impacta a los usuarios. Pero debido a las desventajas sociales de Twitter (la mayor parte de la información es insustancial), los TT no solo reflejan un acontecimiento sino una tendencia impuesta por un grupo con alta reputación —o robots, otra trampa de Twitter— que posiciona un comentario banal o una mentira, pero por la frecuencia de tuits forma parte de la estadística.
En la última entrega de los premios Oscar —la máxima representación de la hegemonía cinematográfica—, los tuiteros opositores quisieron posicionar a Venezuela como TT a través de las “menciones” a actores reconocidos. No lograron su cometido, pero hicieron que Jared Letto hiciera un comentario muy vago sobre la situación. Viendo la situación bajo esta lupa, ¿qué le va a importar a los dueños de Twitter cualquier violación de las leyes del Estado venezolano? Mientras más gente se una a su red, sea cual sea la razón, será una ganancia para ellos.
EL ENFOQUE CLASISTA DE TWITTER
El Twitter (ni ninguna otra red social) no es el medio con mayor capacidad de penetración en la población: la radio y la televisión siguen jugando el papel más importante. La internet no le llega ni por los talones, aún, a los medios anteriormente nombrados. Así, el acceso a la tecnología, por los momentos, es un consumo de las clases más pudientes. “Eso ya delimita el campo de batalla un poco más y demuestra la clara orientación clasista del ‘peso e influencia’ de las redes sociales”, opina Diego Sequera, jefe de redacción de la página Misión Verdad, quien, además, piensa que “todas las supuestas revoluciones Twitter son hipertrofiadas, magnificadas y mitificadas. Se dijo eso de Irán en 2009, se dijo de Egipto, se dijo también de Siria, de Ucrania, se dijo de Brasil el año pasado (y ahorita mismo con el mundial) y se viene diciendo de Venezuela. Esas ‘movilizaciones’ han sido sobrevaloradas en su papel definitorio, en las situaciones de calle. El porcentaje de población vinculada al universo 2.0 en Egipto es bajísima, pero el asunto es decir —y volvemos a la lectura clasista— que ahí está hablando ‘la sociedad’, la ‘sociedad civil’, sus ‘mejores’ ciudadanos porque son las clases medias pa’rriba, con acceso a la educación universitaria y a todos los privilegios de la circulación de capital”.
FIREWALL ANTIMAGNICIDIO
En vista de que no existe posibilidad legal de actuar contra un tuitero que infrinja la ley, existe la posibilidad por parte de Estado de bloquear todo servicio extraterritorial y privado, pero esa sería una medida muy antipopular. “Sin embargo, es un acto de soberanía que no se puede descartar”, comenta Bracci quien además cree que “debería ser sencillo poder reportar cualquier mensaje en el que se violen nuestras leyes, y la empresa Twitter debería cooperar eliminando esos mensajes y entregando la información técnica sobre sus autores a las autoridades. Pero en la práctica no es tan sencillo, ya que estas empresas se encuentran fuera de nuestro país y no hay nada que les obligue a cooperar con Venezuela”.
Sequera concluye que no le toca al discurso oficial defenderse de esos ataques por Twitter, sino a la “ciudadanía 2.0 chavista, y que el Estado y alto mando político se dediquen al desmontaje de la mentira”. Por otro lado, Lezama opina que se debería promover el desarrollo regional de servicios de redes sociales que contemplen las legislaciones locales. Algo parecido a lo que se hizo en China: allá no se puede acceder a Twitter, justamente porque dicha empresa se negó a cooperar con el gobierno chino y acatar sus leyes. Por esa razón, el Estado decidió bloquearlos y crear sus propias redes sociales para tuitear, como Weibo, pero “esa no es la alternativa que queremos acá. Por eso, los militantes del Gobierno Bolivariano nos hemos lanzado a las redes sociales a dar la batalla y defender políticamente el proceso de cambios en el que creemos”, concluye Bracci./ÉPALE/MIRADAS/CiudadCcs





