
Nunca como en estos años del chavismo había sido tan valorado el pensamiento y la acción de Simón Bolívar. Desde la Presidencia de la República, Hugo Chávez se encargó de difundirlo, de analizarlo en sus programas, discursos, entrevistas, y el pueblo que lo veía antes como una estatua, comenzó a hacerlo en toda su dimensión: como guerrero, como líder de un pueblo en armas, como luchador por la unidad latinoamericana, e insigne y consecuente en la búsqueda de la libertad, la justicia y la República.
No se trata de que hoy Bolívar es apreciado en su justa dimensión por los venezolanos, y a menudo citan algunas de sus palabras de más trascendencia, sino que los discursos que en fechas como esta de hoy por su natalicio, o del 19 de abril, 24 de junio y 5 de julio, que tanto se pronuncian en escenarios municipales y estadales, no hacían sino repetir las loas que comenzaron a decirse en el siglo XIX, esos discursos han cambiado radicalmente a la luz de la palabra de Chávez, de los hallazgos de historiadores con visiones distintas de la guerra patria y de sus protagonistas, algunos de ellos igualmente invisibilizados, y de los más variados episodios, y de sus ideas en tantos documentos esenciales para nuestra historia y la latinoamericana.