Tres componentes malditos

La historia política venezolana ha estado marcada por tres torcimientos:
-El latrocinio histórico de la Venezuela republicana.
-El rechazo genético de la derecha a la justicia social.
-La facilidad con la que dispensamos la transgresión.
Con ellos no hay socialismo posible. Si no atravesamos el umbral de la justicia, que es previo a una verdadera libertad, no pasaremos del reformismo popular.
Del primer torcimiento mencionaré sólo un caso. Parece anecdótico, pero, describe bien la impudicia que se ha mantenido en nuestra historia oficial. En 1830 Páez montó un cobro de peaje a la orilla del Orinoco, allí donde se embarcaban las reses entre Caicara y Cabruta. Lo recaudado era suyo, claro, luego que los matones a su servicio, se cobraban lo que consideraban su paga. Fue el primer pran de la Venezuela republicana.
El rechazo genético de la burguesía a la justicia, que es el segundo torcimiento, la llevó a asumir la libertad liberal sólo para la producción, los agremiados y el mercado. Para lo demás, carajazos. Pero, jamás produjeron, se dedicaron a acaparar, especular y contrabandear. Eso que vemos como guerra económica, es en realidad una convicción cultural que, además, les rinde provecho político. Dos pájaros de un tiro.
Con el tercero volvemos a lo anecdótico. Un fiscal general, Escobar Salom, declaró una vez, muy discrecional él, que hay circunstancias en las cuales la ley no tiene por qué ser aplicada. Tal torcimiento continua causando estragos en la Quinta. Los pranes de antes aprendieron ahora a formar colectivos.
Con el oleaje neoliberal de las últimas décadas llegó algo más sutil y encantador, la libertad para el emprendimiento, que no es otra cosa que la libertad para autoexplotarse. La gente lo compra fascinada. Desmadrarse así mismo es lo máximo de libertad, y mejor en el imperio. Pues bien, sépanlo, en el socialismo la puerta de la libertad está luego de la de la justicia. Si no hay justicia la libertad es sólo de la burguesía y sus seguidores. Para abrir esas puertas hay que enderezar los tres torcimientos.