Malena Petro
He escuchado al mismísimo Presidente Hugo Chávez decir en muchas ocasiones que “El diablo está en los pequeños detalles”. Esto no para darle importancia al rey del infierno sino quizás para hacer un llamado (pequeño y distante) a que en nuestra lucha diaria no dejemos cabos sueltos por ahí.
Pero es justamente los detalles lo que más descuidamos quienes estamos en la lucha de los torcidos. Estoy convencida que la derecha se esfuerza cada vez más por hacer bien las cosas, eso incluye mejorar el discurso de sus idiotas y abanderarse de las propuestas de los rojitos con tal de deshacerse del “régimen comunista”. ¡Hay que admírales la capacidad camaleónica que los caracteriza!.
Hace dos semanas presencié uno de los espectáculos más ridículos que he visto en mis años de vida (valga decir que son muchos). Un viernes se conmemoraba en la Plaza Bolívar y en compañía del embajador de Cuba, Rogelio Polanco, la llegada del prócer José Martí a Caracas. Desde el inicio de la actividad el sonido se escuchaba pésimo, imagínese usted 10 latas de leche llenas de piedras pequeñas y comprenderá a que me refiero.
Los oradores de orden leyeron sin que nadie les entendiera nada. Los chicos que hicieron una obra de teatro nadie los escuchó; el audio iba y venía porque alrededor de cinco personas le metían mano al controlador de sonidos sin poder lograr mucho. A través de la única corneta vieja con la que contaban, sólo seguía saliendo el ruido de latas llenas de piedra.
Sin embargo no consciente de la situación, los organizadores hicieron que la cantante invitada de origen cubano Albeydi Verdecia se lanzara al ruedo. Ella menudita pero llena de gloria se paró frente al público y no dejó de cantar a pesar de las adversidades, ni siquiera cuando se apagó el audio, porque entonces siguió haciendo su trabajo a capella. Tanto los espectadores como Polanco aplaudieron por minutos aquella gesta heroica no sé si para acompañar a la artista en su desdicha o para reconocerle sus meritos.
Pero esa escena no fue tan patética como cuando la maestra de ceremonia dijo que el evento se daba por terminado en vista de las dificultades presentadas con el sonido. Textualmente expresó: “De verdad que no sabemos qué pasó con el audio, es algo muy pero muy extraño”. Todavía me sigo preguntando a estas alturas: ¿Extraño?.
El lunes 31 de enero asistí a la UBV para la inauguración de la exposición fotográfica “Haití entre la agresión y la esperanza”, ¡y adivinen qué!, el sonido no servía. Otra vez el mismo Karma. ¿Hasta Cuándo?.
Unas buenas cornetas y un buen técnico de sonido (o alguien que sepa del asunto) en cada una de nuestras actividades acabarían con esta Increíble y triste historia de la Revolución Bolivariana y su sonido descontrolado.
Nota: Para no hacer más largo y tedioso este artículo omití muchos otros eventos y actividades donde el sonido nos ha dejado guindando.
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