Colombia/Palabras del Presidente Gustavo Petro en la presentación del programa ‘Full Popular’ liderado por el SENA

La gente no se divide entre formales e informales. La gente es trabajadora. Punto.

A veces, los lenguajes y las palabras van expresando ideologías, formas de pensar e incluso formas de poder.

Y aquí se han utilizado una serie de palabras en los últimos tiempos en Colombia que nos van mostrando unas relaciones de poder.

Por ejemplo, la palabra desechable, cuando se hablaba de los habitantes de calle. Desechable, ni más ni menos, significaba –y no sé si todavía lo usan por ahí– alguien que no importa, alguien que podría ser asesinado sin problema, alguien al que se desecha, a pesar de ser un ser humano.

Es un lenguaje de lo que yo denomino el fascismo.

Las mismas personas que usaban esta palabra aplaudían el que aparecieran los cadáveres de personas habitantes de calle, recicladores, mujeres, trabajadoras sexuales, muchas veces. Y después iban matando más y más y más, hasta que simplemente cualquier persona, simplemente porque estaba por ahí, terminaba fusilado con armas públicas, comprados con los impuestos de los colombianos, por miles.

La palabra iba expresando una terrible realidad, no era una simple palabra. Era una mentalidad asesina en la extrema derecha que piensa que unos seres humanos son inferiores a otros. Que hay –decían ellos– una raza superior y que todas las demás etnias y orígenes diversos del ser humano entonces son inferiores.

Así se ha moldeado nuestro país. La palabra marginal y la palabra poder.

Los que están dentro del poder son unos, la población marginada son otros. Cuando se divide la gente entre marginados y poderosos no estamos en una democracia, estamos en una sociedad profundamente autoritaria, sin libertades, sin derechos, sin democracia.

Marginados han vuelto a millones de colombianos y colombianas. Y en cambio, gente con poder es muy poca.

Nosotros lo que queremos en este gobierno es que la gente que llaman marginada tenga el poder. Y ese es un cambio completo de las relaciones, porque a partir de eso, se construye una democracia y se construye la paz.

Democracia significa en griego –de allá salió esa palabra– poder del pueblo. Demos en Grecia se le dice al pueblo. Y cracia, cratos, es poder. Una democracia no es más que el poder del pueblo.

Y si nosotros queremos una Colombia democrática, eso no es simplemente ir a elecciones, eso no es simplemente votar por unas personas muchas veces vendiendo el voto. Eso significa que todos los días la gente del pueblo tenga poder.

Cuando nos vamos hacia la economía, que la economía condensa el tema del poder y de la política –es como el receptáculo que determina qué clase de sociedad es la que tenemos– entonces aquí en Colombia se han inventado dos palabras, la economía informal y la economía formal.

Dentro del discurso dominante de la gente que ha gobernado a Colombia, lo que importa es la economía formal.

En cambio, contra la economía informal –decían ellos–, hay que destruirla, hay que hacerle la guerra. Ustedes vieron cómo perseguían vendedores ambulantes por las calles una y otra vez.

Ustedes han visto en los tiempos contemporáneos cómo sacan campesinos de sus tierras, las hileras de campesinos que terminan en estas ciudades en condiciones terroríficas, en realidad, porque su saber es producir alimentos.

Ustedes han visto cómo se golpea una y otra vez la gente que llaman informales.

En cambio, el gobierno, el Estado, el crédito, las formas como se puede garantizar un crecimiento de las ganancias y de la prosperidad, se van concentrando en lo que se llama formal. Nos dividen en dos.

La mayor parte de los puestos de trabajo que hay en Colombia están en lo que ellos llaman informalidad. La mayor parte de la forma como la gente de Colombia tiene algún tipo de ingreso, casi siempre por debajo del salario mínimo, es en eso que llaman informalidad.

Por eso nosotros dejamos de hablar de informales. La gente no se divide entre formales e informales. La gente es trabajadora. Punto.

Hay gente trabajadora que la emplean en fábricas, en empresas; le entregan un salario a cambio. Esa gente trabajadora es la que hace la riqueza de la empresa. Es a través de ese trabajo cotidiano como se hacen las mercancías, los televisores, las neveras, los carros que se venden en el mercado. Si no fuese por esa gente trabajadora, no había carros, no había televisores, no había neveras.

Dicen: no vamos a automatizar los procesos de producción. Y entonces, en vez de que un obrero esté haciendo un carro, un robot sin cerebro está haciendo el carro, pero se les olvida que para mover el robot se necesita gente que trabaja; para hacer el robot, para hacer la programación que hace que esa máquina se mueva en la velocidad y en la precisión que se necesita, se necesita entonces gente que trabaja cerebralmente los programas que hacen manejar la máquina.

Claro que el mundo del trabajo varía, cada vez necesita de más inteligencia. Cuando esa inteligencia se concentra en una minoría, están excluyendo a la mayoría de la gente de la inteligencia y, por tanto, del trabajo. De la inteligencia cultivada, como los campos, es decir, del saber, del conocimiento. El conocimiento es la fuerza del trabajo de hoy. Cada vez más, el megáfono que nos muestran necesita conocimiento para trabajar. El conocimiento es una fuente del trabajo.

Por eso nosotros no queremos dividir a la gente entre informal y formal; queremos que la gente del trabajo tenga el poder. Y el poder es el conocimiento, la información. El poder es el capital, el dinero con el que se trabaja. El poder es espacio para poder trabajar. El poder es capacidad de decidir y no de que otros decidan por uno. Poder es asociatividad.

Poder es el SENA si está en manos populares

Así como había unos monitos, que recuerdo en mi infancia, siempre aparecían “Amor es…”, ahora toca hacer unos que digan “Poder es…” también amor. Se vuelven sinónimos, porque cuando el poder es del conjunto de la población en una democracia, lo que hay es solidaridad y amor.

Cuando el poder es de una minoría, lo que hay es violencia, lo contrario del amor, muerte, como hemos vivido en las últimas décadas en nuestro país.

Así que el poder es el que el pueblo colombiano pueda trabajar con conocimientos, con créditos, con espacio, con capacidad de decisión, con asociatividad.

Y ahí es donde queremos enmarcar el empoderamiento de la economía que llamamos popular, la economía del pueblo y el SENA tiene que articularse al empoderamiento de la Economía Popular.

Poder es, entonces, el SENA, si está en manos populares.

Por eso en nuestro gobierno no queremos manejar cifras marginales, sino cifras que entreguen poder. Y los funcionarios del gobierno tienen que tener especial atención en ello.

Si nosotros movemos un crédito hacia la gente de la Economía Popular, en pequeñas cantidades, pues sí, puede hacerse un acto, podemos aplaudirnos, pero sigue la Economía Popular en el margen, no entra al poder.

En Colombia, por ejemplo, en general se entregan en crédito 140 billones de pesos al año en la banca privada. ¿Cuántos de esos 140 billones de pesos llegan a la Economía Popular? ¿Qué pasa si la gente de las peluquerías, hombres y mujeres, pudieran acceder a créditos baratos, a tasas de interés que no son como las que cobran actualmente en el gota a gota o en la banca privada?

¿No serían las peluquerías mejores? ¿No habría otras máquinas más perfeccionadas? ¿No habría métodos y tecnologías que hicieran que el cliente o la cliente tuviera una mayor satisfacción? ¿No habría, a través de la asociatividad, una mayor capacidad de decidir sobre el futuro de las peluquerías? ¿Qué pasa si habláramos de los mototaxistas, por ejemplo, o de los taxistas, que hace poco tuvimos una conversación?

Todo eso es Economía Popular.

Si hay una asociatividad –esa palabra se llama cooperativismo– que juntara mototaxistas, —no que un mafioso manejara a los mototaxistas—, si les pudiéramos brindar créditos con tasas de interés baratas, la moto, por ejemplo, ¿no se volvería un carrito? ¿no se volvería eléctrico para no contaminar y ayudar a hacer perder la vida en el planeta, no habría unas mayores posibilidades de ingreso, no habría un enriquecimiento de la Economía Popular?

Si por cada filón de Economía Popular, en todas sus actividades, pudiéramos brindar una masa mayor de créditos subsidiados, una masa mayor de conocimientos, más espacio, ayudar a configurar cooperativas, la Economía Popular cada vez sería más importante en Colombia, generaría cada vez más ingresos para construir una palabreja que me he inventado por ahí, que se llama prosperidad social descarbonizada, porque nos toca separarnos del carbón y del petróleo por las circunstancias que atraen en crisis al mundo.

Una prosperidad social que es lo que nos saca de la pobreza, que es lo que nos puede disminuir la desigualdad social y que por tanto nos puede llevar a la paz.

El papel del SENA es el de llevar conocimiento a la Economía Popular. Si hemos dicho que el trabajo es cada vez más inteligencia, conocimiento, entonces la función del SENA es irradiar esos conocimientos los más profundos posibles al trabajo de la economía popular.

El SENA, por tanto, no simplemente puede dar cursillos. El SENA tiene que retomar su misionalidad de la educación profesional y tecnológica para poder vincular ese conocimiento tecnológico a la Economía Popular, a las asociaciones de la Economía Popular.

¿Cómo se hace un zapato hoy? Yo, en mi alcaldía, pude ir al (barrio) Restrepo, a una cosa que llamábamos el Zasca, que es la palabra ‘conocimiento’ en chibcha, en muisca. Y los zapatos se empezaron a hacer con computador.

Entonces, ya no es como antaño que uno decía: ‘Yo voy aquí al almacén a comprar un zapato talla 38’, sino que le ponen a uno el pie encima de una plataforma de computador y el computador saca exactamente la medida del pie de uno, que no todos los pies son iguales, y el zapato se hace con la horma del pie del cliente y resulta que, entonces, es muchísimo más cómodo. No como los zapatos que me tocaba comprar con mi mamá, cuando me llevaba de la mano al (barrio) 7 de agosto, que había que hacer un cursillo de aguantar y resistencia hasta que se ablandaba el cuero.

Después de unos cuantos callos le sangraba a uno por detrás del pie y… bueno, entonces eso se llama ‘conocimiento’.

Eso no se sabía antes, se ha aprendido, programas, computadores, conocimiento.

Si eso se lleva a la Economía Popular habrá más riqueza, habrá más progreso, habrá más productividad. Por eso, vamos a enfrentar el empoderamiento de la economía popular, por lo menos con dos, tres tesis en este gobierno. No tenemos mucho tiempo.

Banco Agrario y Popular

El SENA tiene que generalizar los conocimientos en la Economía Popular con tecnologías, con tecnólogos y tecnólogas, que se pongan en esa función.

El Banco Agrario se va a transformar en Banco Agrario y Popular. Para ello hemos determinado que fondos que son del presupuesto y que se guardan en la banca por ahí –a veces hasta tiempos largos– o en el Banco de la República se pongan en el Banco Agrario para que haya un mecanismo mucho más grande, en un volumen mucho mayor de préstamos, a tasas de interés subsidiadas para la Economía Popular, no solamente rural, para el campesinado, para producir alimentos, sino urbana, es decir, para ustedes.

El Banco Agrario y Popular, por tanto, tendría que volverse el banco más grande de Colombia. Y la capacidad de entregar créditos debería ser mayor que la del Grupo Aval.

Solo que esos créditos no irían a los Odebrecht del país, sino a ustedes, hombres y mujeres de la Economía Popular.

Y hay un tercer elemento que me parece fundamental y es que nuestras instituciones que tienen que ver con el cooperativismo, tienen que volcarse en masa para organizar asociaciones, organizaciones colectivas de la Economía Popular de manera voluntaria, no obligatoria.

Por ejemplo. En un programa como el nuestro de arreglar casas en los barrios populares, que claro, la plata pública no va a un gran constructor, que arregla las casas, la mayoría de la gente tiene sus casas, su casita dicen, apartamentos en Bogotá a veces, hechos a través de la lucha popular y del esfuerzo popular.

La mitad de Bogotá se construyó así. Y casas que se deterioran, baños que no tienen la higiene adecuada, cocinas donde la comida se puede mezclar con venenos que caen por ahí, de animales, etcétera; arreglar esa casa debería ser una política pública: ayudar a arreglarla.

Pero no nos la va a arreglar un gran constructor. Nos la van a arreglar los albañiles del barrio.

Pero entonces necesitamos que se organicen los albañiles en los barrios, asociaciones de albañiles, para contratar con el Estado el mejoramiento de 50, 60, 100 casas en un barrio popular en todas las ciudades del país.

Eso quizás podría ayudarnos aún más a tener un buen vivir que la política de vivienda tradicional.

Incluso, cuánta gente que quiere techo… A propósito, ministro: ¿qué me dice de la consigna del Papa Francisco? ¿No es tierra, techo y trabajo?

Pues eso es más o menos lo que estamos haciendo.

Nosotros nos volvimos franciscanos por el Papa Francisco: tierra, techo y trabajo, es de lo que hablamos.

Pero las asociaciones populares de vivienda, los taxistas me decían: ¿cuál es la política de vivienda para un taxista? Y claro ¿dónde hay una política de vivienda para un taxista?

Tiene que ir a comprar, ver si le dan un subsidio. Pero, les decía a los taxistas: ¿y por qué no se configuran las asociaciones populares de vivienda, de tal manera que podamos, dependiendo de las regiones, autoconstruir vivienda con la ayuda del Estado; con los tecnólogos que saben hacer los barrios de una manera estética?

Con la ayuda del saber a la comunidad podríamos superar, entonces, problemas de techo, problemas de trabajo y en el campo problemas de tierra, que es en lo que estamos metidos.

Así que este es el resumen del programa de Gobierno hacia la Economía Popular.

Una Economía Popular empoderada, esa es nuestra política del trabajo.

Que no pueden alzar los salarios, nos dicen; que no pueden recortar la jornada de trabajo; que el día tiene que seguir siendo hasta las 10 de la noche y no hasta las 6 de la tarde, como creemos nosotros que termina, nos dicen.

¿Porque entonces, si se hace eso, echan a los trabajadores y crece el desempleo?

¡Mamola! ¿Quién dijo eso? ¿De dónde sacaron esa teoría estrambótica? Eso no existe en el pensamiento económico.

Un comerciante que puede vender hasta las 12 de la noche, porque tiene que contratar otra persona entre las 6 y las 12, en una media jornada, quizás, o rotar a los trabajadores, las trabajadoras en general, para cubrir hasta las 12, ¿entonces se va a molestar y va a cerrar su negocio?

Lo que va a haber son dos trabajadores, no uno. Porque lo que están haciendo es coger a la joven, a veces a la señora, a trabajar hasta las 12 de la noche, como si no se cansara, sobreexplotándola.

Nosotros lo que estamos proponiendo es crecer las fuentes de trabajo.

No es cierto que, si un trabajador en una fábrica gana mejor, entonces se crece lo que ellos llaman la economía informal. No es cierto.

Porque nosotros vamos a hacer que el puesto de trabajo en la economía informal, que es un auto-puesto, que no es un obrero, que es un ser independiente, pero asociado, tenga ingresos que incluso pudieran ser superiores al salario mínimo dentro de una empresa asalariada, quizás más.

Porque las cooperativas pueden tener el poder de la prosperidad social si tienen los conocimientos y los capitales suficientes.

Así que espero que la próxima vez que nos encontremos, nos encontremos aún con unos empresarios, unas empresarias asociadas muchísimo más poderosas.

Poder es unidad del pueblo. Así que tengamos el poder.

Muy amables y gracias.

Bogotá, 29 de agosto de 2023.