Por: Israel López Montaño
Internacionalista – boliviano venezolano
El 26 de junio de 2024, las noticias a nivel mundial reseñaron el súbito golpe de Estado militar encabezado por el general Juan José Zúñiga, comandante el Ejército boliviano, contra el presidente Luis Arce Catacora, quien en un acto de valentía afrontó a los golpistas y junto a los movimientos sociales en la calle, lograron el repliegue de los uniformados a sus respectivos cuarteles. Al finalizar el día, el general golpista fue detenido, junto a sus cómplices, y fueron puestos a la orden de la justicia. De esta manera el golpe de Estado militar quedó fallido y condenado por la mayoría de la comunidad internacional y organismos multilaterales.
Sin embargo, este hecho insurreccional colocó en el debate regional las contradicciones y pugna que atraviesa la dinámica política boliviana frente a las futuras elecciones presidenciales de agosto de 2025, y a la vez, desafía la continuidad de la revolución democrática y cultural emprendida por los movimientos sociales de indígenas, campesinos, obreros e intelectuales en 2005.
Para ello, es menester efectuar una caracterización del contexto político- económico boliviano en la actualidad, identificando los hechos e intereses que subyacen en las acciones de los principales actores políticos y sociales.
En el ámbito político, existe un desentendimiento entre el líder histórico del proceso boliviano, Evo Morales, y el presidente Luis Arce Catacora, destacado cuadro político y artífice del éxito económico durante los primeros 14 años de revolución democrática y cultural. El desencuentro, aunque denote cierta trivialidad, radica en la candidatura presidencial del Movimiento Al Socialismo (MAS) ante las elecciones del 2025. Ambos líderes de izquierda, llevan a cabo una pugna en todos los frentes: político, mediático, sindical y legal para declararse como el abanderado del MAS.
En el ámbito económico, la situación boliviana experimenta una ralentización del sector productivo, por ende genera fenómenos perniciosos como la escasez e inflación. Durante el primer periodo de cambio, con Evo Morales, Bolivia logró un crecimiento económico sostenido de 4,9% anual hasta finales de 2013 y una inflación controlada del 1,47% para el año 2019, según fuentes del Banco Central de Bolivia (BCB). En el segundo periodo del proceso de cambio, con el presidente Luis Arce Catacora, la economía se contrae y, fuentes como la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), estima que Bolivia tendrá un crecimiento promedio de 1,9% para el 2024, y una inflación del 4,48% para el mismo año, según proyecciones del FMI. Por su parte, el gobierno boliviano proyecta un crecimiento económico de 3,7% y una tasa de inflación de 3,6% para el 2024.
Las causas de la ralentización económica están motivadas por la falta de inversión y proyectos que posibiliten mayor producción de hidrocarburos, específicamente, el gas. La falta de divisas por concepto de exportaciones retarda el ciclo económico y genera escasez en productos estratégicos y limita el subsidio del combustible, que representa el 11,6% del Producto Interno Bruto.
La solución ante la ralentización de la economía boliviana pasa por tomar decisiones políticas en el Poder Ejecutivo, y legales en la Asamblea Plurinacional. Lamentablemente, la división política en el seno del MAS y consecuentemente en la representación parlamentaria, también separada entre “evistas” y “arcistas”, obstaculiza la adopción de medidas oportunas para re-encausar el crecimiento económico y producción nacional.
Este desencuentro entre Morales y Arce, viene generando un escenario propicio para el aglutinamiento de los sectores conservadores y derechistas, en la oportunidad de obtener réditos electorales de la incordia en el seno de las fuerzas políticas de izquierda y los movimientos sociales. La acción golpista de los militares del 26 de junio, se inscribe en las consecuencias de la diatriba política entorno a Morales y Arce. La derecha boliviana y el imperialismo aprovecharán la coyuntura política, y atizarán con otros hechos sociales, la división del movimiento de cambio para posicionar a su candidato conservador y configurar un escenario electoral proclive a un eventual triunfo, y a posteriori la entrega de los recursos naturales -el Litio- a empresas rapaces.
Por ello, urge que los movimientos sociales y dirigentes políticos, tomen conciencia de la gravedad que significa revertir el proceso de cambio a manos de las fuerzas derechistas e intereses imperialistas. La selección es inequívoca: unidad o regresión política y económica, de errar la restauración neoliberal trae consigo, represión y profundización de las desigualdades, es decir, el fascismo en su máxima expresión.
Afortunadamente, aún existe el tiempo, los canales y formas para adelantar un consenso en torno a una sola candidatura presidencial del MAS y continuar en el horizonte con la revolución democrática y cultural. Dependerá en última instancia de la visión, claridad y desprendimiento político de sus líderes y militantes.
Caracas, 08 de julio de 2024
