Una reflexión oportuna, a propósito del apagón mundial de la nube de Microsoft

El evento reciente conocido como apagón mundial informático de la nube de Microsoft evidenció dos cosas: la concentración de poder global de las empresas transnacionales de la tecnología y la vulnerabilidad del modelo “todo como servicio prestado” en la nube. ¡Mientras más grande mayor es la caída!

El primer aprendizaje es que por razones de seguridad, no solo de integridad y privacidad de datos e información, ni para evitar los ciberataque que amenazan la prestación ininterrumpida del servicio, sino por simple sentido común y estratégico, hay ciertos eslabones de la cadena de producción, cadena de valor, cadena de suministro, cadena de consumo, que deben estar bajo el control directo de la organización, sea esta empresa, Estado, individuo. A esta parte de la cadena de valor se le podría llamar núcleo duro. En esta oportunidad salió caro la elección de “la computación en la nube” y el “todo como servicio”, sorprendió y conmocionó a todo el mundo, metafórica y literalmente.

Contrario a los que muchos pudieran creer, analizar esta situación va más allá del software que emplea la empresa, claro es muy probable que todos o la gran mayoría de los servidores de Microsoft usados para prestar su servicio de computación en la nube Azure usen sistemas operativos Windows en sus servidores, pero debido a que Linux, como sistema operativo de servidores, en el mundo, concentra el 62,7%, es muy probable que algunos servidores de Azure sean Linux, aunque sea virtualmente, para poder atender las demandas de sus clientes. Linux es el sistema operativo para servidores, estaciones de trabajo, PCs, tabletas, etcétera, que muchos asumen como software libre, cuando en realidad es software de código fuente abierto (en inglés llamado Open Source), podríamos decir un derivado o bifurcación de software libre original, se parecen pero no son lo mismo.

Hablar sólo del software libre es quedarse en el árbol y perder de vista el bosque o más aún la nación, la región, el planeta, solo por mencionar una de las tantas dimensiones posibles del todo.

Indudablemente una decisión fundamental es elegir cuál Tecnología de Información y Comunicación (TIC) usar, pero también se debe elegir cuál mundo de vida se quiere.

Se debe decidir cuál tecnología brinda la mayor posibilidad para lograr una apropiación que permita la libertad de usar, copiar, estudiar, compartir y modificar, individual, colectiva y permanentemente en el presente y para el futuro. Sólo hay un pequeño detalle, el para qué y el por qué de esa elección, el propósito al que debería conducir toda libertad, en especial si es compartido colectivamente.

Esta reflexión al hablar de software se refiere a todas las líneas de código de un programa o un algoritmo que hace tareas y arroja resultados con un propósito, es decir, un para qué y un por qué previamente establecido. No se refiere a ningún lenguaje de computación.

Si la elección y decisión se centra en el software, entendido en estos términos, estará incompleta, faltaría considerar el hardware ‒computadoras, maquinarias, robots, etcétera‒  asociado, necesario para que los algoritmos puedan lograr la automatización y reproducción de las tareas, procesos y soluciones deseadas, se debe saber si éstos son propietarios, abiertos, libres o públicos. A este matrimonio para toda la vida entre el hardware y el software se le llama Tecnologías Duras.

También, al elegir el software, con su pareja, se puede estar decidiendo por un modelo, una práctica, una forma organización operativa y funcional, por una manera de relaciones sociales entre las personas; es decir, se decide por un cómo, un por qué y un para qué, automáticamente, muchas veces sin saberlo. Posiblemente se esté iniciando un proceso de cambio cultural radical, es decir, se estén cultivando nuevas normas, costumbres, hábitos y aspiraciones. A veces, se incurre en el error de querer cambiar un software por otro ‒plan de migración‒ pero como respuesta se consigue rechazo por parte de los usuarios, se simplifica el análisis de la situación y se concluye con la sentencia: es debido a “la resistencia al cambio”, subestimando o desconociendo que se está cambiando una cultura consolidada; una cosa es cambiar un software a una computadora y un servidor pero otra distinta es cambiar la cultura a las personas, individual y colectivamente, cambiar la cultura a una organización con su normas, métodos, política, visión y misión. Las tácticas y estrategias son diferentes.

A las tecnologías que se enfocan explícitamente en estas innovaciones y mejoras sistemáticas de prácticas, procesos, organización, etcétera, se les llama Tecnologías Blandas, como ejemplos ilustrativos se pueden mencionar: el Taylorismo (1.911) y el Toyotismo (1.973), en la producción, y Scrum (1.986), como metodología ágil para la gestión de proyectos, y el pensamiento de diseño (1.950’s y 1.960’s), abarcando todas las etapas del proceso creativo e innovador de una organización.

Ahora sí, qué se respondería a la pregunta: ¿Cómo debe ser la tecnología: privativa, abierta, libre, pública?, a esta pregunta la respuesta más apropiada sería: depende, de qué se persiga, el por qué y para qué, el propósito, de lo qué se pueda y se quiera, desde dónde y en qué momento se esté y finalmente hacia adónde se quiera ir y llegar.

Sin entrar en debatir o deliberar sobre cada adjetivo a elegir para el software o la tecnología, quien escribe quiere compartir con ustedes algunas expresiones que reflejan su opinión al respecto:

Privativo, privado: cerrado, todo para sí mismo, bajo su estricto control, visto como parte de su patrimonio, con motivaciones que van desde el lucro, la seguridad, la ambición, la codicia.

Abierto: libertad individual para usar, estudiar, copiar, modificar hasta que convenga, pragmatismo puro.

Libre: libertad individual y colectiva para usar, estudiar, copiar y modificar, pero con una filosofía de vida y una visión de mundo; con la debilidad de que la licencia se puede cambiar y la propiedad de la marca y patente asociadas pueden ser en paralelo privadas o de particulares.

Público: libertad individual y colectiva para usar, estudiar, copiar y modificar permanentemente, con la garantía de la liberación de toda restricción de propiedad intelectual desde licencia, patente, marca y cualquier otra forma de propiedad intelectual.

En fin, todo depende de lo qué se quiera y se pueda como persona, organización, país, región, planeta, ello determinará el nivel de independencia ‒libertad para elegir‒ y soberanía ‒poder para decidir‒ posible.

En el caso específico de Microsoft, reducir la solución a la elección de si el software es libre o privativo, se queda corta, pues está empresa al igual que otras grandes de la tecnología cuentan con proyectos abiertos (Open Source), no solo como estrategia de negocios sino como modelo de negocios de nuevas plataformas, productos o servicios. Para conocer en qué andan al respecto sugiero ver la lista, con sus hiperenlaces, siguiente de proyectos Open Source: OS-MicrosoftOS-AppleOS-GoogleOS-Amazon,OS-IBMOS-MetaOS-HuaweiOS-SamsungOS-JP Morgan.

También, hay otras formas de participar en los proyectos y ecosistemas de Software Libre y Software de Código Fuente Abierto (OS) tales como: siendo donadores de las organizaciones sin fines de lucro que dirigen y gestionan el proyecto; participando con empleados de planta en los proyectos, en especial administrando las contribuciones, mejoras y modificaciones; integrando el producto obtenido en los servicios prestados, como por ejemplo, hizo Amazon empleando el motor de búsqueda “Elastic search” en sus servicios (ver Elasticsearch cambio de licencia y Acuerdo Elastic y Amazon sobre demanda por marca); comprando el producto final una vez depurado y validada su propuesta de valor como en el caso de Github, repositorio de aplicaciones y control de desarrollo, comprada por Microsoft (Microsoft compra Github, 2018); otra forma es creando en paralelo una empresa con fines de lucro para que comercialice versiones premium de producto. De seguro que si se explora se descubrirán otras formas.

Conjeturas

.-Las plataformas digitales de servicios y las nubes de computación de las empresas de tecnología transnacionales están colonizando a la Internet, dejando a esta última como un red de acceso a sus predios. Los principios establecidos en la Internet original se restringen en estas colonias a través de las normas establecidas en sus condiciones de uso y política de privacidad, que se deben aceptar previamente para acceder a sus servicios ‒es una especie de contrato de adhesión.

.-En estas relaciones de intercambio, en apariencia gratis, hay costos ocultos implicados, tanto individuales como colectivos, quizá muy altos, más allá de los económicos. Es probable que no sólo uno sea el producto que se vende en cuanto a la conversión en datos y mercantilización de su privacidad, puede que también se venda independencia, grados de libertad, soberanía.

.-La seguridad no es solo lógica, en cuanto a la integridad de los datos en su procesamiento, almacenamiento y transmisión, en cuanto a la continuidad ininterrumpida de la prestación de sus servicios en la red; también es seguridad física, en cuanto a planta física donde se ubican los equipos, en su acondicionamiento, en las restricciones de acceso, en la provisión ininterrumpida de los servicios públicos como agua, energía, telecomunicaciones; igualmente es seguridad en cuanto al personal que opera y mantiene dichos servicios.

.-Mundializar la cadena de valor implica un control y mantenimiento estricto de las empresas vinculadas y una estrategia compleja de atención/respuesta ante contingencias.

.-Las grandes empresas de tecnologías transnacionales son actores de peso de la geoeconomía pero también de la geopolítica, en los análisis de escenarios deben ser consideradas. La guerra silenciosa entre China y EE.UU., está dando muestras de ello.

¿Qué hacer?

.-En otros escritos se ha insistido en desarrollar estrategias, planes y políticas no para el software o sus productos sino para todo el ecosistema que gira a su alrededor, comprendido, en: Industria, Formación, Financiación, Servicios, Investigación & Innovación & Desarrollo, Negocios, entre tantos otros. Esta recomendación perfectamente es extrapolable al desarrollo de otros sectores económicos.

.-Asociar la elección de una tecnología (dura: hardware y software) y la solución derivada que pretende, sea ésta libre, abierta, privativa y pública, con lo qué se quiere como individuo, organización, país.

.-Las decisiones en el ámbito tecnológico tiene dimensiones sociales, económicas y políticas, internas y externas. Hay que ir más allá de las campañas de marketing./UN