Renta petrolera y salarios de maestros y profesores

POr:Werther Sandoval

Hay una variable ineludible a incluir en cualquier intento por explicar la caída progresiva de los ingresos percibidos por los docentes de las universidades, liceos y escuelas públicas: la continua reducción de las rentas petroleras entregadas por Pdvsa al Estado.

Y no solo los ingresos de docentes. La continua merma de las remuneraciones también incluye en su lista a las recibidas por los trabajadores de la salud, del sistema judicial, bomberos, guardias forestales y, muy sensible, a las de todos los responsables de recoger nuestros desechos orgánicos e inorgánicos de las calles, casas y urbanizaciones.

La explicación tiene sus vericuetos pero es, en esencia, simple. Desde el descubrimiento en 1883 del pozo Eureka, en la Hacienda La Alquitrana, por la venezolanísima compañía Nacional Minera Petrolia del Táchira, fundada en 1875, la historia de Venezuela está determinada por la propiedad, uso y destino de la renta petrolera. El Estado se convirtió en el gran botín.

Decimos 1883 por decir un año significativo, pero hay más historia por contar, como es la visión premonitoria del primer rector de la republicana Universidad Central de Venezuela, UCV, el médico José María Vargas, quien en 1839 dijo: “(el petróleo) este hallazgo es más precioso y digno de felicitación que el de las minas de plata y oro”.

Desde ese instante la historia del Estado, a través de su aparato político y administrativo, el gobierno, está signada por devenir de la renta petrolera, cuya captación tomó fuerza, con vaivenes, con el arribo de la insaciable y voraz gula pesetera de las empresas estadounidenses, holandesas e inglesas.

En esa pelea del Estado por captar la renta petrolera tuvo un papel histórico el falconiano Gumersindo Torres (1875-1947), llamado “Mi pelotica de goma” por Juan Vicente Gómez, pues el Benemérito usaba a su honesta personalidad Torres e ideario de justicia para captar mayores impuestos, dar beneficios sociales y de salud a los trabajadores, en momentos cuando consideraba pertinente bajar la temperatura política y subir los ingresos del Estado, o los de su bolsillo.

Pero tan pronto la gestión honesta de Torres entorpecía la genética cultura corrupta y saqueadora de las transnacionales petroleras – herencia enquistada y difícil de exterminar en Pdvsa-, y el Departamento de Estado de EEUU se quejaba del “maltrato” a sus connacionales, el dictador lo sacaba del gabinete, hasta una nueva oportunidad.

Así las cosas, poco a poco, tras cambios y reformas en las leyes de hidrocarburos, los cuales incluían alzas de regalías, impuestos y dividendos, la renta petrolera del Estado fue en ascenso y con ella las remuneraciones de los trabajadores y el auge en las construcciones de hospitales como el Clínico Universitario, de universidades como la UCV, y de todo el sistema de escuelas como la Técnica Industrial de los Chaguaramos, la Gran Colombia; liceos como el Fermín Toro, Luis Espelozín, Andrés Bello.

La puja del Estado por captar mayores rentas alcanzó su tope en 1976. Ese año los costos operativos de la empresa petrolera llegan a 18%, mientras que los ingresos del Estado por impuestos, regalías y dividendos, a 82%.

Es decir, de cada 100 dólares petroleros al Estado le entraban 82 “…cuando Venezuela producía 2.3 millones de barriles por día y la nómina de Pdvsa no pasaba de 20.000 trabajadores”.

Pero eso fue hasta ese momento. “Veinticinco años después, en el 2000, con la tecnología y la informática estaba mucho más avanzada, la producción petrolera era de 3.7 millones de barriles diarios y la nómina de 39.502 trabajadores propios y 9.355 de terceras empresas contratistas, ó 58% más personal, los costos operativos de Pdvsa subieron agitadamente a 82% mientras la participación fiscal del Estado bajó a 18%”, afirma Rafael Quiroz, en su libro Meritocracia Petrolera ¿Mito o Realidad?.

Quiroz es más explícito y detalla que mientras los costos operativos de Pdvsa se incrementaron 300%, los ingresos fiscales (regalías, impuestos y dividendos) que recibe el Estado como único accionista, disminuyeron 75%. “Son los méritos de la meritocracia”, exclama.

En su texto acopia la apreciación del profesor Víctor Poleo, quien señala que “de cada 100 dólares recaudados por Pdvsa, 80 dólares son autoasignados para sembrar petróleo sobre el petróleo, mientras que los 20 dólares restantes le son residualmente asignados al Estado propietario”.

“Durante los últimos 20 años la clase meritocrática de Pdvsa ha ejecutado una estafa continua y agravada a la nación por una suma promedio de 5.000 millones de dólares anuales, por lo menos”, dice Quiroz.

La voracidad y el poder de los meritócratas de Pdvsa era de tal magnitud, que el experto afirma que Pdvsa llegó a facturar más del doble de todo lo que recibió el Estado para cubrir sus gastos. “Su ingreso bruto fue 2,5 veces mayor que el ingreso de la República”, recalca.

Es así como los relativamente más respetables y merecidos salarios que recibían en las décadas de los 60 y 70 los profesores universitarios, los docentes de liceos y maestros de las escuelas, el personal de salud y del sistema judicial, a partir de la creación de Pdvsa, en 1976, fueron progresivamente cayendo a medida que se venían a menos los ingresos fiscales del Estado, único accionista de Pdvsa.

Hoy, si bien se ha revertido la relación de ingresos del Estado versus los de Pdvsa hasta alcanzar una cifra por investigar y publicar en ésta sección PaisPetroleo, los aportes fiscales de Pdvsa, con 84.000 trabajadores propios, no son en cifras absolutas los deseables por causa de las medidas coercitivas ilegales que obstaculizan el desarrollo normal de su producción que, a paso lento, cifró 989,000 en octubre pasado, menos de la tercera parte de los 3.7 millones de barriles producidos cuando apenas aportaba al Estado 18 dólares por cada 100.