“No cambió nada en su comportamiento desde sus primeros años en la política”, dice este camarada de toda la vida
Por: Jimmy López Morillo
Días atrás se cumplió el primer mes desde esa madrugada del 3 de enero, cuando el pueblo venezolano fue sorprendido por el brutal bombardeo desplegado por las fuerzas de Estados Unidos contra nuestra patria, dejando más de un centenar de muertos entre militares y civiles, además de decenas de heridos, luego de varios meses de un implacable cerco naval bajo la excusa de la supuesta lucha contra el narcotráfico.
Ese nefasto amanecer también dejó el secuestro del presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, en un hecho que ha quedado registrado como una de las más infames violaciones del derecho internacional, como ha sido denunciado por numerosos gobernantes, dirigentes y analistas del mundo.
La ilegal medida también propició una serie de manifestaciones alrededor de todo el planeta exigiendo la liberación del mandatario y su compañera, que en nuestro país no han dejado de producirse durante estas semanas.
En medio de esta situación, han surgido las voces de quienes conocieron al actual Jefe de Estado venezolano incluso desde sus inicios en la política, siendo todavía un muchacho, testimoniando su condición de militante disciplinado y sus dotes para el liderazgo desde sus primeras incursiones en este campo.
Tal es el caso de Antonio Aponte, un luchador social de larga trayectoria, fundador del periódico La Vega Dice, quien conoció a Maduro a finales de los 70, cuando ambos militaban en la Liga Socialista, un partido marxista-leninista fundado entre otros por Jorge Rodríguez padre, Carmelo Laborit, Fernando Soto Rojas y David Nieves.
Allí coincidieron en distintas actividades, que los llevaron a consolidar una amistad que se expresaba incluso hasta cuando Maduro, ya en el ejercicio de la Presidencia, lo reconocía en los actos a los cuales asistía. Hoy, además de la indignación por el secuestro de su viejo camarada y su esposa, así como por la agresión imperial contra nuestra Patria, expresa su orgullo por la forma en que el Presidente se ha comportado desde su condición de prisionero de guerra en Nueva York.
—¿Te ha sorprendido la actitud con la cual el Jefe de Estado ha afrontado todo lo que ha ocurrido desde su secuestro?
—No, para nada, porque ese es el comportamiento que debe mantener sobre todo por la formación que él tuvo en la Liga Socialista, como parte del movimiento popular. Claro, tuvo muchos ejemplos y no podíamos esperar menos de él. Nicolás es hoy un reflejo de la formación, la preparación de la militancia desde el punto de vista ideológico. Es un ejemplo por sobradas y probadas razones para todos los revolucionarios. Para mí no es extraño que el imperio nos haya golpeado, pero él ha mostrado que está muy curtido por el trabajo que desarrolló desde hace mucho tiempo y toda la experiencia que adquirió junto al comandante Chávez, eso lo fortaleció.
—¿Cómo te sientes por su secuestro y el de su esposa Cilia Flores, así como por toda la amenaza que sigue contra el país en estos momentos?
—Por supuesto que eso le pega muy fuerte a muchos movimientos, porque se trata de la figura del Presidente y es evidente que por cualquier situación que pueda afrontar algún camarada con el cargo que ocupa en este caso, uno es susceptible, pero debido a la relación que tengo con él, pega más. Sin embargo, eso forma parte de las luchas y de alguna manera se vislumbraba algo, pues todo aquel que se enfrenta a la burguesía, al imperio, está propenso a esos riesgos. Nunca dejamos de confrontar ese tipo de situaciones. Cuando suceden a uno no le parece tan extraña la actuación del imperio. Claro, no esperábamos una situación de esa magnitud. Desde los tiempos de la Liga Socialista vivíamos bajo constante represión, asesinatos de militantes, como el caso de Jorge Rodríguez, quien decía que el riesgo que corremos es parte del desprendimiento que debe animar a todo revolucionario. No era una mera consigna, lo vivíamos a diario, con las desapariciones, torturas; recordamos el caso de David Nieves, que es emblemático, un preámbulo de lo que podía pasar toda persona que enfrenta al imperio en función de la transformación de la sociedad.
—¿Cómo conociste a Nicolás cuando militaban en la Liga Socialista?
—Lo conocía por las distintas actividades que se realizaban en el movimiento de barrio, porque él formaba parte de esas estructuras. Coincidíamos en La Vega, El Valle, Antímano, Cementerio, donde teníamos militancia, donde semanalmente hacíamos tomas y nos relacionábamos los integrantes de las distintas parroquias, 5, 7, 8 personas, no era algo tan masivo, así comenzamos a vincularnos en labores de propaganda, pinta de murales. Posteriormente en la parte obrera, pues siempre coincidían algunas con el movimiento estudiantil, ahí nos encontrábamos todos esos frentes de lucha que tenía la Liga.
El núcleo de La Vega estaba formado por 6, 7 militantes. También había presencia de otras organizaciones revolucionarias como los CLP (Comités de Luchas Populares), Ruptura con el periódico Qué Hacer y así nos permitía tener un mayor conocimiento de las actividades y movimientos de los distintos sectores de Caracas. Luego, como me desempeñaba laboralmente en las publicaciones en los bomberos y él tenía la necesidad de reproducción del periódico del Metro, como militante de la Liga me tocó en varias oportunidades hacerlo. Inclusive estuvo presente en varias oportunidades en el sitio donde realizábamos esa tarea. Así fue como comenzamos a establecer esa relación.
—¿Les asignaban algunas tareas en conjunto en la Liga?
—Como la actividad que él desarrollaba era en lo sindical y yo estaba vinculado a la parte del barrio, eso no nos permitía tener una mayor articulación, salvo cuando había actividades generales a las que asistían las distintas instancias del partido, entonces, las relaciones que se fueron estableciendo me permitieron conocerlo más, básicamente a través del periódico que ellos hacían en el Metro. Yo, al mismo tiempo, estaba vinculado a la parte vecinal y eran diferentes escenarios en los que nos movíamos.
—¿Cómo era él en esos momentos?
—Era un dirigente ya, a pesar de su juventud, con una mayor activación en cuanto a lo que se venía realizando en esos momentos; era ducho en la materia. Era responsable en El Valle, formaba parte de la dirección regional del partido. Sin embargo, su mayor participación en la parte obrera era en el Metro, como ya he dicho. En La Vega el responsable era el camarada Mario García, formaba parte del Sindicato de Educación del Pedagógico, donde estaba (Eduardo) Piñate, entre otros y eso nos permitió vincularnos con otro tipo de instancias orgánicas de la Liga.
—¿Así comenzaste un nivel de amistad con el ahora Presidente?
—Indudablemente, así como con muchos otros, que ahora tienen una militancia en otras organizaciones que luego se unieron al comandante Chávez. Otros nos quedamos en la Liga y después de haber avanzado todo lo que se dio con Chávez, Nicolás dejó de militar en el partido y pasó a formar parte de su movimiento. Nos veíamos en muchas oportunidades porque él seguía en el Metro y me lo conseguí en varias oportunidades en la estación La Paz. Ya buscaban la vinculación con Armando Guerrero, porque ya estaba conformado el MVR por la orientación que había dado el comandante Chávez y él insistió en muchas oportunidades en que uno participara en esa organización, aunque nosotros conservamos nuestro perfil como La Vega Dice, que ya estábamos en la calle desde el 79 como parte del movimiento popular. Sin embargo, siempre manteníamos ese tipo de relación. Él fue escalando y cuando estaba en Cancillería me decía que lo buscara, pero uno sabe lo difícil que es contactar a alguien cuando asume puestos de poder.
—Comenzó también una relación con los integrantes de La Vega Dice.
—Claro, porque había toda una serie de actividades como movimiento popular y diferentes militantes del periódico asistíamos. Así estuvimos en contacto con Jesús Martínez, con el viejo (Fernando) Soto Rojas, etc, todos militantes de la Liga. Incluso, teníamos una participación destacada porque éramos de La Vega, integrantes de una organización relacionados con miembros de la dirección regional como Félix López, quien llegó a ser concejal tras el acuerdo al que se llegó en unas elecciones municipales con los distintos partidos. Paralelamente estaba David Nieves, quien con nosotros tenía un trato muy especial, porque conocía nuestras luchas y se acercó en muchas oportunidades. Con él nos mantuvimos muy cercanos hasta el momento de su partida física.
Nicolás, como militante de la Liga Socialista, sabía del trabajo que veníamos realizando desde antes de que apareciera Chávez, porque La Vega Dice ya tenía varios años. Casi todos los amigos que han participado en este movimiento, llámese el sector de los curas, la organización Terepaima, que propició la creación del periódico, que luego se convirtió también en una organización popular, casi todos los militantes desarrollábamos algunas tareas abiertas, como la biblioteca, el cine-club. Él sabía quiénes estábamos en eso y así fue como conoció a los integrantes. Todos esos compañeros que participábamos en esos movimientos, como Rafael Angulo, Rubén Villasana, Américo Morillo, Omar Lira, Jimmy López y muchos otros comenzamos a tener contactos con él en mayor o menor medida, al principio con el Cine-Club, el laboratorio de fotografía, la parte de alfabetización, áreas en las cuales él se manejaba.
Todos coincidíamos con él también en otras instancias como los comités de solidaridad, las actividades que se realizaban, inclusive, ya en el movimiento en lo que respecta a la parte del barrio, tanto en las asociaciones de vecinos como posteriormente los consejos comunales, todo lo que comenzó a nuclearse en La Vega Dice, que como dije ya para entonces no era solamente un periódico, sino que comenzó a vincularse al trabajo en las distintas comunidades. Para finales de los 80, comienzos de los 90, Nicolás continuó escalando posiciones a nivel nacional y nunca se desvinculó de las actividades que realizábamos.
—En la medida en la que fue ascendiendo y luego con la llegada del comandante Chávez, a la Presidencia, ¿se mantuvieron esos vínculos?
—Sí se mantenían, aunque de manera menos frecuente por las responsabilidades que él fue adquiriendo, pero nosotros manteníamos relaciones con otros responsables de la Liga Socialista, como los ya mencionados David Nieves, Félix López, Mario García, entre otros.
—Él inclusive ya siendo presidente llegó a mencionarte en cadena nacional varias veces.
—Sí, por ese vínculo que establecimos cuando le reproducía el periódico del Metro. Él conocía no solo el trabajo mío, sino el de todos los camaradas de La Vega Dice, por la activación permanente que teníamos en la parroquia, por la constancia que mantuvimos a lo largo de los años. Es importante apuntar que si bien nosotros tuvimos algunas diferencias con quienes dirigían el Partido Socialista Unido de Venezuela en la parroquia cuando fue conformado, por razones que no vienen al caso, no dejamos nunca de respaldar este proceso revolucionario. Incluso, muchos de nosotros nos inscribimos en el Psuv, yo llegué a formar parte del equipo político parroquial, fui integrante de la Junta Parroquial y otros compañeros llegaron a ocupar cargos de importancia, pero con un nivel de autonomía en La Vega Dice que se sigue manteniendo hasta estos días. Jamás compartimos posiciones sectarias, tampoco caímos en el fraccionalismo. Teníamos nuestras posiciones críticas, pero sabíamos y sabemos cuándo, dónde y cómo expresarlas. Eso lo entendió Nicolás siempre, a medida que fue escalando, como dije antes, pasando por el Congreso, luego en la Cancillería, en la Vicepresidencia y finalmente como Presidente de la República, por eso no solamente me mencionaba a mí, sino a los integrantes de La Vega Dice en algunos actos.
—¿Cómo era el comportamiento de Nicolás, que todavía era un muchacho, en esos momentos antes de llegar a ocupar cargos de importancia?
—Antes y después siempre fue muy activo, solidario, firme, intachable. Desde que comenzamos en la Liga, era colaborador. Por ejemplo, creo que poco se ha dicho que él se movía en el área de cine-club y nosotros teníamos uno en La Vega Dice. Impulsaba muchas actividades desde El Valle, San Pedro, todas las parroquias en las cuales tenía responsabilidades, llegando incluso hasta el 23 de Enero. Era un movimiento que se manejaba con cierta clandestinidad y muy poco liberalismo, quizás por eso fue tan poco penetrado, porque no era tan abierto, uno respetaba las instancias como tal y se limitaba al medio, al área en la cual se desenvolvía, pero no íbamos más allá hasta tanto no nos lo permitía el desarrollo de las luchas, de acceder a otro tipo de conocimiento o de movimientos con los cuales se manejaba el partido. Así era entonces.
—Te llamaba a ti por tu nombre clandestino, Cúa, pero no sabemos cuál era el suyo. ¿Tenía alguno?
—Siempre se manejó con su nombre, así lo conocíamos, porque cuando ya la persona tenía un sinnúmero de actividades, como en su caso, la clandestinidad como que cesa y la gente lo identifica. A mí me conocía por ese apodo porque así me fue asignado, manteniéndolo no tanto para la parte pública sino para la estructura del partido, del movimiento, donde todos teníamos uno establecido. Sin embargo, por ejemplo en La Vega no me llamaban por ese alias.
—¿Era tan alegre como se mostró públicamente siendo Presidente?
—Sí, él era muy abierto, no cambió nada desde entonces hasta ahora. Siempre estaba en los puestos de avanzada. Desde aquél que uno conoció hasta ahora siempre fue igual. Nunca dejó de ser una persona auténtica, amante de la música, de la salsa, por ejemplo, como seguramente lo somos la mayoría de los que hemos nacido o nos hemos criado en los barrios. Aficionado a los deportes, como también lo hemos podido ver. Era como el comandante Chávez, guardando las distancias, como seguramente él se apresuraría a advertir para evitar las comparaciones. Curiosamente, mientras Chávez era magallanero, él era caraquista, como yo, pero por supuesto que nunca llegamos a hablar de eso. Se hacía apreciar rápido. Por eso vemos a la gente identificada con él, luchando por él ahora, en medio de su secuestro.
Apuntes
- ”Fue un muchacho que rápidamente se destacó en la Liga Socialista, porque era disciplinado, incansable y respetuoso, asimilando las enseñanzas rápidamente”.
- “No recuerdo cómo se llamaba el periódico que sacaban, pero creo que era algo así como órgano informativo del Sindicato del Metro”.
- “Se me aparecía a veces en el departamento donde yo trabajaba en los Bomberos para que le reprodujera el periódico. Por supuesto, eso tenía también su nivel de clandestinidad, porque muy pocos dentro de la institución sabían que allí lo hacíamos, así como también montábamos La Vega Dice y muchos volantes que para la época eran considerados subversivos”.
- “En una oportunidad, en un pase que hicieron a una actividad que había en el parque Juan Cuchara de La Vega, él me vio en un paneo que hicieron y pidió no recuerdo a quién que me llamara y me diera un micrófono. Luego me calificó como un ‘revolucionario integral’, todo lo cual me sorprendió. También con frecuencia se refería desde la tarima a los demás compañeros de La Vega Dice, por el vínculo que nos unió con él a lo largo de todas las luchas que compartimos”.
