
Por Derrick Bryson Taylor y Adam Bernstein
21 de febrero de 2026
Willie Colón, trombonista, cantante, director de orquesta, compositor y productor, cuya energía musical e imagen juguetona de tipo malo —por mucho tiempo se le conoció como “El malo”— contribuyeron a convertirlo en una luminaria de la salsa neoyorquina, y cuya colaboración con Rubén Blades en 1978, Siembra, es uno de los álbumes de salsa más vendidos de todos los tiempos, falleció el sábado. Tenía 75 años.
Su familia anunció el fallecimiento en Facebook, pero no dio más detalles.
Criado en el sur del Bronx por su abuela puertorriqueña, quien fomentó su temprano interés por la música, Colón demostró una habilidad virtuosa con el trombón y ya lo interpretaba profesionalmente al inicio de su adolescencia. Llegó a la escena a mediados de la década de 1960, a la vanguardia de unos gustos musicales que cambiaban rápidamente entre los jóvenes, en una época de fuerte carga política.
Los sonidos influenciados por las big bands y los ritmos cha-cha de las décadas de 1940 y 1950, que habían definido gran parte de la música latina, estaban cayendo bajo la influencia del pop, el funk y el rock estadounidenses. Esa mezcla, que incluía elementos de R&B y jazz, así como ritmos de baile caribeños, se convirtió en sinónimo del sonido emergente de la salsa.
“Era música rebelde”, declaró Colón a The Miami Herald en 2006. “Veíamos a Martin Luther King entrando a Selma y los perros y cañones de agua. La música aún no era explícitamente política, pero era un imán que unía a la gente”.
Su primer álbum, El Malo (1967), grabado cuando tenía 17 años, lo presentó en tándem con la reluciente potencia vocal del cantante puertorriqueño Héctor Lavoe, e impulsó una carrera de casi seis décadas. Colón, a menudo representado en las portadas de los discos como amenazador, con el ceño fruncido y vestimenta oscura, adoptó la imagen de chico malo con una fanfarronería juguetona.
En la portada de Cosa nuestra (1970), aparecía junto a un cadáver en un muelle. En Lo mato (si no compra este LP), de 1973, apuntaba con una pistola a la cabeza de un hombre. Otro título de esta época, que contribuyó a hacer del sello Fania una fuente primordial de salsa, fue Crime Pays (1972). Décadas más tarde, Colón, que entonces vivía en los suburbios de New Rochelle, Nueva York, dijo que el mercadeo de “la cosa del tipo malo” había sido “siempre en tono de broma”.
La música en sí era una gloriosa mezcolanza de sonidos e historias, con personajes como “Vicente el carterista”, mientras Lavoe hacía gala de una deslumbrante habilidad para improvisar con letras trabalenguas, y Colón aportaba un emocionante pulso de metales con sus arreglos cargados de trombón.

La relación con Lavoe, que desarrolló una adicción a las drogas, se deterioró, y Colón encontró otras colaboraciones musicales fructíferas, como con su mentor, el cantante Mon Rivera, en canciones bailables tan irresistibles como “Tinguilikitín”, y, sobre todo, con Blades, el cantante y compositor panameño.
El disco que hizo con Blades, Siembra, fue considerado un hito en el género, con un toque de conciencia política centrada en el barrio. Salvajemente ambicioso temática y líricamente, incluso rendía homenaje al cabaret de la era expresionista alemana como La ópera de los tres centavos con “Pedro Navaja”. Esa canción, inspirada en “Mack the Knife”, detallaba el desenlace de un criminal de East Harlem tras cometer un asesinato.
Colón, que también grabó con Celia Cruz y Tito Puente, entre otros, recibió el premio honorífico de la Academia Latina de la Grabación en 2004. En 2015, la revista Billboard lo nombró uno de los 30 artistas latinos más influyentes de todos los tiempos, y músicos más jóvenes como Rauw Alejandro y Daddy Yankee expresaron su admiración por él.
William Anthony Colón Román nació el 28 de abril de 1950 en el sur del Bronx. Dijo que su abuela, que trabajaba en un taller de miseria, lo crio porque su padre estuvo varias veces en la cárcel y su madre tenía 16 años.
La incursión de Colón en la música comenzó cuando su abuela, que lo introdujo en la música de su tierra natal, le regaló una trompeta cuando cumplió 11 años. Un vecino y músico profesional le enseñó a tocar el instrumento y a leer música. “Practicaba todo el día, lo que volvía loco a todo el mundo”, dijo al Herald.
Tres años después, había cambiado la trompeta por un trombón de válvulas —le encantaba su “rugido”, dijo— y comenzó a tocar en bodas y otros eventos con sus propias bandas. A los 16 años, empezó a ser la sombra de Mon Rivera en clubes nocturnos.
“Me quedaba por ahí con mi trombón y la cara triste hasta que Mon me daba una oportunidad”, recordó. “Me decía ‘OK, sube’ y me dejaba tocar. Me llamaba ‘el Americanito’”.
Después de Siembra, Colón y Blades se asociaron en álbumes aclamados como Canciones del solar de los aburridos (1981) —que incluía los exitosos sencillos “Tiburón“ y “Ligia Elena”—, pero terminaron cayendo en una agria disputa por dinero que duró años y rompió la relación.
Colón dijo a The Herald que, aunque seguía grabando, se sentía cada vez más en desacuerdo con una industria centrada en el atractivo comercial por encima de la innovación, incluida una tendencia hacia intérpretes que, en su opinión, eran mucho más atractivos físicamente que dotados musicalmente.
“Cuando entraron las empresas, se convirtió en otra cosa, porque necesitan una fórmula y un producto fiable”, dijo. “La genialidad de la salsa era la libertad: no había reglas”.
Interesado desde mucho tiempo por la política, en 1994 desafió sin éxito a un titular demócrata en el cargo de senador estatal por el Bronx y la parte baja del condado de Westchester. Una década después, trabajó para el alcalde Michael Bloomberg como enlace con la Comisión de Medios de Comunicación y Entretenimiento Latinos de la ciudad.

En 1991 se casó con Julia Craig, y tuvieron hijos. No se dispone de una lista completa de supervivientes.
En los últimos años, Colón apoyó el reguetón por su bravuconería y energía callejeras, y rechazó a quienes criticaban sus letras por considerarlas violentas y vulgares. El reguetón, declaró a The Herald en 2006, “pasó desapercibido porque venía de la calle”, y añadió: “Me identifico mucho con él”.
Colón estaba en armonía con el énfasis del nuevo estilo en romper con la tradición. “Puede que se haya dicho de algunos ritmos de reguetón que están mal, que no se puede hacer eso”, dijo. “Pero si musicalmente se siente bien, lo haces”.
Derrick Bryson Taylor es un reportero del Times que cubre noticias de último momento sobre cultura y artes.
