YULIMAR REYES: LA VOZ SILENCIADA DEL PUEBLO REBELDE DEL 27 DE FEBRERO

En el transcurso de la mañana del lunes 27 de febrero de 1989, más de 5 mil soldados bisoños traídos en su mayoría del interior del país y sin entrenamiento alguno para enfrentar protestas urbanas, salieron a las calles de Caracas y Guarenas y sin mediar un aviso o una advertencia, comenzaron a disparar contra el pueblo que no portaba armas

Por. Daniel Madrid. convirtiendo a la población civil en el enemigo interno, siguiendo los manuales de la CIA y de la Escuela de Las Américas, con los cuales se instruían a los oficiales de las Fuerzas Armadas de Venezuela durante la Cuarta República. A este componente militar se le sumó la agresiva e inescrupulosa Policía Metropolitana, la Disip, la PTJ, la Guardia Nacional con sus tanquetas,  además de los cuerpos de inteligencia y para policiales de las prefecturas, quienes dispararon a matar como quedó demostrado en las más de 3.000 víctimas que dejó el Sacudón del 27 de Febrero de 1989. Según refleja una investigación realizada por la revista SIC del Centro Gumilla, entre el 27 de febrero y el 6 de marzo de ese fatídico año, las fuerzas represivas percutieron 4 millones de municiones contra un pueblo indefenso que reclamaba sus derechos, violentados por el paquetazo de medidas económicas implementadas por el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez e impuestas por el Fondo Monetario Internacional,  anunciadas días anteriores. El pueblo enterado del grave  contenido de dichas medidas, se mantenía a la expectativa de su aplicación, presintiendo que sería un duro golpe al ya devaluado sueldo que le pagaban. El detonante del posterior estallido social de esa mañana que disparó la revuelta popular, fue el aumento del pasaje del transporte urbano e interurbano entre  Caracas y otras ciudades como Guarenas, la Guaira, Maracay, Valles del Tuy, Los Teques y otras poblaciones cercanas a la capital, ya que los transportistas inescrupulosos pretendían subir los precios un 50 o 100 %  aunque sólo estaba permitido un incremento no mayor al 3%, lo que ya de por sí, era un golpe fatal para el bolsillo de los trabajadores. A esto se le sumó el hecho de que eliminaran además, de un plumazo, el beneficio del medio pasaje estudiantil conquistado en muchas jornadas de lucha y que había costado la vida de varios estudiantes universitarios y de educación media. El acaparamiento y la especulación de los productos de primera necesidad, que venía sucediendo desde semanas antes del 27 de febrero, había causado desabastecimiento e hiperinflación, siendo esta irregularidad el otro detonante que desató la furia de la población de menores recursos y una de las razones que originaron la protesta popular en Guarenas y Caracas que se extendería horas después a todas las ciudades del país. Ese lunes 27 de febrero, la estudiante del sexto semestre de la Escuela de Letras de la UCV, Yulimar Reyes como de costumbre, se encontraba en las calles de la capital desde muy temprano. Las protestas en los terminales de buses de Guarenas y de la Hoyada en Caracas, se venían generando desde las 6 de la mañana, cuando los usuarios habituales de esas rutas interurbanas, se encontraron con el aumento desproporcionado  del pasaje. Yulimar Reyes como a las 10 de la mañana, ya en el ojo del huracán de las protestas, que se habían extendido al barrio San Agustín y toda la avenida Lecuna, es entrevistada en directo por reporteros del extinto canal Radio Caracas Televisión que para entonces mantenían contradicciones inter burguesas con los sectores económicos del recién posesionado gobierno de CAP. Yulimar Reyes frente a los reporteros con un pueblo atrás y atento a sus declaraciones, no desperdició tiempo en  palabras vagas, ni en verborrea vacía, típico de algunos dirigentes reformistas de la época, yendo al grano en su intervención. A las preguntas de los reporteros, de cuáles eran los motivos de las protestas y las razones del descontento, Yulimar respondió poniendo el dedo en la llaga diciendo: “Es por el alto costo de la vida, es por el aumento del pasaje, es la falta de aumento de salario; porque dijeron que era del 30% de aumento salarial y es absolutamente incierto, porque lo que están aumentando es un 10% ”,  y terminó descalificando el paquetazo neoliberal de Carlos Andrés Pérez. Esa entrevista vista por millones de televidentes que seguían lo que estaba sucediendo en las diversas ciudades del país, bastó para que Yulimar fuera sentenciada a muerte por las fuerzas más reaccionarias de la policía política de entonces, conocida como la Disip. Sólo había pasado menos de media hora de su aparición en la televisión cuando Yulimar Reyes, caminando aún por los pasillos de Parque Central, es interceptada por un cabo de la Policía Metropolitana de apellido Canelón, quien sin mediar palabras, descargó la escopeta de  perdigones a quema ropa en la humanidad de la activista cultural y estudiante de la UCV, produciéndole heridas letales en el cuerpo (cuello y brazo). Como es del conocimiento de la Fiscalía, por denuncias de organizaciones de Derechos Humanos del país, la Policía Metropolitana “aliñaban” las escopetas de perdigones que utilizaban, con tuercas, clavos y plomos de rolineras de vehículos, para causar un mayor daño a los estudiantes que protestaban en las calles en aquellas décadas. Yulimar Reyes fue recogida malherida  y montada en una ambulancia que la llevó sin demora al Hospital Clínico Universitario como a las 11 de la mañana, llegando al hospital ya sin signos vitales. La trágica noticia del asesinato de la estudiante de Letras de la Universidad Central de Venezuela, corrió como pólvora en el claustro  universitario, creando una gran conmoción entre sus compañeros de esa casa  de estudio. El cuerpo inerte de Yulimar Reyes fue acompañado al Cementerio General del Sur por cientos de estudiantes en buses de la UCV, allí le dieron el último adiós a la valiosa activista cultural que se perfilaba como una gran líder de la juventud ucevista con sólo 22 años de edad. Yulimar Reyes había nacido en1967 en Catia parroquia Sucre, y desde pequeña convivió con los desterrados de la tierra, y de allí su identificación con los humildes que vivían del día a día a pesar de habitar en un país, llamado alguna vez la “Venezuela Saudita” potencia en exportación de petróleo y hierro. A Yulimar sus compañeros más  entrañables la llamaban “Yoko”, como la esposa de John Lennon, por sus ojos rasgados, mas indígenas que japoneses, ella le dedicó parte de su vida a los niños de Nueva Tacagua a quienes entretenía haciéndoles muñecos y juguetes con materiales  reciclados obtenidos de la basura. Era conocida también como la “titiritera”, porque interpretaba obras infantiles con los títeres que ella misma construía. Nueva Tacagua está  ubicada a 13 km del centro de Caracas, en una zona de difícil acceso, fue construida en un terreno inestable y con falla sísmica por el INAVI en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. En 1975 fueron depositados como objetos, habitantes que habían quedado sin sus precarias viviendas a causa de torrenciales aguaceros y fueron llevados temporalmente al Helicoide, lugar carente de condiciones idóneas para vivir dignamente por Diego Arria quien entonces era el gobernador de Caracas. Nueva Tacagua también era conocida por sus vecinos como “ciudad zombi” por las condiciones paupérrimas e inhumanas en que sobrevivían los que allí habitaban y todavía hoy, hay personas viviendo en lo que queda de Nueva Tacagua, muchos de ellos llegaron a ese lugar con 15 años de edad, ya son abuelas y abuelos y aún recuerdan a la muchacha que llamaban la “titiritera”. Yulimar Reyes  estudiaba Letras en la UCV, también trabajaba en el cine de la sala Margot Benacceraf, ubicada hoy en la sede de Unearte, defendía a los trabajadores de ese centro cultural de los abusos patronales en que incurrían los antiguos administradores del otrora Ateneo de Caracas, sacaba tiempo para prepararse políticamente y hasta le sobraban horas para dedicarlas al amor, en su juvenil e impetuosa vida. Yulimar Reyes fue asesinada y su vida prometedora quedó truncada por un odio de clases, en manos de un policía asesino que cumplía ordenes del psicópata López Sisco y de su jefe Carlos Andrés Pérez, quién fuera ministro del interior del adeco y anticomunista Rómulo Betancourt cuando éste fue presidente de Venezuela. Yulimar Reyes fue la primera víctima del 27 de Febrero de 1989, últimada por las primeras balas de las 4 millones de municiones detonadas por la democracia representativa y represiva de la Cuarta República. Yulimar Reyes vive en los niños y niñas de la Patria. En la cultura y en la rebeldía del pueblo venezolano. Prohibido olvidar los sucesos del 27 de Febrero de 1989.