Vivir dos  realidades en paralelo es más que un fenómeno cognitivo

Por: Alvin Lezama

Para los que hablan de narrativas, de algoritmos, de disonancias y guerras cognitivas, está aproximación quiere ampliar la perspectiva: “se trata del problema de conciliar dos realidades que se viven y experimentan simultáneamente”.

Una realidad física, local, territorial donde se tiene un hogar, una familia, amigos, vecinos; donde se hace vida en comunidad, donde mayormente se estudia y trabaja y se atienden los problemas de salud; donde se producen, adquieren y  consumen alimentos, ropa y calzados, productos para la higiene personal y del hogar, energía para preservar y procesar los alimentos, para el uso de equipos del hogar, para el transporte, para la producción de bienes y servicios; donde se realizan actividades de ocio, donde se hace la vida pública, donde se hace y se participa en  política, donde se socializa y se comunica; donde se construye y comparte  una realidad social; donde se vive, se envejece y se muere.

En paralelo, está la realidad alterna, digital y global, donde se socializa, se genera, difunde y comparte información; donde se desarrolla una economía digital, donde se trabaja y estudia, por ahora en forma parcial; donde se comunican y entretienen; donde se crea y comparte una identidad y un imaginario común deslocalizado y global; donde las diferencias de husos horarios y las distancias se desvanecen o dejan de ser un obstáculo; una realidad donde se está, se hace, se tiene y se es.

No se trata de vivir y experimentar una realidad mental, individual, que podría considerarse como una enfermedad psicótica, se trata de un vivencia y experiencia de realidad compartida socialmente, no es transitoria, ni fugaz, es una realidad presente y a la que accedemos cuando queremos voluntariamente.

Es la escisión del mundo de vida -mundo social, cultural y agrega, su servidor, cognitivo- en dos dimensiones : la realidad física, fuera de línea, y la realidad alterna digital y global, en línea.

La situación que hoy se califica como guerra cognitiva, desde esta perspectiva, se podría entender en una sentido más amplio como un choque entre estas dos dimensiones de realidad, cuya vigencia y experimentación entran en contradicción  generando  sentimientos encontrados que van desde la frustración, rabia, impotencia hasta la depresión.

Para ilustrar 

Un ejemplo, Juan vive en Venezuela, sus tres hermanas se fueron hace 8 años a Estados Unidos, él se quedó solo en Caracas; él todos los días habla por las noches con sus hermanas a través de llamadas o vídeo llamadas de alguna de las cuentas en medios sociales que tienen; se envían videos políticos, en su mayoría de oposición, pero donde se amplifica y polarizan las posiciones políticas, donde los deseos se mezclan con la realidad, presente y posible  materialmente; en estas conversaciones y en estos contenidos se refuerzan los sesgo cognitivos  de confirmación, de polarización y de simplificación,  esta versión de la realidad social que se representa sobre el país -elaborada a distancia por los principales medios internacionales- , que se difunde en el extranjero, dista mucho de la realidad social que se construye, se vive y se comparte en el país. 

El problema 

Aquí aparece  una disonancia cognitiva  pero también hay un problema de vivencia y experimentación  de realidades encontradas.  Allí se disparan sentimientos y comportamientos en Juan que lo pueden aislar, entristecer o llenar de rabia, frustración, que pueden escalar en acciones que a su vez desencadenan  violencia, agresión hacia su persona o hacia terceros. 

Como ven, es más que una guerra cognitiva, son los efectos de un cambio social operado a través de la imposición de una nueva arquitectura social, el empleo  de una ingeniería social, del control social y de la experimentación en un laboratorio social global que se realizan a través de estas innovaciones tecnológicas globales. 

Recuerdan la denuncia del experimento “Evidencia experimental de contagio emocional a escala masiva a través de redes sociales”, realizado por Facebook a 689.003 usuarios, sin su consentimiento, en el 2013, cuyos resultados salieron publicados en la revista científica de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados,  en marzo 2014, un escándalo de resonancia mundial, pero que no trascendió de la primera página. 

¿El error fue hacer el experimento o publicarlo? 

Si alguien se diera a la tarea de indagar en los centros  de investigación de las universidades y de las empresas privadas, sobre esta materia ¿qué se pudiera encontrar?

Con el protagonismo de las grandes empresas tecnológicas  estadounidenses, público y notorio, en su participación en el genocidio al pueblo palestino en la Franja de Gaza perpetrado por el gobierno de Israel, en la decapitación del alto mando militar y los líderes científicos en Irán, también realizado por Israel, y probablemente en la asistencia a Ucrania en su guerra con Rusia, ¿alguien puede pensar en estos planteamientos como teorías conspirativas? ¿Alguien duda del valor político de estas innovaciones tecnológicas y de estas empresas?

¿Qué hacer?

¿Es un problema de salud mental colectiva, es un problema social-cultural, es un problema político?

¿Cómo abordarlo, librando una batalla dentro de estas plataformas digitales y medios digitales con un ejército de usuarios frente al poder concentrado del dueño de la plataforma?

¿Recomendar migrar a otros medios sociales y plataformas digitales más benévolas?

¿Priorizar e incentivar el mundo de vida en la dimensión de realidad física, fuera de línea, promover actividades para incentivar y revalorizar la socialización cara a cara, en el territorio, la comunicación popular, la cultura?

¿Recomendar a las personas moderar el uso de estas plataformas digitales y medios sociales, en especial de los grupos y contenidos tóxicos?

Estas dos dimensiones están allí, todos en la realidad física,  fuera de línea, y aproximadamente la mitad de la población mundial  en la realidad alterna. 

¿Hay alternativa a esta  forma de globalización?

¿Hay alguna manera de integrar, de armonizar esta realidad física, fuera de línea, con esta realidad alterna digital y global en línea?

Valdría la pena reevaluar el costo beneficio  de estas innovaciones tecnológicas, que aunque no se pagan en dinero por usarlas el precio que se está pagando terminará siendo mucho mayor.