Lenin en la memoria camina entre nosotros

Por: Rafael Montejo

En invierno, a Gorki, la antigua mansión señorial, la cubre el manto blanco de la nieve y en las mañanas con sol se filtran haces de luz multicolor entre los árboles deshojados. Crees, desandando por los jardines que quizás aquí o en aquel banco se tomaba un reposo entre las hazañas, disgustos y alegrías que produce crear y ver crecer un mundo nuevo. Amigos, camaradas, enemigos, obreros campesinos, intelectuales, admiradores, curiosos, periodistas. Todos quieren su atención.

Sonrisa enigmática algo irónica, escuchar y bromear pero sobre todo escuchar con los pies humedecidos por el barro de la nieve que entra por las botas agujereadas y que no le quitan el buen humor ni la nota bene que escribe al pie de los cientos de libros que consulta como manantiales.

Después, muchos años después, fue la bala que lo confinó y limitó sus empeños y energia. En Gorki, que lo vio dictar sus últimos escritos, solo ocupaba un cuarto diminuto de criados, con una camita individual, la tetera, plumas y una máquina de escribir, un teléfono, libros como esclavos en aparente desorden y una butaca de esas que parecen hundirse hasta desaparecer y unos pocos menesteres, que bastan a quien siempre estuvo clandestino.

Y más allá la Krupskaya atendiendo sus más íntimos pensamientos y necesidades.Y los cuervos que ya imaginaban su final comenzaban a revolotear y acercarse para hacerse con la gloria de su legado. Y las cartas que enviaba al Partido y que una vez revisadas, algunas no llegaban a su destino. Había que ocultar aquella frase entre otras:

“Stalin es demasiado grosero y este defecto, aunque bastante tolerable en nuestro medio y en el trato entre nosotros los comunistas, se convierte en intolerable en un Secretario General. Por eso sugiero que los camaradas piensen en una manera de sacar a Stalin de ese puesto y nombrar a otro hombre en su lugar que en todos los demás aspectos difiere del camarada Stalin por tener sólo una ventaja: ser más tolerante, más leal , más cortés y más considerado hacia los compañeros, menos caprichoso, etc”.

Así le llegó la muerte, de a poco, casi paralizado, pero entonces dictaba, hasta el último aliento, para los que siempre luchó, los obreros y campesinos explotados del mundo.

Lenin da lecciones de fe, de confianza en el partido, en los camaradas, no renuncia a la crítica, amplia el comité central, lo democratiza, se autocuestiona hoy su pensamiento de ayer y nos dice haré este artículo con urgencia y con la información que hoy tengo, pero es posible que en las próximas horas todo varíe y tenga que rehacerlo.

Fustiga con un látigo y expulsa a los vacilantes y atrae a las masas. Hace del marxismo no una doctrina, sino una herramienta que derriba y crea con la misma fuerza y nos recuerda que la politica es la expresión concentrada de la economía y que tiene supremacía sobre esta y que no entenderlo es no comprender el ABC del marxismo. Y mucha de esa obra final la hace paralítico, en silla de ruedas.

Lenin no descansa en su mausoleo donde parece atrapado en una cápsula del tiempo.

En realidad camina entre nosotros y nos advierte de la enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, de la catástrofe que se nos avecina y cómo combatirla, qué hacer, del enigmático un paso adelante dos pasos atrás, del Estado y la revolución, nos afirma que es mejor poco pero bueno, disecciona al imperialismo y sus fase monopolista y nos da, hasta hoy, las consecuencias del reparto territorial y económico del mundo, nos afirma: socialismo es poder soviético más electrificación y nos regala el primer plan quinquenal junto a la nueva política económica, la cooperación, las nacionalidades… No olvidemos que buscaba un mundo sin Estado y sin clases sociales.  /cubadebate

Deja un comentario