La MaCorina se vendió barato

Por: Susana Tesoro

La reconocida cadena de noticias CNN describe que la líder opositora venezolana María Corina Machado entró a la Casa Blanca  con el regalo que el presidente de EE.UU. Donald Trump ha codiciado durante mucho tiempo: un Premio Nobel de la Paz.

Continúa la nota con lo que sigue: “Machado, una férrea crítica del depuesto presidente de Venezuela Nicolás Maduro, ganó el premio el año pasado por su campaña a favor de una mayor democracia.

Ahora dejaba la medalla en la Casa Blanca, con la esperanza de que el gesto le reportara algo mucho más valioso: el respaldo estadounidense en la lucha por liderar el futuro de Venezuela después de Maduro.”

Agrega la nota: “… si ella pensaba que el regalo podría empujar al presidente a dar un respaldo más claro, parece que tendrá que esperar, al menos por ahora.”

La “Premio Nóbel” fue fotografiada sosteniendo una bolsa de regalo con la marca Trump mientras salía de la Casa Blanca, con poca claridad sobre su futuro político, comenta CNN.

El hecho de regalar el Premio Nóbel, es además de vulgar, desagradecido y ha provocado en el mundo varias respuestas acerca de: ¿Se puede regalar un Premio Nóbel?

Euronews propone un titular que dice ¿Se puede regalar o vender un Premio Nobel?

Aunque el gesto de Machado constituye un caso poco frecuente de un galardonado en vida que se desprende de su medalla poco después de recibirla, no carece de precedentes, y las normas establecen que Machado puede regalar su medalla, pero no la condecoración en sí.

Según los estatutos de la Fundación Nobel y el testamento de Alfred Nobel, una vez concedido, el título de galardonado pertenece personalmente al individuo y no puede ser legalmente compartido o reasignado a otra persona.

La medalla o el diploma pueden entregarse físicamente, venderse o subastarse, pero ello no confiere el título del premio a nadie más.

En los primeros días de la Segunda Guerra Mundial, las medallas Nobel de los físicos daneses Niels Bohr y August Krogh, ganadoras en 1922 y 1920 respectivamente, se subastaron para recaudar fondos destinados a la ayuda civil finlandesa durante la Guerra de Invierno entre Finlandia y la Unión Soviética en 1939-1940. Las medallas se donaron posteriormente a museos de Dinamarca.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los físicos alemanes Max von Laue y James Franck, ambos premios Nobel, entregaron sus medallas a Niels Bohr para que las guardara mientras la Alemania nazi ocupaba sus países.

Para evitar que las medallas cayeran en manos nazis, el químico húngaro George de Hevesy, que trabajaba en el laboratorio de Bohr, las disolvió en ácido.

Tras la guerra, se recuperó el oro y la Fundación Nobel refundió las medallas, que fueron devueltas a la familia de von Laue y Franck.

No todas las historias en torno a las medallas de los Premios Nobel son halagüeñas, y algunas de las elecciones realizadas por los galardonados fueron bastante controvertidas.

Se dice que el escritor noruego Knut Hamsun, que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1920, regaló su medalla al ministro de Propaganda de la Alemania nazi, Joseph Goebbels, durante la Segunda Guerra Mundial.

Hamsun, que se reunió con Adolf Hitler y Goebbels en 1943, era un simpatizante nazi que apoyaba la ocupación alemana de Noruega. Los relatos históricos indican que entregó su medalla Nobel a Goebbels como gesto simbólico de apoyo.

La reputación de Hamsun quedó destruida tras la guerra, aunque sus obras literarias siguen siendo estudiadas.

James D Watson, que ganó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1962 junto a Francis Crick y Maurice Wilkins por descubrir la estructura del ADN, vendió su medalla en la casa de subastas Christie’s en diciembre de 2014 por unos 4,8 millones de dólares (4,13 millones de euros).

Watson dijo que los beneficios se destinarían a instituciones de investigación científica y causas conservacionistas. Se convirtió así en el primer premio Nobel vivo que vende su medalla.

El multimillonario ruso Alisher Usmanov compró la medalla para devolvérsela a Watson en una ceremonia oficial en Moscú en 2015, diciendo que el científico «merecía» tenerla.

La decisión de Watson de vender se produjo en medio de dificultades financieras y tras unas polémicas declaraciones sobre la raza y la inteligencia, especialmente en relación con las personas de ascendencia africana, que dañaron su reputación y provocaron su salida del Cold Spring Harbor Laboratory, donde había ejercido como canciller.

El laboratorio despojó a Watson de sus títulos y cortó todos los lazos con él en 2019. Watson se disculpó inicialmente por sus comentarios, pero más tarde dijo que sus opiniones no habían cambiado.

La UE sancionó a Usmanov en 2022, imponiéndole una prohibición de viajar a todo el bloque y congelando todos sus activos por sus vínculos con el presidente ruso Vladímir Putin y su Gobierno. Watson mantuvo estrechas relaciones con Rusia al final de su carrera.

El gesto de la tristemente célebre “Ma Corina” pasará a la historia como la transacción más desacertada del mundo”: ha cambiado una medalla de los Premios Nobel por un “módulo” de las producciones Trump que cabe además en una pequeña bolsa de regalos.

Ella es una ilusa y tiene razón para sobreestimarse y el Presidente, un avaro, podría haberle regalado algo mejor. Pero así son los multimillonarios de los que muchas veces se dice que ahorrando llegaron a ricos.

A partir de ahora el Nóbel de la Paz 2025 adorna una de las paredes de la Casa Blanca como Premio de consolación hacia Donald Trump. El Comité Nobel se pronunció sobre la decisión de María Corina Machado, de entregar al presidente de EE.UU., Donald Trump, la medalla del Premio Nobel de la Paz, que recibió el año pasado.

En un mensaje publicado el jueves en X, la institución recordó que, aunque la medalla puede cambiar de propietario, el título de laureado no puede ser transferido.

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