Europa mira al mundo y no lo ve

Por: Atilio Borón

La Conferencia de Seguridad se reunió días pasados, entre el 13 y el 15 de febrero, en su sede habitual, la ciudad de Munich, en Bavaria. Fuera de la Asamblea General de las Naciones Unidas la CSM es la reunión más concurrida a nivel mundial. El informe oficial de esta edición asegura que contó con la presencia de más de un millar de participantes procedentes de unos 115 países entre los cuales se contaban 60 jefes de Estado y de Gobierno y más de 50 líderes de organizaciones internacionales, además de más de 100 think tanks. Aparte de las actividades centrales el informe habla de la realización de 270 eventos paralelos en el marco de la Conferencia.

Como es habitual las discusiones tuvieron como telón de fondo el Informe Munich 2026 sobre Seguridad un texto de unas 120 páginas con un título estremecedor: “Bajo la Destrucción.” La tesis fundamental del Informe está en línea con muchos planteos que adquirieron súbita popularidad en Europa, sobre todo luego de que Rusia lanzara su “operación militar especial” sobre Ucrania, y que podrían sintetizarse así: Rusia está dominada por una vieja e incontrolable ambición de apoderarse de Europa y es la enemiga a derrotar. Situación tanto más amenazante, según el Informe, luego de lo que allí se califica como la “invasión” rusa a Ucrania y que opera como la verificación irrefutable de la rusofobia imperante, en la medida en que Estados Unidos está abandonando a Europa a su suerte y procurando un inmoral (y suicida, según muchos europeos) acuerdo con Moscú. En línea con esta premisa el Informe habla de una Europa que debe reconstruirse bajo las condiciones de destrucción existentes y las futuras, ¿Por qué futuras? Porque en línea con algunas interpretaciones muy reaccionarias de la academia estadounidense aquellos países antes caracterizados como “reformistas” del sistema internacional: Rusia y China, hoy son considerados como enemigos que lo que quieren destruirlo, no tan solo reformarlo. De la reforma se pasa, sin mediaciones, a la destrucción de todo el entramado pacientemente construido en los años de la segunda posguerra. No es casual entonces que el Informe gire en torno a la centralidad de las potencias supuestamente animadas por aquel afán destructivo. Una somera inspección al Informe confirma la centralidad de esta tesis. Si bien la ambición original de esa pieza es ofrecer un panorama de la problemática global de la seguridad en el mundo, el sesgo “eurocéntrico” del análisis es más que evidente. Compartimos la crítica al “eurocentrismo” de ciertos análisis y teorizaciones latinoamericanas sobre el imperialismo, pero comprendemos (aunque no justificamos) que nuestros colegas europeos tengan como punto de referencia excluyente los intereses europeos al querer interpretar los desafíos que representa un orden mundial cuyo principal destructor ha sido Estados Unidos con la colaboración de los europeos, que convalidaron —sea con su silencio cómplice o con un involucramiento más activo— todos los crímenes de Washington. De ahí que un tema tan sensible como el del criminal genocidio al que está sometido el pueblo palestino apenas si concita cuatro menciones a lo largo del Informe. O sea, Gaza y su destrucción, y su “limpieza étnica” no existen. Groenlandia tuvo más presencia, con 15 menciones, menos que Ucrania que aparece en 80 ocasiones a lo largo del informe. La mención más repetida es la de China: 201, más del doble de Estados Unidos, que aparece en 91 ocasiones mientras que Rusia lo hace en 106 pasajes del Informe.

Por supuesto, Rusia había tenido, por boca de Vladimir Putin, una presencia excepcional en la sesión del año 2007 en la cual el presidente de la Federación Rusa planteó de manera rotunda sus críticas al consenso imperante. En primer lugar hay que recordar que una vez estallada la Unión Soviética Mijail Gorbachov y luego Boris Ieltsin intentaron, infructuosamente, integrar Rusia al concierto europeo. Pero fracasaron en su intento. Gorbachov había ido tan lejos como para proponer, ante la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa la construcción de una “casa común europea”, concebida como un complejo edificio de múltiples salas pero sin un centro único de poder. En dicho hogar común habitarían los diferentes pueblos de Europa, incluyendo por supuesto los rusos, y haciendo de la heterogeneidad cultural la argamasa que los unificaría. La propuesta, continuada aún con más bríos por Ieltsin, fue olímpicamente ignorada. Al paso que Moscú se abría de brazos para recibir con estúpida ingenuidad las inversiones de las empresas capitalistas, europeas o estadounidenses, lo que éstas hicieron en Rusia fue lo mismo que habían venido haciendo en la periferia capitalista: saqueo implacable de empresas estatales y apropiación desaforadas de los bienes comunes existentes en la enorme extensión del territorio ruso. No aportaron nada y se llevaron todo. Es esta historia la que está por detrás del discurso de Putin del 2007, además del desprecio y la subestimación racista de Rusia. ¿Cuáles fueron sus tesis fundamentales?

En primer lugar, una crítica al unipolarismo y unilateralismo de EEUU, de la voluntad de Washington de imponer su voluntad y sus intereses al resto del mundo. “¿Qué es un mundo unipolar”?, se preguntó. Y respondió: “un único centro de poder, de fuerza, de decisión.” Y como tal es incompatible con la complejidad del actual sistema internacional. En segundo lugar, cargó con contra de la expansión de la OTAN hacia el Este, es decir, hacia las fronteras con Rusia pese a que cuando Moscú acordó respaldar la unificación alemana en 1990 (¡mientras algunos gobiernos europeos se oponían!) el Canciller Helmut Kohl y otros gobernantes occidentales juraron que “la OTAN no se movería ni siquiera una pulgada hacia el Este”. Mintieron miserablemente, y hoy la frontera occidental rusa, con la excepción de Bielorusia y Ucrania, está marcada por la presencia de la OTAN, desde el Báltico hasta el Mar Negro, incluida Turquía. Aparte de otras consideraciones críticas sobre el escudo misilístico europeo y sus verdaderas intenciones, Putin lamentó la crisis de la OSCE, la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea, que no incluía a Rusia entre sus partes y por último en una crítica, diríamos que muy actual, a la bancarrota de la Carta de la ONU y el Derecho Internacional que daría lugar, dijo premonitoriamente, a la “Ley del Más Fuerte”, cosa que se está lastimosamente experimentando en estos días en Latinoamérica y el Caribe.

La edición actual de la Conferencia contó con la presencia del Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio (foto), tratando de compensar con un tono más diplomático las agresiones verbales que en la conferencia del 2025 descerrajara el actual vicepresidente de Estados Unidos Jack D. Vance. Pero la cuestión de Groenlandia introdujo tensiones en el evento tanto como la grave crisis de una OTAN con un gobierno estadounidense que no cesa de desacreditarla así como el “desenganche” relativo de Trump en relación a la guerra en Ucrania. Las amenazas y violaciones al “orden mundial basado en reglas” la Casa Blanca en Latinoamérica y el Caribe no merecieron la atención de la Conferencia: el ataque a Venezuela y el secuestro de su presidente, el recrudecimiento hasta niveles genocidas del bloqueo a Cuba y la permanente extorsión aplicada en contra de los países de la región —sobre todo México y Colombia— no perturbaron los parámetros éticos de los participantes del cónclave. Probablemente porque, según estos herederos del viejo colonialismo europeo, Latinoamérica y el Caribe tienen lo que se merecen. Tal cosa parecerían querer decir con su silencio. La nota rusofóbica de la Conferencia estuvo a cargo de la estonia Kaja Kallas, la actual Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Políticas de Seguridad (tal es su pomposo título) quien no cesa de proponer nuevas y más duras sanciones en contra de Rusia y, al mismo tiempo, un mayor involucramiento militar de la OTAN en Ucrania. Kallas representa el ala más dura de los “halcones europeos” contra Rusia, fomentando una política agresiva y belicista que desgraciadamente podría rematar en el estallido de una tercera (y última) guerra mundial.

(Tomado de Página 12)

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