La Junta de Paz de Trump Relega Gaza a un Segundo Plano y Encubre el Genocidio Palestino

Por Juan Antonio Sanz*

El presidente estadounidense bautiza su proyecto con 10.000 millones de dólares que no serán solo para Gaza, sino para glorificar el hegemonismo de EEUU y diluir el genocidio en Palestina.

Con pompa, boato y el aplauso de sus acólitos, el presidente estadounidense, Donald Trump, inauguró este jueves la primera reunión de la llamada Junta de Paz para Gaza, una nebulosa institución que, originalmente, debería traer el fin de la guerra a la franja palestina, aunque sus objetivos reales parecen apuntar más a la propaganda del hegemonismo global de Washington, la glorificación del propio Trump como paladín del fin de los conflictos y a la preeminencia de su aliado Israel en Oriente Medio.

En este encuentro multinacional celebrado en Washington, Trump anunció que su país aportará 10.000 millones de dólares a la Junta de Paz, que preside él mismo e inicialmente pensada como una «administración de transición» para Gaza, pero cuyo radio de acción quiere ahora globalizar la Casa Blanca. Así, se desconoce si ese dinero servirá para reconstruir Gaza y acelerar la llegada de ayuda humanitaria, o, lo más probable, para dotar de medios a esta Junta que pretende monitorizar la estrategia exterior de la Casa Blanca, arrebatar competencias a la ONU y «supervisarla», como dijo este jueves Trump, y encubrir los crímenes de guerra que sigue cometiendo Israel en los territorios palestinos para asegurarse su anexión.

De hecho, en el vídeo promocional de la Junta exhibido en esta primera reunión oficial se eludió la culpabilidad de Israel en el genocidio palestino y se volcó la responsabilidad de dos años de destrucción y masacres sobre la organización palestina Hamás por desencadenar la guerra en Gaza. 

Aduladores, amigos y “obligados”    

El jefe de la Casa Blanca recibió en el Instituto de Paz de Washington, rebautizado como Instituto Donald Trump, a dirigentes de más de cuarenta países amigos participantes en esta primera reunión de la Junta de Paz como miembros u observadores de este nuevo organismo. Así, acudieron representantes de Albania, Alemania, Arabia Saudí, Argentina, Armenia, Austria, Azerbaiyán, Bahréin, Bulgaria, Camboya, Corea del Sur, Croacia, Chipre, República Checa, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, El Salvador, Eslovaquia, Finlandia, Grecia, Hungría, India, Indonesia, Israel, Italia, Japón, Jordania, Kazajistán, Kosovo, Kuwait, México, Mongolia, Marruecos, Países Bajos, Noruega, Omán, Pakistán, Paraguay, Polonia, Rumanía, Suiza, Tailandia, Turquía, Qatar, Reino Unido, Uzbekistán o Vietnam.

La participación fue variopinta: desde los aduladores más abiertos como el presidente de Argentina, Javier Milei, o el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, o algunos cuya presencia fue más controvertida, como los observadores enviados por México, Rumanía, Italia y República Checa, o la comisaria europea para el Mediterráneo, Dubravka Suica.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, no muy entusiasmado con la idea de la Junta, pues atrae demasiados ojos sobre el infierno desatado en Gaza, fue representado por su ministro de Exteriores, Gideon Saar. Esta semana, Trump alivió la preocupación de Netanyahu e insistió en que la Junta de Paz tendría un «potencial ilimitado» e iría «más allá de Gaza» para buscar «la paz en todo el mundo». De esta forma, Gaza quedaba ninguneada en una Junta supuestamente dedicada a ella.

¿Un proyecto de paz, inmobiliario o geopolítico?    

La Junta de la Paz fue presentada oficialmente en enero pasado en el marco del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Entonces, Jared Kushner, yerno de Trump y miembro ejecutivo de la Junta, vendió la idea de la reconstrucción de Gaza bajo las riendas de esta nueva institución como si de la creación de un paraíso hotelero y empresarial de Oriente Medio se tratara, con complejos turísticos, y rascacielos para las élites de la región. Ya entonces, EEUU estaba tergiversando la primera versión que había ofrecido a la ONU de esta Junta, destinada en un principio a reconstruir Gaza, reparar sus instituciones y enfilar hacia la creación de un Estado palestino.

Pero ya en Davos poco o nada se dijo del destino de los más de dos millones de palestinos sometidos al genocidio de Israel y en cuya erradicación de Gaza siguen empeñados Netanyahu y sus aliados ultraderechistas en el Gobierno.

Tampoco se aludió ya a los más de 71.000 palestinos asesinados por Israel en el curso de su guerra de venganza por la incursión terrorista de Hamás del 7 de octubre de 2023, que mató a 1.200 judíos en el propio territorio israelí. A pesar del alto el fuego que entró en vigor el 10 de octubre pasado, las matanzas de gazatíes por el Ejército israelí continúan, al igual que las penosas condiciones de supervivencia de la población de Gaza, expulsada de más de la mitad de la Franja, ahora ocupada por soldados judíos.

Los 10.000 millones de dólares prometidos por Trump quedan lejos de los 70.000 millones que, según la ONU, se precisan para reconstruir Gaza de verdad y no para acondicionar y destinar sus playas a un turismo de élite, como es el plan del empresario inmobiliario Kushner y de su suegro. Visto lo visto este jueves en Washington, no parece que muchos de esos dólares vayan a llegar directamente a los gazatíes.

Alternativa a la ONU      

En un principio, la Junta de Paz fue concebida para poner fin a la guerra genocida de Gaza. Pero bien pronto Trump advirtió que tener de su lado a varias decenas de países alabando esta iniciativa y dispuestos a contribuir con mil millones de dólares como impuesto de membresía de la institución le arrogaba una plataforma internacional que le permitía incluso desafiar al Consejo de Seguridad de la ONU para supuestamente «resolver conflictos» en todo el planeta. 

La ONU fue precisamente uno de los actores internacionales cuya ausencia se hizo notar más en la primera sesión de la Junta de Paz auspiciada por la Casa Blanca. 

Se suponía también que la Junta de Paz permitiría avanzar en la segunda fase del plan de pacificación de Gaza acatado por Israel y las milicias palestinas. Hasta ahora no solo no se ha avanzado en la hoja de ruta de ese plan, sino que continúan los ataques israelíes más allá de la Línea Amarilla que separa la zona de ocupación del territorio donde se hacinan los gazatíes. 

El fracaso del plan de paz de Trump      

En la segunda fase del plan de paz de Trump, se deberían sentar las bases de la Administración temporal que ha de regir el destino de Gaza. Este «gobierno» provisional incluirá a EEEE y a Israel, país invasor y autor de todas las tropelías que está soportando Gaza, pero no hay funcionarios de la Autoridad Nacional Palestina, que a duras penas gobierna el otro territorio palestino, Cisjordania, también bajo asedio israelí e incluido en la amplia limpieza étnica puesta en marcha por Netanyahu para crear el Gran Israel.

En este sentido, la Junta de Paz para Gaza es un espaldarazo a la política de hechos consumados de Israel sobre Palestina y también a su estrategia agresiva sobre los países vecinos para erradicar el llamado Eje de Resistencia pro iraní e incluso al propio Irán. No es casualidad que la primera reunión de la Junta de Paz se produzca cuando en Washington suenan atronadores los tambores de guerra contra el régimen islámico. El propio Trump adelantó este jueves que «en diez días» se sabrá si finalmente ordena atacar Irán.

En las actuales circunstancias, la Junta de Paz puede convertirse en un instrumento ideal de EEUU para bendecir internacionalmente ese ataque masivo contra Irán a fin de derrocar su cúpula dirigente y hacerse con el control de uno de los principales países productores de petróleo y gas, y el mayor exportador de crudo a China, el auténtico antagonista de Washington y el único que, a nivel internacional, ha frenado su arrogancia hegemonista.

Esta atribución a la Junta de Paz de capacidades de presión a nivel regional sin duda reducirá su potencial para acabar con la agresión israelí en Gaza, donde también está pendiente, por ejemplo, el desarme de Hamás y su desmilitarización. Parece poco probable que, en las actuales circunstancias, las milicias palestinas vayan a aceptar esa entrega de las armas que las dejaría inermes ante un enemigo, Israel, que ha jurado su aniquilación al margen de lo que diga el plan de paz de veinte puntos de Trump.

La Junta no acabará con la limpieza étnica en Gaza y Cisjordania

En este contexto, no es factible ver una reducción de los ataques de Israel contra la población civil en Gaza y la misma Cisjordania. La limpieza étnica de los territorios palestinos es un hecho denunciado por Naciones Unidas. Este mismo jueves, un informe de su Oficina de Derechos Humanos recalcó que las acciones violentas perpetradas por Israel contra los habitantes de Gaza y Cisjordania «parecen tener como objetivo el desplazamiento permanente de los palestinos en todos los territorios ocupados».

El informe incluye no solo los crímenes cometidos por los militares israelíes, sino también los atribuidos a Hamás y el resto de milicias palestinas presentes en Gaza. «Las fuerzas israelíes, Hamás y otros grupos armados palestinos han continuado cometiendo graves violaciones del derecho internacional humanitario en Gaza, graves violaciones y abusos del derecho internacional de los derechos humanos y crímenes atroces», señala al respecto el informe.

Entre las agresiones y crímenes de guerra atribuidos a Israel se incluye «la intensificación de los ataques, la destrucción metódica de barrios enteros y la denegación de asistencia humanitaria», con el objetivo de provocar «un cambio demográfico permanente en Gaza». Tal estrategia, «junto con los traslados forzosos que parecen tener como objetivo un desplazamiento permanente, suscita preocupación por la limpieza étnica en Gaza y Cisjordania», agrega el informe, que analiza el periodo entre el 1 de noviembre de 2024 y el 31 de octubre de 2025, es decir, ya firmado el alto el fuego.

Esta situación continúa, como se encargó de subrayar la subsecretaria de la ONU para Asuntos Políticos, Rosemary DiCarlo, en una sesión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas este miércoles, ese mismo espacio que pretende solapar la Junta de Paz de Trump para Gaza. DiCarlo insistió en que «la devastación en la Franja de Gaza sigue siendo masiva» y «miles de personas necesitan evacuación médica urgente». 

Esta responsable de la ONU resaltó la importancia de poner en marcha ya la segunda fase del alto el fuego en Gaza para «sentar las bases de una recuperación liderada por los propios palestinos». 

DiCarlo tuvo también palabras de condena contra la intensificación de las operaciones militares y los ataques de colonos ilegales judíos en Cisjordania, donde se ha disparado a gran escala el «uso frecuente de fuego real, redadas, detenciones masivas y desplazamientos reiterados de familias palestinas». Acciones respaldadas por «la expansión continuada de asentamientos, el aumento de la violencia de colonos y la aceleración de demoliciones y desalojos en Jerusalén Este, así como decisiones recientes del Gobierno israelí sobre la transferencia de competencias y el registro de tierras en distintas áreas de Cisjordania».

Según la diplomática, esta situación evidencia que Israel pretende una «anexión de facto» gradual de este territorio palestino, que pone en juego los intentos de soluciones pacíficas y podrían «hacer descarrillar cualquier avance político».  Si esta es la paz que propone la Junta de Trump, parece ser que solo unos pocos se beneficiarán de ella.      

*Juan Antonio Sanz, periodista y analista para Público en temas internacionales. Es especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar. Ha sido corresponsal de la Agencia EFE en Rusia, Japón, Corea del Sur y Uruguay, profesor universitario y cooperante en Bolivia, y analista periodístico en Cuba. Habla inglés y ruso con fluidez. Es autor de un libro de viajes y folclore.

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