Por: Equipo Colarebo Colombia
La humanidad está siendo derrotada y aplastada por el sistema impuesto por un puñado de magnates imperialistas, depravados e inescrupulosos.
El movimiento revolucionario internacional, al menos en occidente, ha sido incapaz de dar una respuesta condundente y eficaz, en lo inmediato.
Las élites imperialistas son el principal peligro para la paz, la estabilidad del mundo, la protección del ambiente, la conservación de la vida y para la existencia humana.
El internacionalismo proletario ha sido «prohibido», perseguido, bloqueado y neutralizado; mientras las minorías imperialistas atacan, secuestran, humillan y amenazan países en cualquier parte del planeta, por encima de los acuerdos e instituciones mundiales. En Venezuela se recibió una herida, aún fresca y que se suma a las históricas agresiones a América Latina.
Allí donde se ve un imperialismo decadente en lo económico, también hay un fascismo dispuesto a descargar toda la brutalidad de su pavoroso poder militar para masacrar poblaciones enteras.
La recolonizacion de América Latina, es un proceso muy parecido a las invasiones europeas de 1492. Dice el profesor Fabio Zuluaga en su libro Oro, evangelio y reino:
«Hace quinientos años se enfrentaron:
El acero contra la madera, la pólvora contra el veneno, la ballesta contra el arco, la armadura contra el pecho desnudo, el guerrero a caballo contra el indígena desprevenido, el perro contra el espanto, la codicia por el oro contra la dádiva, el dios de los cristianos contra las divinidades precolombinas, el idioma castellano contra las lenguas nativas, el reino contra la tribu.»
Todavía continúan las desiguales confrontaciones. Hoy se enfrentan:
El misil contra el desconcierto, el GPS contra el vigía, el dron contra la trinchera, el secuestro contra el asombro, la extorsión contra la incertidumbre, el ataque contra la negociación, el magnicidio contra diplomacia, el saqueo contra la honestidad, el bombazo contra niñas estudiando.
La gran ventaja del puñado de magnates es una masa de pobres que está dispuesta a dar la vida por esa minoría, unos por convicción y otros vendidos al mejor postor.
Si los pueblos del mundo no reaccionan ante las agresiones imperialistas, verán desaparecer millones de personas aplastados bajo el poder militar fascista. País tras país. Hay que crear barreras culturales que, como muestra el pueblo árabe, no son fáciles de derrotar. Es acertado en Colombia encontrar las raíces indígenas con más de 533 años de resistencia. Ahora el pueblo colombiano se movilizará en minga nacional.
Debe trabajarse por la unidad de los oprimidos contra los opresores, en todas partes del mundo, con formas más internacionales, organizadas, contundentes y astutas. Las relaciones de producción capitalistas, imperialistas, no pueden salirse a buscar en las calles para destruirlas a sombrerazos en el barrio.
Marzo, 10 de 2026
