Colombia rumbo al cambio

Por: Mauricio Trujillo Uribe

Arrancó formalmente la carrera electoral por la Presidencia de la República tras el cierre de las inscripciones de candidatos y candidatas ante la Registraduría Nacional. En total, catorce aspirantes, con sus respectivas fórmulas vicepresidenciales, se presentarán a la primera vuelta el próximo 31 de mayo, en la que más de 41 millones de ciudadanos están habilitados para elegir al presidente de Colombia para el período 2026-2030.

En la práctica, la campaña arrancó el año pasado. En octubre, el Pacto Histórico realizó su consulta interna para elegir a su candidato o candidata: el ganador, Iván Cepeda, obtuvo cerca de 1,5 millones de votos sobre un total de 2,7 millones. También se realizaron encuestas de intención de voto que, en promedio, situaron al senador Cepeda alrededor de 35% en la primera vuelta, seguido por el abogado Abelardo De la Espriella con cerca de 25%. Los demás aspirantes quedaron lejos.

Sin embargo, una nueva encuesta de intención de voto, realizada por la firma Atlas Intel, luego de la jornada electoral del 8 de marzo, muestra que los dos punteros mantienen sus porcentajes mientras que la candidata Paloma Valencia sube al tercer lugar con 17,5%. La jornada, por cierto, transcurrió con normalidad: las instituciones encargadas hicieron su trabajo, los resultados son verificables y legítimos, el ecosistema electoral funcionó no obstante las alegaciones del presidente Petro.

Desde luego, las encuestas son solo encuestas. En cambio, es una certeza la votación que obtuvo Valencia en ‘La Gran Consulta por Colombia’: con más de 3,2 millones de votos emerge como una alternativa de derecha frente al candidato ultraderechista De la Espriella y se posiciona como una candidata que avanza con opción de llegar a la segunda vuelta, si la hay. Así mismo, la senadora, conocida por su oposición a ultranza al gobierno de Petro y sus posiciones de derecha radical y de extrema derecha, superó la votación de su partido, el Centro Democrático, en la elección del próximo Senado. Ello significa que la candidata cuenta con una franja de votos propios.

Pero el factor que puede multiplicar la fuerza electoral de Paloma Valencia y que, de hecho, le está dando un nuevo giro a su campaña, se llama Juan Daniel Oviedo, su ahora coequipero y candidato a la vicepresidencia. El exdirector del DANE sorprendió al país al obtener más de 1,2 millones de votos en la misma consulta interpartidista. La presencia de Oviedo trae a la campaña un aire renovador: figura política abiertamente gay, plantea ante la sociedad que su orientación sexual no implica una agenda de “ideología de género”, sino la capacidad de pensar en todos los colombianos. A su vez, la candidata Valencia tiene ante sí el momento político oportuno para ir ‘soltando’ la impronta uribista que la caracteriza y proyectar una imagen propia más contemporánea.

La suma de los votos de la dupla constituye, de por sí, un importante ‘plante’ para iniciar esta nueva etapa de la puja electoral. Pero con la llegada de Oviedo, la imagen de la campaña comienza a proyectarse hacia el centro político. Así lo ha entendido la candidata, que ya ha comenzado a redondear los ángulos de su discurso. La batalla desde la derecha por ganar el electorado de centro irrumpe en la escena, un objetivo que parece no interesar al petrismo duro, al menos por ahora.

Desde otro ángulo, el total de los votos de ‘La Gran Consulta por Colombia’, 5,8 millones, superó los 4,4 millones del Pacto Histórico al Senado. En contrapartida, los votos del partido liderado por Petro son votos fieles a Iván Cepeda, mientras que una parte de los votos de los nueve participantes podría ir a otros candidatos. Y en el juego de acercarse al centro político, la candidata Valencia también corre el riesgo de perder votos en su propio partido y en otros sectores de la derecha.

No obstante, es el electorado de centro -que va desde la centroizquierda hasta la centroderecha- el que probablemente termine inclinando la balanza en la segunda vuelta. Por ahora, los candidatos y candidatas representativos de este sector político no logran despuntar. Parecería que la polarización política del país no deja espacio suficiente a las candidaturas de centro, pero paradójicamente sí a la izquierda y a la derecha para aproximar este grupo humano, principalmente urbano.

Los resultados de las elecciones legislativas muestran al Pacto Histórico como la principal fuerza política en el Congreso: el partido obtuvo 25 de los 105 escaños del Senado y 41 de las 183 curules de la Cámara de Representantes. No obstante, si se mira la composición del nuevo Senado por bloques políticos, los partidos de derecha reúnen 38 escaños, mientras que el centro cuenta con 37 curules. Algo similar muestra la correlación de fuerzas en la próxima Cámara de Representantes. Por tanto, quien resulte elegido presidente o presidenta de Colombia tendrá que llegar a alianzas.

El candidato Iván Cepeda abrió la partida con un ‘gambito de dama’ al anunciar que su fórmula vicepresidencial es la senadora Aída Quilcué, lideresa indígena del pueblo nasa, defensora de derechos humanos y promotora de procesos organizativos en comunidades indígenas. Su nominación envía un mensaje simbólico al país. Pero, como en política lo que cuenta son los votos a la hora de las urnas, cabe preguntarse cuál será su aporte al caudal electoral de la campaña de Cepeda. Los pueblos indígenas suman más de cinco millones de personas; su concurso será decisivo.

El Pacto Histórico, que reúne en su seno diversas experiencias de la izquierda colombiana, tiene hoy una oportunidad real de continuar en el gobierno. Cepeda cuenta con el respaldo visible y activo del presidente Petro; con el oxígeno político que aporta el entorno del petrismo inserto en la burocracia del Estado; con la movilización social ‘permanente’ como estrategia electoral impulsada desde el seno del gobierno y, sobre todo, con el respaldo y la simpatía de amplios sectores populares que se han visto beneficiados por las políticas del actual gobierno o que esperan serlo con la continuidad del cambio.

Sin embargo, la formación de un frente político amplio será clave para ocupar la silla presidencial. La decisión tomada por la dirección del Pacto Histórico de llamar a sus militantes a no votar en la consulta de Roy Barreras -maltrato que contó con el concurso del propio presidente Petro- e incluso de advertir sobre posibles sanciones a quienes lo hicieran -prácticas de ingrata recordación que creíamos superadas- deberá dar paso, tras la primera vuelta, a la búsqueda de puentes con este sector del progresismo y con otras fuerzas políticas afines.

Los programas de gobierno de los aspirantes a la presidencia comienzan a conocerse. Sin embargo, la ciudadanía tiene derecho a comparar las diferentes propuestas en debates abiertos transmitidos por televisión, medios de comunicación y plataformas digitales. La confrontación de ideas de cara a la opinión pública permite contrastar visiones de país y ofrecer a los electores elementos de juicio para votar informados. En una democracia, la nación decide: votar con conocimiento y en conciencia debe ser la consigna. Esperemos que Colombia continúe rumbo al cambio./Ágora del DoMIng

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