Buenos Aires, 22 abr (Prensa Latina) El vacío por la desaparición en abril de 1964 del periodista y guerrillero argentino Jorge Ricardo Masetti en la selva de Orán, norteña provincia de Salta, sigue hoy abierto entre quienes lo conocieron y compartieron trabajo e ideas revolucionarias.
Sagaz reportero y fundador de la Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina –el 16 de junio de 1959 en La Habana- Masetti se internó en la jungla salteña cuando era líder del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) ante la represión de la Gendarmería, y nunca más hubo noticias de él, ni sus restos fueron hallado, pese a insistentes búsquedas.
Aunque se desconoce con exactitud la fecha de su fallecimiento, se toma el 21 de abril como día de la desaparición de quien fue llamado “Comandante Segundo” al frente de la primera guerrilla guevarista en Argentina.
Cuarenta años más tarde de aquel fatal desenlace una misión de argentinos y cubanos intentó hallar los restos del jefe del EGP, una organización ideada por Ernesto Che Guevara con la que pretendió instalar un foco guerrillero en Argentina. Pero la búsqueda fue en vano.
Recopilaciones biográficas recogen que uno de los integrantes del grupo guerrillero Héctor Jouvet, apodado “El Cordobés”, recuerda haber visto por última vez a Masetti y a otro guerrillero, Atilio Altamira, recostados ambos muy débiles en unas hamacas improvisadas en una de las márgenes del Río de las Piedras, en Salta.
“Casi no podían moverse”, relató Jouvet al médico y antropólogo forense cubano Alfredo J. Tamames Camargo, uno de los principales integrantes de la misión que rastreó y buscó los restos de Masetti.
En abril de 1964, lo poco que quedaba del EGP -que en un principio contaba con una treintena de combatientes– estaba cercado por la Gendarmería, había perdido hombres y armas, y carecía de alimentos.
Jouvet y otros guerrilleros fueron capturados, el cubano Hermes Peña –jefe de la custodia del Che en Cuba- cayó junto con otros compañeros en un enfrentamiento con los gendarmes al norte de la confluencia de los ríos de las Piedras y el Pantanoso, y de Masetti y Altamira no se supo más. Se los dio por desaparecidos en la selva.
En 2006, por pedido del gobierno cubano a la Cancillería Argentina, se emprendió la búsqueda de los restos de los dos guerrilleros.
Para hacerlo se conformó un equipo integrado por el antropólogo cubano Tamames Camargo, dos guardaparques y cinco gendarmes argentinos, cuya misión fue recorrer los sitios casi inaccesibles donde podrían estar los cadáveres de Masetti y Altamira, y así dar fin al misterio más insondable de la historia de la guerrilla en Argentina.
Pasó mucho tiempo, la topografía del lugar cambió y se contaba con muy pocos datos: alguna información recopilada en los archivos de Gendarmería por Gabriel Rot para su libro “Los orígenes perdidos de la guerrilla” y la descripción de Jouvet del lugar donde vio a Masetti por última vez.
Esa búsqueda aconteció a menos de 10 años que, en 1997, los restos de Ernesto Guevara fueran hallados por un equipo de antropólogos forenses en Bolivia.
Fue una misión casi imposible por la escasa información con que se contaba, por el tiempo transcurrido y por las características del territorio por donde se movió la guerrilla del EGP.
Hubo un segundo intento; el equipo fue el mismo; enrumbaron la búsqueda más arriba por el Río las Piedras, aunque los expertos solo contaban con más datos topográficos. Regresaron sin alcanzar el objetivo.
Se realizaron una tercera y cuarta expediciones en 2007 para encontrar los restos, o al menos algún indicio, de Masetti y Altamira, pero nada.
El antropólogo cubano Tamames Camargo realizó nuevas búsquedas en meses subsiguiente, ya no en el río, sino en cementerios de pueblos cercanos.
Creía que Gendarmería había encontrado los cuerpos en la década de 1960 y que, como en el caso de Hermes Peña, los había enterrado como NN en algún cementerio de la zona, pero tampoco encontró nada. Esos fueron los últimos intentos.
Queda la despedida que le hizo Rodolfo Walsh, su colega en la fundación de Prensa Latina: “Masetti no aparece nunca. Se ha disuelto en la selva, en la lluvia, en el tiempo. En algún lugar desconocido el cadáver del comandante Segundo empuña un fusil herrumbrado”.
