Por:Ricardo Robledo
Los resultados electorales del 31 de mayo son vergonzosos para Colombia. Obtiene la mayoría una persona favorable y útil para las élites fascistas internacionales y locales, que necesitan a un títere sin escrúpulos. Un tipo que inscribió su candidatura con tres millones de firmas falsas; que hoy se dice ateo y mañana, un ferviente creyente, para quien la culinaria tradicional es comida para presos, pero en campaña se filma comiendo en ventorrillos; que considera que este un país de cafres y los mismos cafres lo apoyan como su candidato. (Por demás, eso significa una persona rústica, falta de educación, agresiva o vulgar.)
Eligen a un desvergonzado, farsante, falsificador, estafador y chabacán, por lo que deben sentirse orgullosos. No podrían estar mejor representados. Ni asomo de un mínimo de intelectualidad. Muchos guiados por pastores tan falsos como su candidato y que estafan con la fe a sus feligreses. Así esperan que se gobierne al país.
Estos electores sufren el estigma y la vergüenza de ser ellos mismos. Ocurre como con los suicidas que Dante ubica en el segundo recinto del séptimo círculo del infierno, en donde sufren pena y dolor, pero del que eternamente no pueden escapar. Que sigan cavando cada vez más profundo, para ocultar su desvergüenza.
El pueblo colombiano debe darles un ejemplo de valentía, vigilancia y democracia en la segunda vuelta.
Junio 1° de 2026
