Ilka Oliva Corado*
Recuerdo patente un medio día que regresaba a la casa después del colegio cuando estaba estudiando la primaria, en el camino me agarré a trompadas con unos patojos y llegué a la casa toda despeltrada y con el ruedo del uniforme deshilado. Mi pobre madre a la que le resulté la hija indomable, me preguntó desahuciada: ¿y ahora con quién te peleaste? Con unos patojos del colegio que me dijeron hija de la gran puta, y yo no voy a permitir que nadie te insulte. Me agarró y me dijo: metéte en la cabeza que todas las mujeres somos putas y no es para nada un insulto. Desde ese día dejé de ver lo de puta como una ofensa. Seguir leyendo «Cuando las putas son las nuestras.»





Es lamentable saber que la comunidad afro descendiente en Estados Unidos suma un nuevo mártir. ¿Cuántos van desde los tiempos de la esclavitud en la era colonial y el posterior abolicionismo?
