Por: Cicerón Flórez Moya
Colombia padece de crisis recurrente. Es un estado de deterioro continuo. Son hechos negativos que se encadenan sin pausa y se alargan con acumulación de un peso capaz de precipitar un aplastamiento estrepitoso. Por eso no hay soluciones sostenibles a los muchos problemas que debilitan la existencia de los habitantes de la nación. Por eso no se supera la crónica pobreza ni se abre con suficiente amplitud el camino que lleve a la igualdad, por lo menos en cuanto a posibilidades y el reconocimiento de derechos fundamentales, como expresión de una democracia funcional.
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