Por. Henry Pacheco: La necropolítica, un concepto desarrollado por el filósofo Achille Mbembe, examina cómo el poder se ejerce a través del control de la vida y la muerte. No se trata solo de matar, sino de decidir, quién puede vivir y quién debe morir. El lenguaje desempeña un papel crucial en este proceso, ya que crea las justificaciones y los marcos morales que permiten a los estados (Israel, U.S,A y otros) o a otras entidades ejercer este poder letal.
La necropolítica: Control sobre la vida y la muerte
Mbembe argumenta que, en la modernidad, el poder soberano excede la biopolítica foucaultiana(Michel Foucault), centrada en la gestión estatal de la vida poblacional. La necropolítica, en cambio, se centra en la capacidad de los soberanos (estados, grupos paramilitares o señores de la guerra) para imponer la muerte. Esto se manifiesta en:
Zonas de muerte: Espacios como campos de concentración, campos de refugiados, guetos, o territorios ocupados donde las leyes normales no aplican y la vida de las personas es totalmente precaria.
Guerra como forma de gobierno: La guerra no es un evento excepcional, sino un medio para controlar poblaciones. El uso de la tecnología militar, como los drones, permite una muerte a distancia y sin rostro, deshumanizando aún más a la víctima.
El lenguaje como herramienta de la necropolítica
El lenguaje no es neutral; es una herramienta poderosa que moldea la percepción de la realidad. En el contexto de la necropolítica, el lenguaje se usa para:
Deshumanizar a las víctimas: Se usan términos como «plaga», «parásitos», «terroristas», «ilegales» o «daño colateral» para despojar a las personas de su humanidad. Esto hace que sea más fácil justificar la violencia contra ellas. Por ejemplo, al etiquetar a un grupo como «terrorista», se legitima su exterminio.
Justificar la violencia letal: El lenguaje eufemístico se emplea para ocultar la brutalidad de la muerte. Frases como «pacificación», «operación de limpieza», «liquidación» o «intervención humanitaria» se utilizan para disfrazar la violencia masiva como una acción necesaria o incluso benévola.
Crear un «enemigo interno»: El lenguaje necropolítico a menudo construye la figura del enemigo, ya sea un grupo étnico, una clase social o una ideología. Este enemigo es presentado como una amenaza existencial que debe ser eliminada para proteger al «nosotros».
Distribuir la responsabilidad: Al usar un lenguaje impersonal y burocrático, se difumina la responsabilidad de quién toma las decisiones de vida o muerte. Las órdenes de matar se transmiten a través de una cadena de mando, y el lenguaje burocrático (informes, protocolos, regulaciones) aleja a los individuos de la moralidad de sus acciones.
En síntesis, la necropolítica y el lenguaje están íntimamente ligados. El lenguaje de la muerte no solo describe, sino que habilita y legitima el poder de matar, creando un universo moral donde ciertos cuerpos son desechables y su eliminación se vuelve socialmente aceptable
Cómo el lenguaje militar convierte a los reclutas en asesinos en Estados Unidos Israel y la Unión Europea..
El lenguaje militar, junto con otras técnicas de entrenamiento, juega un papel crucial en la transformación psicológica de los reclutas, preparándolos para el combate. Este proceso, lejos de ser accidental, está diseñado para romper las barreras psicológicas que naturalmente impiden a los seres humanos matar a otros.
A continuación, se detalla cómo el lenguaje y otros elementos del entrenamiento militar contribuyen a este proceso de deshumanización:
1. Despersonalización y ruptura de la identidad civil:
Ruptura del «yo» civil: El entrenamiento militar tiene como objetivo «destrozar la mente civil» para inculcar una nueva «mente militar». Esto se logra a través de un riguroso proceso de adoctrinamiento físico y psicológico que incluye la pérdida de la individualidad, la imposición de uniformes, cortes de pelo estandarizados y la eliminación de cualquier trato informal como apodos o diminutivos.
Lenguaje de obediencia: Se prohíbe el uso de ciertas palabras y se establecen normas estrictas de cortesía y comunicación. Por ejemplo, los reclutas deben dirigirse a sus superiores con un lenguaje formal y respetuoso, sin interrumpir. Esto refuerza la jerarquía y la obediencia al mando, convirtiendo al soldado en una pieza reemplazable dentro de una estructura mayor.
2. Creación de una nueva identidad grupal y cohesión:
Lenguaje de grupo: Dentro del grupo de reclutas, se desarrolla un lenguaje especial o jerga que sirve para identificarse y crear un sentido de pertenencia. Esta variedad del lenguaje refleja las obsesiones del soldado, como el tiempo que queda para terminar el servicio militar o la rebeldía ante las obligaciones. Este «lenguaje de los soldados» fomenta la cohesión del grupo, que es esencial para el combate.
Moral y liderazgo: Los psicólogos militares trabajan para desarrollar habilidades de liderazgo en los comandantes que promuevan la cohesión y el apoyo emocional entre compañeros, reduciendo el impacto del estrés y fortaleciendo el sentido de propósito colectivo.
3. Deshumanización del enemigo:
Lenguaje eufemístico: Para evitar el juicio ético de ciertas acciones, se utiliza un lenguaje eufemístico. Por ejemplo, en lugar de referirse a una persona capturada como «prisionero», se usa la palabra «detenido». Acciones como matar o ejecutar pueden ser reemplazadas por términos como «neutralización de amenaza» o «poner fuera de combate». Este tipo de lenguaje oculta la naturaleza violenta de los actos y facilita la desconexión moral.
Animalización y mecanización del enemigo: El entrenamiento promueve la percepción del enemigo como un ser infrahumano, un animal o un objeto. Al ser percibido como un ser tosco, amoral o inerte, se vuelve más fácil justificar la violencia contra él, ya que se le considera incapaz de merecer compasión o estima. Este proceso de deshumanización es una estrategia operacional para facilitar el acto de matar.
4. Desconexión moral y redefinición de la violencia:
Justificación ética: La desvinculación moral permite a los soldados reinterpretar sus conductas. En lugar de enfocarse en la falta de ética de un acto, lo reinterpretan como un servicio a un propósito ético más elevado. Esto les permite evitar el conflicto psicológico y el sentimiento de culpa.
Auto-deshumanización: El proceso de deshumanización no solo se dirige al enemigo, sino que también afecta al propio soldado. Se les entrena para no sentir empatía ni compasión, ya que estas emociones se perciben como debilidad o cobardía. La auto-inmolación, los intentos de suicidio y la dificultad para reintegrarse a la sociedad civil son efectos documentados de este proceso.
En síntesis, el lenguaje militar, junto con las intensas técnicas de entrenamiento psicológico y físico, actúa como una herramienta fundamental para romper las barreras morales y emocionales de los reclutas. Este proceso transforma a los individuos en miembros de un colectivo, redefine la violencia como una necesidad ética y deshumaniza al enemigo, creando las condiciones psicológicas necesarias para que un ser humano común pueda cometer actos de violencia letal en el campo de batalla.
Seguir leyendo «Necropolítica y el lenguaje de la muerte, y Cómo el lenguaje militar convierte a los reclutas en asesinos.»




Los principales líderes en EE.UU. están muy preocupados por Crimea, pero esta preocupación es principalmente por el miedo de perder su control global, de acuerdo con un artículo reciente del pensador político y profesor del MIT Noam Chomsky.