Sergio Rodríguez Gelfenstein
Mientras el soldado Ryan preparaba con bombos y platillos su show en Normandía, en el frente oriental, con total discreción, el alto mando soviético comenzaba a preparar la operación que a la postre resultaría decisiva para el desenlace de la segunda guerra mundial.
El 22 de abril de 1944 se realizó en Moscú una reunión para organizar la campaña de verano-otoño. Aunque en las batallas de Stalingrado y el Arco de Kursk, llevadas a cabo el año anterior, el potencial bélico germano había sido duramente golpeado y su moral y espíritu de combate había caído abruptamente, aún conservaba un fuerte dispositivo que podía ser empleado para establecer una férrea defensa que impidiera su total expulsión del territorio soviético. El mando alemán quedó de alguna manera desarticulado y sin capacidad de respuesta a los movimientos estratégico-operativos que planteaba el Ejército Rojo.
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