Por: Cicerón Flórez Moya
Las luces, la música, los estrenos, el licor, los mensajes, los menús con todos los condimentos y los programas de entretenimiento y animación, no fueron suficientes para mitigar siquiera el colapso desolador de la pandemia del coronavirus. Ese efecto desgarrador, luctuoso y de otros estragos abrumadores fue señal persistente en diciembre, que es un mes festivo. Estuvieron dados todos los factores de perturbación. Era difícil poner alegría en medio de un oleaje de muerte, agonía y desesperación, además de la libertad perdida.
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