Por: Cicerón Flórez Moya
Con entusiasta reiteración muchos de los que han detentado el poder en Colombia pregonan como ejemplar la democracia asignada a la nación. La sobredimensionan para mostrarla como la de mayor fortaleza en América Latina. Es una marca sin fractura, de relevante integridad, dicen convencidos de esa hipérbole. Lo cual, según ellos, debe tomarse sin reservas y ser motivo de orgullo dada la identidad que proporciona ante la comunidad internacional y debe ser tomada en cuenta por todos los habitantes del país. Es una versión acuñada a pesar de las ostensibles carencias predominantes, para las cuales no se ofrecen políticas efectivas llamadas a reparar tanto deterioro social generalizado.
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