Por: Vladimir Castillo Soto
El mundo occidental nunca ha tenido el honor entre sus características más resaltantes. Por el contrario, en las confrontaciones intraeuropeas existen infinidad de casos en que han faltado a su palabra y a sus compromisos. Entre las “casas reales”, las traiciones y los “juegos sucios” han sido moneda corriente durante siglos. La codicia y la mezquindad son los principales motores, que le han impulsado en la explotación de los pueblos, tanto propios como ajenos.
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