Desdolarización: ¿El Fin del Dominio Americano?

Por. Henry Pacheco: El problema va más allá de la percepción. El alza en los intereses de los bonos significa que Estados Unidos está pagando más que nunca por su deuda. Con un déficit federal de 1,8 billones de dólares —el tercero más alto de la historia—, el margen de maniobra fiscal se estrecha. El gobierno no solo se endeuda más: se ahoga en sus propios intereses. los inversionistas corren en busca de refugio en medio del caos.

Rusia y China sonríen ambos países desde hace años trabajan por desdolarizar sus economías y construir un nuevo orden financiero.

Hoy ven como su estrategia cobra sentido, el dominio del dólar se erosiona y el mundo multipolar que soñaban empieza a tomar forma, las sanciones mal calculadas, los conflictos comerciales y una política exterior agresiva, han acelerado el declive.

Mientras en Wall Street crece el miedo, en Pequín y Moscú se afilan los planes para ocupar el espacio que Estados Unidos deja vacante. Los mercados emergentes tradicionalmente dependientes del dólar, comienzan a mirar hacia otras divisas, tales como, el yan y el rublo ganan protagonismo en acuerdos bilaterales, especialmente en sectores estratégicos, como la energía, la tecnología y la defensa.

China firma contratos millonarios en yuanes, Rusia cierra ventas de petróleo sin tocar un solo dólar. El golpe es profundo y directo al corazón del sistema financiero occidental.

Trump obsesionado con el aislacionismo y las guerras comerciales, ha roto alianzas clave y debilitado la confianza internacional en la estabilidad de Estados Unidos. La Reserva Federal intenta contener el impacto, pero el daño es estructural. cada discurso incendiario, cada mensaje de texto impredecible,  cada sanción impulsiva, añade un clavo más al ataúd del liderazgo financiero estadounidense, en las sombras los bancos centrales de Moscú y Pekín compran oro, diversifican reservas y tejen una red alternativa de pagos.

La hegemonía del dólar sostenida durante décadas por la fuerza militar y la diplomacia económica de Washington comienza a resquebrajarse, ya no se trata de una teoría, es una realidad, que avanza sin freno a corto plazo, el impacto ya es visible, caídas en los mercados bursátiles, aumento de la volatilidad en los bonos del tesoro y fuga de capitales desde economías aliadas, países que antes respaldaban ciegamente al dólar ahora diversifican sus reservas por miedo al colapso.

La palabra desdolarización ya no es tabú, es estrategia de supervivencia en el mediano plazo, el escenario es aún más brutal, si la desconfianza persiste y todo indica que lo hará, el dólar Perderá su estatus de moneda de reserva global, eso significa una catástrofe para la capacidad de Estados Unidos de financiar su deuda, Sin límites.  el privilegio exorbitante de imprimir dinero sin consecuencias podría llegar a su fin.

China está lista para llenar el vacío, su sistema financiero antes cerrado, se abre con precisión quirúrgica a inversiones extranjeras bajo sus Términos.

Rusia con una economía de guerra adaptada a las sanciones, ofrece energía y recursos a cambio de monedas que no sean el dólar y más países  se suman. Irán, Brasil, Sudáfrica. El mundo empieza a girar en otro eje.

 Trump no solo ha fracturado la política interna de su país, ha acelerado la caída del pilar que sostenía el dominio global de Estados Unidos. Su moneda, la caída del dólar ya no es una predicción, es un proceso en marcha y el reloj no se detiene.

Europa observa con inquietud, los aliados históricos de Washington, comienzan a cuestionar su dependencia del dólar y la viabilidad de seguir atados a una potencia, que se desmorona desde dentro.

Alemania y Francia exploran alternativas financieras que reduzcan su exposición al sistema estadounidense,. Bruselas entre el miedo y la necesidad evalúa una arquitectura económica más autónoma. América Latina por su parte siente el temblor con fuerza.  las economías más frágiles hiper-dependientes del dólar entran en pánico.

Devaluaciones, Inflación importada y fuga de capitales amenazan con desatar nuevas crisis, sin embargo algunos gobiernos ven en este colapso una oportunidad, acercarse a los bloques emergentes, negociar en yuanes o rublos, romper con décadas de sumisión monetaria.

La historia se acelera, lo que por años fue impensable un mundo sin el dólar en el trono, ahora se discuten despachos oficiales  en cumbres multilaterales y en foros financieros.

El cambio no será instantáneo, pero ya es irreversible, Trump no ha sido el arquitecto de un nuevo orden, ha sido el detonante del desmoronamiento del viejo, y mientras en Washington se busca culpables en Pekín y Moscú levantan copas.

El comercio global ya no gira exclusivamente en torno al dólar. Los grandes acuerdos internacionales comienzan a excluirlo deliberadamente plataformas alternativas al Swift como el sistema SIPS  de China y el SPFS de Rusia ganan terreno las transacciones en monedas locales.

Entre países del BRIC se multiplican lo que antes era una amenaza difusa, ahora se consolida como un sistema paralelo esta transición. El poder, el dólar, fue durante décadas, la espada y el escudo de la geopolítica estadounidense permitía sancionar condicionar premiar y castigar sin disparar una sola bala. Esa arma hoy pierde filo, el día en que una mayoría de países prefiera comerciar sin tocar un solo dólar, marcará un punto de no retorno y ese día ya está en el horizonte.

Trump no solo ha desafiado al establishment estadounidense, ha incendiado la estructura que sostenía el orden mundial. Su paso por la Casa Blanca dejó una estela de desconfianza, aislacionismo y caos. y el costo lo paga la divisa que alguna vez fue sinónimo de estabilidad, ahora con cada caída del dólar no solo tiembla Wall Street. Tiembla todo un siglo de supremacía,

El mundo no espera, se reorganiza y en este nuevo tablero.  Estados Unidos juega a la defensiva por primera vez en generaciones, el momento exige claridad y acción. Los líderes económicos del mundo occidental, enfrentan una encrucijada o adaptarse al nuevo equilibrio multipolar o aferrarse a una hegemonía que se desvanece ya no basta con imprimir dólares y esperar obediencia.

 El poder ahora se disputa en monedas, minerales, datos y rutas comerciales que ya no pasan solo por Washington, Estados Unidos debe decidir si reconstruye su credibilidad o se hunde en su propio mito.

La diplomacia económica debe reemplazar la amenaza, la cooperación debe sustituir al chantaje y sobre todo debe asumir que el dominio absoluto terminó, el dólar no volverá a ser lo que fue y cuanto antes lo acepten en la Casa Blanca en la Fed y en Wall Street, menos dolorosa será la transición, el resto del mundo ya se mueve.

China construye infraestructuras, compra activos estratégicos y crea alianzas  pese a sanciones y aislamiento resiste y reconfigura su influencia, el sur global escucha con atención y se alinea con quien ofrece respeto, no imposición el dólar cae, pero no por accidente cae, porque un imperio ignoró las señales del tiempo y en esa caída, el mundo encuentra nuevas rutas, nuevas voces y una nueva forma de repartir el poder.