Por: Ángel González
Estamos a las puertas de un orden unipolar controlado por una élite nazi o ante una oportunidad de construir nuevos equilibrios, pero el mundo de la ONU ya no es.
“Vivimos en un mundo en el que puedes hablar todo lo que quieras sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en un mundo, el mundo real, que se rige por la fortaleza, que se rige por la fuerza, que se rige por el poder”, dijo en una entrevista hecha poco después de la agresión militar contra Venezuela Stephen Miller asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca y uno de los hombres más influyentes en la política de Donald Trump, según analistas y la prensa estadounidense. Miller agregó en esa misma oportunidad que “estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”.
Análisis provenientes de distintas partes del mundo hablan de que Trump está derrumbando el orden internacional surgido del fin de la segunda guerra mundial y estamos ante el nacimiento de un nuevo orden. Pero no son solo analistas, Blackrock, el mayor gestor de activos financieros del mundo, publicó un informe la semana pasada en el que habla de “un escenario geopolítico fragmentado” y de un “tercer orden mundial” marcado por “la redefinición que hace Estados Unidos de sus relaciones económicas y estratégicas”.
Así mismo, el 16 de enero María Zajárova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, expresó la alerta que su país hace acerca de lo que está ocurriendo:
“Desafortunadamente, el mundo se encuentra en una situación en la que, bajo diversos pretextos y supuestamente en nombre de la creación de una nueva ética mediante el abandono de principios y normas obsoletos, ha comenzado a descender de forma gradual y luego rápida hacia el caos total, perdiendo la comprensión de lo que es bueno y lo que es malo”.
El mundo que ya no existe
¿Cuál es ese orden mundial surgido del fin de la segunda guerra mundial que hoy está muriendo? Se trata de uno regido por instituciones multilaterales articuladas en la Organización de las Naciones Unidas, creada en 1945 sobre principios como la soberanía estatal, la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza y la solución pacífica de controversias, todos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas.
Una revisión de las noticias del último año evidencia que Estados Unidos ha pasado por alto todos esos principios. Solo en 2025 bombardeó Irán, Yemen, Somalia, Siria y Nigeria. Y al amanecer de 2026 bombardeó Venezuela y secuestró a su presidente. También desplegó un descomunal contingente de guerra en el Mar Caribe y ha bombardeado tres docenas de botes y asesinado a más de un centenar de personas bajo la excusa incomprobable de que eran narcotraficantes. Nunca presentó una sola prueba. Ha amenazado con bombardear México, Colombia y sostiene la amenaza de apropiarse Groenlandia “por las buenas o por las malas”.
Además, estableció una política de chantaje internacional mediante aranceles a las importaciones desde casi todos los países del mundo.
Se supone que el Consejo de Seguridad de la ONU debe intervenir para regular los conflictos internacionales, mediar y evitar la guerra. Existen mecanismos para responder ante agresiones militares, que incluyen sanciones económicas y diplomáticas sobre el estado agresor y hasta acciones militares colectivas. Nada de eso ocurre, nadie considera eso posible en los casos en que Estados Unidos agrede a otra nación.
Trump afirmó la semana pasada en una entrevista con The NewYork Times, cuando le preguntaron si había algún límite a su poder en cuanto al mundo: “Sí, hay una cosa, mi propia moralidad, mi propia mente; es lo único que puede detenerme”. Luego agregó: “No necesito el derecho internacional”.
Además, justo después de la agresión a Venezuela, Estados Unidos anunció su retiro de 66 instancias multilaterales. El internacionalista y doctor en estudios políticos Sergio Rodríguez Gelfenstein señala en un artículo reciente que esto “apunta a que solo se mantendrá en aquellas donde puede imponer su criterio sin cortapisas, en especial el Consejo de Seguridad de la ONU, ente inoperante mientras exista el derecho a veto”.
En efecto, Estados Unidos, como miembro permanente del Consejo de Seguridad junto a China, Francia, Rusia y el Reino Unido, tiene el privilegio de vetar cualquier resolución sin ninguna argumentación. Es decir, si el consejo decidiera sancionarlo, simplemente veta la decisión y esta deja de existir.
Actores internacionales como Europa, e incluso China y Rusia, se limitaron a emitir comunicados destacando la importancia de cumplir las leyes internacionales. El secretario general Antonio Guterres, dijo que “la Carta (de las Naciones Unidas) consagra la prohibición de la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado” y agregó que lo ocurrido sienta “un peligroso precedente”. Pero más nada ocurrió.
El filósofo ruso Alexander Duguin escribió hace poco que “al observar lo que sucede en la política global, todos han comprendido finalmente que el derecho internacional ya no existe”. Precisa que ese sistema heredado del fin de la segunda guerra sencillamente ha muerto.
Incluso la revista Foreign Affairs, que puede ser el centro de discusión más importante sobre política internacional en Estados Unidos, ha dicho que el mundo asiste a “un colapso definitivo y sin precedentes en el orden jurídico internacional, a raíz de la intervención militar de EEUU en Venezuela el pasado 3 de enero”. Resaltan que a la administración actual de Washington no le interesa justificar sus movimientos con argumentos legales: “Este fenómeno, catalogado por analistas como ‘nihilismo político’, representa una amenaza directa para el orden internacional establecido tras 1945. Al prescindir de cualquier pretensión de legalidad, la administración Trump envía la señal de que Estados Unidos ya no se considera vinculado a normas o tratados globales”.
De ahí la inutilidad, comenta Gelfenstein, “de apelar al derecho internacional y la inoperancia de recurrir a la ONU y a su Consejo de Seguridad”.
“El futuro del mundo libre depende de que Estados Unidos pueda afirmarse y defender sus intereses sin disculparse”, remataba Stephen Miller en la entrevista citada más arriba. Y la impresión actual es que Trump intenta cumplir exactamente con esa premisa.
¿Qué podemos esperar?
«La dimensión de lo que está ocurriendo es tan grande que es muy difícil de ver”, contesta Rodríguez Gelfenstein cuando le preguntamos cómo se podría proyectar el nuevo orden que estaría naciendo a partir de ahora.
Señala, sin embargo, que aún cuando se compare con 1945, por ejemplo, esta vez es distinto porque, en aquella ocasión, aunque se lanzó la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki, Hitler nunca contó con armas nucleares. Hoy estamos hablando de una situación similar, pero Estados Unidos sí cuenta con armas nucleares y cuenta con muchas. “En aquel momento no parecía posible, la desaparición de la especie humana, ahora sí; de ese tamaño es el nivel del conflicto actual”, enfatiza.
Explica que lo que se está estableciendo es nuevamente un mundo unipolar, porque Estados Unidos está visto que puede hacer lo que quiera y no tiene ningún tipo de cortapisa. Estados Unidos, al igual que en el año 91, cuando desapareció la Unión Soviética, está tratando de conformar un mundo donde es el hegemón.
“Estados Unidos participó del asesinato de 30.000 niños en Gaza y no pasa nada; Estados Unidos invade y secuestra un país y no pasa nada; y todo eso ocurre porque, en el caso de Israel, tiene el aval de Estados Unidos, y en el caso de Estados Unidos, actúa porque no tiene quien le responda”, expone.
Advierte que el peligro de todo esto es que «ya ni siquiera se trata de un gobierno de derecha, ni neoconservador, ni reaccionario, lo que hay en Estados Unidos hoy es un gobierno nazi».
Explica que en el libro Mi lucha, de Adolfo Hitler, se encuentran las características que definen la ideología nazi: supremacismo, racismo, expansionismo, destrucción del Estado de derecho y de la democracia liberal, violencia, corrupción, represión y persecución de las minorías. “Todas ellas están presentes en el actual gobierno de Estados Unidos”, asegura.
Entonces, tenemos un mundo en que, en particular las grandes potencias, se observa que se expande el nazifascismo por el planeta, pero no se hace nada.
Sin embargo, existe una alternativa. Rodríguez Gelfenstein explica que el escenario actual plantea la posibilidad de que se avance hacia un sistema que llama de “balanza de poder”. Es decir, un sistema de equilibrios. Porque Estados Unidos está constatando que no puede destruir a China ni a Rusia; por su parte, Rusia no quiere destruir a China y también se da cuenta de que no puede destruir a Estados Unidos. Y lo mismo pasa con China con respecto a los otros.
Entonces, esa constatación haría que estos grandes “actores nacionales esenciales” comprendan que no pueden dejar que alguno de ellos caiga o que uno solo se eleve por encima de los otros. Y si eso ocurre, se tienen que poner de acuerdo para restablecer el equilibrio.
Gelfenstein advierte que estamos en el umbral de que se produzca una explosión mucho mayor que la que significó el secuestro del presidente Maduro. Y esa explosión va a ocurrir en caso que Estados Unidos finalmente ocupe Groenlandia. Considera que todo se aceleraría.
“Si Estados Unidos ocupa Groenlandia, entonces las reglas de juego trazadas al finalizar la segunda guerra mundial quedan definitivamente destruidas. ¿Por qué? Porque Venezuela es un actor marginal del sistema internacional, pero Europa no. Europa era y está dejando de ser aceleradamente, y creo que esto va a hacer que termine de dejar de ser, un actor internacional relevante”, expuso.
Haciendo un ejercicio de prospectiva geopolítica, afirma que “a lo mejor dentro de una semana Europa y Venezuela están en la misma trinchera”. Esto es, “igualmente agredidos, igualmente invadidos, incursionados por Estados Unidos”. Ocurriría algo impensado hace solamente un mes, que Europa y Venezuela estén en una situación donde puedan ser aliados. “Ese es el ritmo que tienen las relaciones internacionales ahora”, dice.
El domingo 11 de enero, en un solo día Estados Unidos amenazó a Groenlandia, por tanto a Europa, a Cuba, a México y a Irán. Además, amenazó a Canadá con que lo iba a incorporar a Estados Unidos. Los nazis, explica Gelfenstein, no tienen que ver con amigos ni enemigos, todos son enemigos y seres inferiores. Pero, dice, el mundo no puede vivir eternamente bajo amenaza, por lo que se abre una posibilidad real de que potencias como China, Rusia, junto a actores más pequeños pero importantes como India, Turquía y otros, tomen una decisión de edificar un mundo paralelo a ese mundo unipolar de Donald Trump.
“Tal cual como Churchill, Stalin y Roosevelt decidieron cómo iba a ser el mundo después de derrotar a Hitler”, dice Gelfenstein. Pero parece que estas potencias emergentes todavía insisten en reivindicar el derecho internacional, en cuidar que no se rompa la ONU. Actúan como con miedo de romper algo que realmente no existe./UN
