Por: Luis Colato
La mayoría acepto y naturalizó ese estilo particular de Trump, irreverente, inconsciente, arrogante, mitómano, fantasioso, manipulador, cleptócrata, misógino, aporofóbico, xenófobo y vulgar, que en nada se diferenció al de sus cipayos bananeros del sur, con el que instrumentaliza al estado que preside para enriquecerse y a su entorno, y que nos ha puesto a todos en el filo de la navaja.
Desde que Trump accedió al poder hace un año, de acuerdo a la reserva federal, duplicó su riqueza, al igual que la de su entorno en general, manipulando a los mercados.
Esto es algo que cualquiera puede corroborar.
Pero, además, en el mismo período, un fenómeno que antes se encubrió meticulosamente por las diferentes administraciones que le antecedieron, desde los días de Nixon, el empobrecimiento del pueblo estadounidense, se agudizo en extremo, con una clase media contrayéndose vertiginosamente, y, con la clase laboral deprimiéndose en un nivel solo comparable al de los años 70´s[RF/USDT].
Esto por supuesto tiene que ver con la propia aplicación de las recetas neoliberales que hasta hace poco se aplicaron a rajatabla solo dentro del laboratorio latinoamericano, y que ahora y sin adecuación, lo hace la administración Trump a su propio país, con los mismos efectos, y también replicando la misma retórica de negación que sus lacayos latinoamericanos hacen.
Así, en su discurso grandilocuente a la nación pasa por alto como el desmontaje de la burocracia efectiva estadounidense, con el despido el pasado otoño de 270,000 funcionarios de la administración, ha incapacitado sendos sectores de su propia gestión, que también entregó sin licitación y a dedo a sus cercanos privados, como se hace en LATAM, quienes son los únicos beneficiados del estilo que adelanta la gestión Trump, y con el propósito de incapacitar al estado para transferir a los privados su gestión, lo que salta a la vista.
Solo baste recordar como la administración de la RF se negó apenas dos semanas antes de la agresión injustificada contra Irán, a manipular las cifras del mercado, con lo que Trump esperaba enmascarar su fracaso doméstico financiero, lo que la derrota ante el país persa hace cada vez más patente y difícil de manejar mediáticamente.
Y, sin embargo, con todo lo repudiable que resulte ser la persona particular de Donald Trump, que no es el hombre del pueblo que vende en su retórica, porque jamás tuvo que medir la dura realidad que supone el andar sin la ventaja de sus privilegios – ¿te parece reconocer eso acá? -, el hecho incontestable es que Donald Trump no es más que otra opción del mismo pastel, la democracia estadounidense, donde todas las opciones son lo mismo, diferenciándose solo por los matices con los que se venden.
Porque, demócratas y republicanos son en realidad lo mismo, y representan los mismos intereses, tan simple como eso.
El mal estadounidense es el ideario estadounidense, que es imperialista.
Y eso no se resolverá con un tipo diferente a cargo de la sala oval./pueblocombatiente.wordpress.com/
