A 65 años de una declaración necesaria

Por: MSc. Leidys Domínguez Camejo

El 5 de enero de 1959 entró en funciones el Gobierno Provisional Revolucionario en Cuba. Esta acción, junto a la huelga general del pueblo y el avance del Ejército Rebelde, posibilitó que por primera vez el poder político estuviera en manos del pueblo. Pero en esta fase del proceso histórico, era necesario realizar transformaciones en un país cuya estructura económica, social y política estaba en crisis y la propiedad la poseía la oligarquía cubana y las empresas norteamericanas. La confrontación con las fuerzas del capital y la radicalización de la Revolución, son pautas claves que permiten comprender las dinámicas de la época.

Inmediatamente y apostando por el reforzamiento de la tendencia moderada, Estados Unidos (EEUU) reconoció al recién constituido gobierno. Sin embargo, junto a la oligarquía cubana no simpatizó con las primeras medidas tomadas por la Revolución, a pesar de no alterar las relaciones de propiedad y la distribución de la riqueza en su esencia. La Ley de Reforma Agraria, promulgada el 17 de mayo de 1959, sí implicó un profundo cambio estructural  de la propiedad de la tierra y provocó el aumento de la agresividad de las dos fuerzas enemigas a la Revolución.

Washington perdió toda esperanza de manipular el proceso cubano desde el gobierno, debido al fortalecimiento de la tendencia revolucionaria. Hacia finales de 1959, la fila de los opositores se tornó más nutrida y heterogénea. Cuando en marzo de 1960 el presidente Eisenhower ordenó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) adiestrar estos grupos para acciones armadas, ya muchos estaban en contacto.

Cuba restableció las relaciones diplomáticas con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Ante estas decisiones, EEUU tomó medidas económicas y como respuesta el gobierno cubano entre los meses de junio y octubre de 1960 nacionalizó todas las propiedades norteamericanas y de la oligarquía cubana. El poder político y económico se integró en manos del pueblo. Asimismo, formó las Milicias Nacionales Revolucionarias como parte de una estrategia defensiva que contempló también la adquisición de armamento.

Washington rompió relaciones diplomáticas con Cuba en enero de 1961, alegando que era una respuesta a medidas hostiles de la isla cuando en realidad el gobierno de Eisenhower, desde mucho tiempo antes lo buscaba. Intentó aislar al país del sistema interamericano a través de la Organización de Estados Americanos (OEA). Finalmente, se decidió por las armas y los opositores cubanos eran actores claves en esa estrategia. Las circunstancias permiten comprender por qué el pueblo, bajo la conducción de Fidel Castro, identificó la defensa de la patria con la de la Revolución.

La actividad de las organizaciones contrarrevolucionarias en Cuba tendió a reproducir las prácticas de la lucha contra Batista. Una de ellas fue el alzamiento en áreas rurales como el Escambray. No obstante, en marzo de 1961 ese foco quedó prácticamente extinguido  y la mayor parte del armamento que Estados Unidos le suministró se halló en manos revolucionarias. Por otra parte, el gobierno cubano mantuvo sus procesos sociales y comenzó a recibir material de guerra de los países socialistas. Dicho armamento resultó decisivo cuando el gobierno norteamericano apostó por lanzar sobre la isla un contingente expedicionario para cuya formación y adiestramiento comenzó a concentrar exiliados cubanos en Guatemala desde mediados de 1960. Ese proyecto, iniciado por la administración de Eisenhower, fue ejecutado por su sucesor, John F. Kennedy.

Las acciones comenzaron con el bombardeo de los principales aeropuertos militares de Cuba. Atacaron simultáneamente el área de Ciudad Libertad, donde se encontraba la Escuela de Artillería y las pistas de aviación. También la base aérea de San Antonio de los Baños y la de Santiago de Cuba. Aquella misma noche fueron veladas, en la Universidad de La Habana, las víctimas de los ataques aéreos. Fidel Castro estuvo toda la noche allí y al día siguiente, el domingo 16 de abril, acompañó al cortejo fúnebre hasta el cementerio de Colón. Sobre una rastra se improvisó, en 23 y 12, una tribuna  desde la cual el Comandante en Jefe pronunció el carácter socialista de la Revolución Cubana ante la presencia de miembros del Ejército Rebelde y de las Milicias Nacionales Revolucionarias.

En su discurso, con voz indignada y decidida, recordó que era la segunda vez que se reunieron en el lugar porque la primera fue después de la explosión del buque La Coubre el 4 de abril de 1960. El líder denunció que no era el único sabotaje porque el país venía sufriendo agresiones sistemáticas impulsadas por Estados Unidos. Alertó que ninguno de aquellos hechos tuvo el carácter de un ataque militar como lo fue el realizado a los aeropuertos militares.

Otro elemento de denuncia fue la manipulación mediática orquestada por el gobierno norteamericano para presentarlo como una deserción de unos pilotos de la fuerza aérea cubana donde antes de desertar bombardearon tres puntos del país. Como parte de la farsa, destacó que días antes el embajador de Estados Unidos en la Organización de Naciones Unidas (ONU) reiteró una declaración del presidente Kennedy de que no habría intervención de las Fuerzas Armadas de EEUU en Cuba. El Comandante en Jefe cierra con una idea fundamental para el momento y nuestra historia:lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que hayamos hecho una Revolución socialista en  sus propias narices”.[1]

¿Por qué se escogió esa ocasión? La mayor parte del programa del Moncada se había cumplido y la Revolución en ese proceso dinamitó las bases del capitalismo dependiente establecido antes de 1959. A la vez, los cubanos conocieron lo que es el imperialismo norteamericano mediante su hostigamiento criminal y se esperaba una intervención de tropas contrarrevolucionarias. Quienes marchaban al combate lo harían en defensa de la patria, la Revolución y el socialismo.

Al día siguiente del discurso, se inició el desembarco en Playa Girón. La pequeña aviación revolucionaria, junto a las fuerzas del Ejército Rebelde y las milicias, lograron vencer al enemigo en apenas 72 horas y con un alto costo en vidas. Al borde de la derrota, los invasores reclamaron el apoyo de las fuerzas navales norteamericanas, aunque ello no fue autorizado por el presidente Kennedy porque develaría la intervención armada de EEUU. De esta manera, quedó eliminada toda oposición en la isla y se fortaleció la Revolución.

La declaración sigue vigente hoy mediante el mantenimiento de la construcción de la sociedad socialista en Cuba. En tanto, la lucha por su soberanía, independencia y determinación de futuro se sostiene ante el mismo imperio norteamericano que ha convertido su política agresiva en genocida y nos amenaza con una nueva intervención. Esa es la causa por la cual el pueblo sigue sustentando el pensamiento del Lugarteniente del Ejército Libertador, Antonio Maceo: “Quien intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”.

[1]“Proclama Fidel elcarácter socialista de la Revolución cubana.Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, en lashonrasfúnebres de lasvíctimas del bombardeo a distintos puntos de la república, efectuadoen 23 y 12, frente al cementerio de Colón, el día 16 de abril de 1961”, en Granma, https://www.granma.cu/cuba/2019-04-16/proclama-fidel-el-caracter-socialista-de-la-revolucion-cubana-16-04-2019-10-04-31, descargado el 7 de abril del 2026./cubadebate

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