Venezuela. La jaula del euro y la fuga del dólar: el callejón sin salida de Occidente

Por: Geraldina Colotti

El año 2026 se está perfilando como la línea divisoria definitiva entre un Occidente atrincherado en sus dogmas y un Sur Global en busca de nuevos rumbos. En Italia, los datos oficiales de Eurostat acaban de certificar lo que las clases populares ya sienten en su propia piel: el fracaso de una política económica que ha canjeado la salud y las pensiones por la fidelidad a los dictados de Bruselas y a los planes de rearme de la OTAN.

El gobierno de Giorgia Meloni, a pesar de la retórica “nacionalista”, se ha plegado a las reglas del nuevo Pacto de Stabilidad con un fervor que definiríamos como «montiano». Para el público latinoamericano, la referencia a Mario Monti evoca la figura del «técnico» neoliberal que actúa como un síndico de quiebras por cuenta de los grandes bancos. El Pacto de Estabilidad es, a todos los efectos, el rostro europeo de las recetas del Fondo Monetario Internacional: una obligación de equilibrio presupuestario que actúa como una camisa de fuerza, impidiendo que los Estados inviertan en el bienestar de sus ciudadanos.

Giancarlo Giorgetti, el Ministro de Economía italiano que hoy aparece aislado y quejumbroso ante los datos negativos del déficit (3,1%) y de la deuda (137,1%), representa perfectamente esta contradicción. Por un lado acepta las reglas del juego impuestas por el eje franco-alemán y los centros financieros; por el otro, intenta descargar la responsabilidad sobre las «circunstancias excepcionales» y la mala suerte. Pero la realidad es política: Italia ha recortado 12 mil millones de euros al año en gasto social y ha prometido elevar el gasto militar al 5% del PIB para 2035 para complacer a Donald Trump. Es una «austeridad de guerra» que empuja al país hacia una recesión inevitable, justo cuando los efectos del PNRR están por agotarse.

En este escenario de «enfermedad del mercado», donde las finanzas especulativas dominan la política, Venezuela asume un papel de observatorio privilegiado y laboratorio de resistencia. La nación bolivariana, bajo ataque a través del secuestro de sus bienes en el extranjero, de un bloqueo económico brutal y ahora también del secuestro de su presidente Maduro y de la «primera combatiente» Cilia Flores, intenta trazar un modelo original de desarrollo. Como sugieren economistas como Reinaldo Tamaris, el desafío de Caracas es doble: romper con la vieja herencia del rentismo extractivista y, simultáneamente, sobrevivir a la guerra material y cognitiva desatada por Washington para borrar de una vez por todas este «laboratorio».

La resistencia de Venezuela en la defensa de su soberanía energética y en la búsqueda continua de un respaldo en los BRICS (de forma silenciosa, como decía José Martí) indica un paso estrecho pero vital para encontrar una salida a la jaula del dólar. La desdolarización no es solo una elección monetaria, es un acto de descolonización. Mientras Europa se encadena a un Pacto de Estabilidad suicida, se hace evidente la necesidad de construir alianzas estratégicas que miren hacia Eurasia y al multipolarismo, intentando sustraer el petróleo y los recursos primarios al control de los circuitos bancarios dominados por Estados Unidos.

Venezuela, con sus extraordinarios recursos estratégicos, era y es un bocado demasiado apetecible para el imperialismo estadounidense, portador de un modelo capitalista en crisis estructural que solo puede sobrevivir mediante la agresión y la apropiación indebida de esos recursos. Por ello, con el secuestro de Maduro y Flores, se intenta imponer al proceso bolivariano el mismo esquema que hoy vive Italia: un gobierno que se muerde la cola, recortando servicios para pagar una deuda inextinguible en una moneda que no controla.

Es el mismo destino que el imperialismo quisiera extender nuevamente en América Latina, como demuestra el experimento de carnicería social en curso en Argentina. La lección de este 2026 es clara: la «disciplina fiscal» de Bruselas y el «chantaje del dólar» de Washington son dos caras de la misma moneda. La salvación de los pueblos requiere el coraje de romper estos canales artificiales y estar, sin ambigüedades, al lado de quienes construyen un mundo donde la vida humana valga más que el equilibrio presupuestario.

Ciertamente, el camino es cuesta arriba y, por ello, es fundamental que el grupo dirigente de aquellos países que tienen una noción clara del conflicto —como Cuba y ahora más que nunca Venezuela— mantenga el control político. Respecto al retorno de Venezuela al FMI, el secretario general del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello Rondón, recordó que el organismo le adeuda al país 5 mil millones de dólares y la única manera de recuperar ese dinero es que Venezuela forme parte de dicha organización financiera.

Cabello señaló que, tras el anuncio de este reinicio de relaciones, algunos compañeros revolucionarios se sienten ofendidos porque solo quieren ver lo negativo. En ese sentido, insistió en que si alguien tiene una mejor idea para que le devuelvan al Pueblo de Venezuela ese dinero, que la plantee. Afirmó que criticar «desde el estómago» es fácil, pero que no se está hablando de endeudamiento ni de «paquetazos», sino de recuperar fondos que pertenecen a los venezolanos para utilizarlos en servicios públicos, sistema eléctrico, hospitales y salarios. Según Cabello, la presidenta encargada Delcy Rodríguez ya ha definido este destino para los fondos recuperados.

De una opinión muy distinta es Mario Silva, histórico conductor del programa La Hojilla, ahora transmitido en la red. Para el diputado, tras el secuestro de Maduro y Flores, la CIA estaría asumiendo silenciosamente el control del país, interfiriendo en los nombramientos de los cinco poderes de la república para apropiarse de la soberanía bolivariana. ¿La alternativa? Resistir, dice Silva, como lo están haciendo los iraníes, demostrando que el imperialismo estadounidense no es invencible y que no le sería fácil invadir Venezuela porque, advierte: «Somos una revolución pacífica, pero no desarmada»./Resumen Latinoamericano

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