SIGUIENDO EL LIBRETO

Por: Antonio Gracía

¿Qué quieres ser cuando grande?, le preguntan a los niños sus familiares. La respuesta común es conocida: “quiero ser como mi papá”.

Respuesta que previamente, en sus días de recreación, ya han dado, al jugar a ser y hacer como el papá o la mamá: jugar a conductor de carro, a mecánico, a oficinista, educador/a, en fin, a aquello que es el trabajo de sus progenitores.

Al nuevo presidente del país no hay que preguntarle qué quiere ser cuando grande, pues su respuesta ya la ha brindado, en casi todas las medidas promulgadas en las primeras semanas, de lo que será esta pesada carga para el país: el quiere ser, o al menos parecerse, a Trump.

“Se acabaron los privilegios y la vagabundería en las cárceles”. No más tomar posesión de sus funciones como presidente del país, ordenó el traslado “inmediato” a cárceles de alta seguridad de los jefes de las bandas armadas y pare de contar, y hasta cárcel en una embarcación en el mar, es su último deseo, así en el momento no haya naves para tal fin. Lo importante es el show que produzca temor; como diría acto seguido: para que “sientan” de verdad “el peso de la ley”.

Muy a lo que los gringos hacen con cárceles clandestinas por el mundo para sus llamados «combatientes ilegales». ¿Acaso hay algún combatiente legal?, figura que no existe ni para un peleador callejero. Es simplemente una argucia para negar el derecho, por eso sigue existiendo «Guantánamo como cárcel», ‘sin dios ni ley’.

También siguiendo los pasos de su mentor, cerró el camino de la negociación, como vía factible para lograr acuerdos de convivencia nacional, no queda sino el camino de la guerra, abierta e intensa. Algo intentado por Trump en todas partes, pero en todas ellas también abriendo puertas a la diplomacia, debajo de la mesa, para la negociación de acuerdos o para la confusión.

En el caso colombiano tenemos, entonces, alguien más esquemático y militarista que el mismísimo Trump.

Los extranjeros ilegales, y quienes delincan, deben ser expulsados del país. La orden recuerda lo impuesto por Trump en Estados Unidos, violando todo tipo de derecho y ley preexistente, todo ello para cumplirle a un sector de sus votantes nacidos en aquel país, sin valorar los efectos que causa el racismo y la xenofobia. No importa asesinar “a unos cuantos”.

En el caso colombiano, se trata de decenas de miles de personas provenientes de Venezuela, que buscan aliviar sus vidas, la mayoría enrolados en cualquier actividad laboral, y cuando no hay opción, dedicados al rebusque callejero.

Ahora, ni más faltaba, continúa en campaña con sus camisas membreteadas y sus gorras de show, como si en un territorio de tragedia lleno de escombros, ruinas, dolor y sangre diera para vestir de blanco resplandeciente, como si saliera de un enjuague, ofreciendo casas a título personal, como si no se tratara del erario público o de la solidaridad que no tiene rostro.

Mucho podría decirse, así estemos en los primeros días de gobierno, pero se parece mucho a Trump, aunque el gringo camina despelucado, el otro anda bien peinado y afeitado como si estuviera rodando un reality, así el libreto -de cada escena- lo siga leyendo de un papelito.

ADENDA 1: Extrema coherencia, dijo «El Tigre» en campaña. Dicho y hecho, del ateísmo de hace cuatro o cinco años pasó a poner, rodilla en tierra, a su gabinete para rezar. Colocó al país a discutir y elucubrar, sobre la sede alterna de la Presidencia y dejar como museo el Palacio de Nariño y en menos de un mes ya está de regreso a él por ser más práctico para funcionar. Menos mal que es con sus gustos. Y con los planes de país ¿cómo será la coherencia?

ADENDA 2: Ah… ¿Y qué pasará con la réplica de la Casa Blanca que se estaba construyendo en Barranquilla? Para ser coherente, muy seguramente pasará a ser un museo. Así sus electores quedarán contentos por la extrema coherencia.

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