La insurgencia cotra el algoritmo

El infierno ya no es un lugar de fuego y azufre; es un abismo de luz azul parpadeante, un pozo de conectividad infinita donde el alma se ahoga en un mar de datos.

En la imagen, los cuerpos desnudos y desesperados en el abismo llevan sobre sus cabezas el yugo perfecto, un halo de Wi-Fi.

Están conectados, pero están hundidos.

Esta es la gran mentira de nuestros tiempos, nos vendieron la hiperconexión como la cúspide del progreso humano, pero nos entregaron una jaula de cristal líquido.

El Wi-Fi se ha convertido en la nueva correa de esclavitud.

Ya no necesitan cadenas físicas para mantenernos cautivos; basta con un feed infinito, una notificación de dopamina o el miedo a quedar fuera (FOMO).

Las masas en el agua representan al individuo moderno.

Estamos ahogados en la sobreinformación, en la ansiedad de la comparación, en la tiranía de la productividad y el postureo.

Alzamos la mano, no para pedir auxilio a un dios, sino para buscar mejor cobertura, para no perder la señal.

La señal es nuestro opio, el anestésico que nos impide ver que estamos en el fondo del pozo.

La desnudez de las figuras es la pérdida total de la intimidad, pero también la desnudez de nuestra verdadera vulnerabilidad frente a las grandes tecnológicas.

Arriba, el hombre encapuchado, el «sabio» o el «creador», observa con la cabeza baja.

Podría representar a los dueños de las plataformas, a los gurús tecnológicos o, simplemente, al individuo que cree tener el control. Su posición es ilusoria.

Está igual de atrapado por el ecosistema, pero su alienación se disfraza de poder o de soledad. Desde su pedestal no salva a nadie; solo vigila su propio aislamiento. Es el panóptico digital, todos nos miramos, pero nadie se toca.

Frente a esta realidad, la rebeldía radical no consiste en crear una nueva red social más «libre» (eso es solo cambiar de barco en el mismo naufragio). La verdadera insurgencia hoy es el sabotaje de la atención.

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La desconexión como acto político.

Si el sistema se alimenta de nuestros datos y nuestra atención, el acto más subversivo que existe es negárselos. Apagar el router, mirar a los ojos, tocar la tierra. El silencio digital es la nueva protesta.

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Romper el halo de silicio.
Debemos arrancarnos el Wi-Fi de la frente. Entender que no somos nodos, somos carne, hueso, tiempo y memoria. La identidad no es un perfil, es una experiencia vivida en el mundo físico.

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Crear comunidad real, no audiencias.
Los cuerpos en el agua están juntos, pero se ahogan por separado. La insurgencia pasa por construir tejido social fuera de las pantallas. Pasa por el apoyo mutuo, por el cuidado del otro sin la mediación de un like.

Esta imagen nos muestra el infierno del presente.

La única salida del lago no es hacia arriba (hacia la roca del aislamiento), sino hacia los lados, tomarnos de las manos, apagar los dispositivos y recordar cómo se siente el aire sin ondas electromagnéticas.

La revolución será analógica o no será.

Libertad para Cilia Flores y Nicolás Maduro.

▄︻デKonuko═━一
Colectivo Resistencia yRebelión.
Frente Nacional de Colectivos Revolucionarios Sergio Rodríguez

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